Ha atrapado nubes en cajas de cristal, hecho caminar a la gente debajo del agua y colocado escaleras que no van a ninguna parte. Maestro del trampantojo y la ilusión, Leandro Erlich siempre ha recurrido a los pequeños detalles cotidianos para llamar la atención del espectador sobre determinadas percepciones que creíamos inmutables. Pero no lo son, como nos descubre su nueva retrospectiva en el Gran Palais de París.
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