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Una visión global e integradora del Greco

Las salas del Grand Palais de París acogen desde hoy y hasta el 10 de febrero una muestra en torno a Domenikos Theotokopoulos con cerca de 70 pinturas del maestro. Entre ellas, destaca la ‘Adoración de los pastores’ de la Colección Fundación Botín y la feliz reunión de cuatro versiones sobre la ‘Expulsión de los mercaderes».


Después de la magnífica muestra sobre Velázquez celebrada en 2015, el Grand Palais ofrece a parisinos y forasteros una antológica sobre otra de esas figuras extraordinarias de la pintura española: El Greco.

Bien es verdad que Domenikos Theotokopoulos no nació en España, ni tampoco se formó en nuestro país. Alguien podría incluso afirmar que, como vino en su periodo de madurez personal y artístico, no podemos considerarlo un artista español. Sin embargo, no se puede entender gran parte de su pintura, sus diseños arquitectónicos o sus pequeñas esculturas sin la ciudad de Toledo. Esta ciudad formó definitivamente al autor cretense y, de alguna manera, él fue el mejor intérprete de esta, pues supo captar la esencia de la vieja ciudad castellana, sede primada de la Iglesia española.

La exposición está comisariada por Guillaume Kientz, antiguo conservador de pintura española del Louvre al que debemos esta y la anterior gran exposición sobre Velázquez. Ha planteado un recorrido ciertamente transversal sobre el maestro. Por un lado, ofrece un paseo cronológico; y, por el otro, jalona la muestra con episodios o aspectos concretos del cretense.

Así, junto con el estudio sobre el devenir de su trayectoria artística –desde sus iniciales iconos italobizantinos o sus miniaturas italianas como el Tríptico de Módena, hasta sus más abstractas composiciones contrarreformistas toledanas–, podemos contemplar salas donde los organizadores plantean otros aspectos como la repetición de un tema a lo largo de los años, los retratos o los dibujos.

En ese sentido, se agradece especialmente que no sea un desarrollo monótono, pues está pensado para que la exposición crezca en nuestra imaginación, como si estuviéramos integrando un puzzle que al final del recorrido se puede reconstruir mentalmente para obtener una visión global e integradora de Domenikos Theotokopoulos, otro uomo universale del Renacimiento.

Un total de 76 obras componen la muestra, 71 de ellas del Greco. De los grandes lienzos de altar solo se exhibe la Asunción de la Virgen del Art Institute de Chicago (en la entrada de la sala cuatro). Permanece escoltado, en la sala anterior, por dos de las sorpresas de la exposición: la Adoración de los pastores de la Colección Fundación Botín y la Adoración del Nombre de Jesús –o Sueño de Felipe II– del Monasterio del Escorial.

Destaca, asimismo, la abundancia de miniaturas y de pinturas de pequeño formato, tanto de su etapa griega como la italiana. En ellas se funden ingredientes procedentes del arte bizantino con la pintura veneciana y manierista contemporánea.

Dos de las sorpresas de la exposición son la Adoración de los pastores de la Colección Fundación Botín y la Adoración del Nombre de Jesús –o Sueño de Felipe II– del Monasterio del Escorial.

Por último, no quisiéramos cerrar esta breve crónica sin mencionar la exquisitez que supone para el espectador tener juntas, por vez primera, cuatro de las mejores versiones de la Expulsión de los mercaderes, tema que El Greco trató en varias ocasiones.

En la misma sala, y durante unos meses, pueden contemplarse frente a frente sendas composiciones procedentes de Washington, Minneapolis y Londres. junto a la de la Real Parroquia de San Ginés de Madrid. Todas ellas se encuentran casi al final del recorrido y sirven de digno colofón para esta notable exposición, que podrá visitarse hasta febrero. José María Quesada

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