Lalique, un visionario de la belleza, en la Fundación Barrié
Hace 80 años fallecía René Lalique (Ay, departamento del Marne, 1860 – París, 1945), diseñador de vidrio y joyas y creador de un universo que sigue fascinando en nuestros días por su poderoso legado, que ha impregnado a diseñadores contemporáneos. Ahora la Fundación Barrié acoge en su sede de A Coruña, desde mañana y hasta el 12 de julio, Lalique, la belleza en el art nouveau y el art déco, la mayor exposición organizada hasta la fecha en España sobre su obra. Lalique redefinió en una larga vida de más de seis décadas la relación entre arte, diseño e industria y marcó un antes y después en la historia del diseño europeo del cambio de siglo.
Comisariada por Véronique Brumm, directora del Museo Lalique, la muestra reúne importantes obras procedentes del propio Museo Lalique (Wingen- sur-Moder, Francia), del Museu Calouste Gulbenkian (Lisboa) y de colecciones privadas. La exposición presenta cerca de 300 piezas, principalmente joyas y obras en vidrio, junto con dibujos y otros objetos como espejos o textiles.
Con esta exposición, la Fundación Barrié da continuidad a su apuesta por abordar el diseño desde distintos ámbitos de la creación artística, en la misma línea que sus anteriores exposiciones monográficas dedicadas a Verner Panton, Mies van der Rohe o Fernando y Humberto Campana, así como a muestras colectivas centradas en el diseño escandinavo, el diseño holandés y, más recientemente, en el diseño textil o la historia del calzado.
René Jules Lalique comenzó muy pronto su aprendizaje con el joyero parisino Louis Aucoq y más tarde se fue a Londres a proseguir su formación, con especial atención en el dibujo. Volvió a París y siguió colaborando con Aucoq, Cartier y Boucheron. Y unos años más tarde trabajó para François Coty, diseñando frascos de perfume de vidrio y otros objetos en serie. Y no contento con el diseño puso en marcha su fábrica de Wingen-sur-Moder para producir grandes cantidades de vidrio y conseguir algunos efectos del sello Lalique, que tanto reconocimiento le dieron, su satinado o el vidrio opalescente.
Muchas de sus piezas están presentes, además de en su propio museo o en la Gulbenkian de Lisboa, en otros tan prestigiosos como el Rijksmuseum de Ámterdam y el Victoria y Albert Museum de Londres.
La exposición Lalique, la belleza en el art nouveau y el art déco explora el talento polifacético de René Lalique a través de un recorrido por la fabulosa trayectoria del artista, especialmente su faceta de joyero.
Los colgantes, pendientes, adornos para corpiños, collares, diademas e incluso hebillas de cinturón reflejan su capacidad innovadora y su renovación del arte de la joyería. Los dibujos y las fuentes de hierro nos permiten comprender mejor su proceso creativo. Las estolas, los marcos, los bastones, los apliques y otros espejos demuestran que René Lalique, en respuesta a su tiempo, fue mucho más que un orfebre y vidriero. Por último, a través de una mirada a su historia, el recorrido pone de relieve la fértil imaginación del artista y el descubrimiento de la fauna y la flora que tanto le inspiraron, sin olvidar su devoción por la mujer.
René Lalique, artista dotado de un talento excepcional, vivió dos vidas artísticas consecutivas, en las que destacó como una de las figuras más relevantes que marcaron con su personalidad la época del art nouveau y, más tarde, la del art déco, dos estilos diametralmente opuestos. Su momento álgido como joyero lo vivió en la Exposición Universal de París de 1900. 25 años más tarde participó en la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industrias Modernas de París, que supuso el triunfo del art déco y el apogeo de la producción de vidrio de René Lalique.
Se inspiró en la naturaleza y tuvo la audacia de utilizar el cuerpo femenino como elemento decorativo, creando algunas de las joyas más representativas del art nouveau. Sus colgantes, broches, collares, diademas, gafas, peinetas, etc. son piezas originales y creativas, fabricadas mediante las técnicas más elaboradas. No dudó en emplear materiales que, hasta el momento, se utilizaban poco y se consideraban de segunda categoría, tales como el cuerno, el marfil, las piedras semipreciosas, el esmalte y, por supuesto, el vidrio, que combinó con el oro y las piedras preciosas. Por su originalidad, su talento y la renovación que introdujo fue considerado por Emile Gallé, otro de los grandes nombres del art nouveau francés, «el inventor de la joyería moderna».
En el apogeo de su carrera como joyero, Lalique fue cambiando de rumbo poco a poco hasta convertirse en vidriero. Sus primeros experimentos se remontan a la década de 1890, pero fue su encuentro con el visionario perfumista François Coty en 1908 el que jugó un papel decisivo, llevándolo no solo a crear, sino también a producir, frascos para los mejores perfumistas. Poco a poco, fue añadiendo cajitas, jarrones, lámparas y otros objetos.
René Lalique, genio del vidrio y creador ecléctico, no solo se interesaba por el arte de la mesa y por los frascos de perfume, sino que también diseñó tapones de radiador para los lujosos coches de los años veinte y decoración para trenes, transatlánticos y tiendas, entre otras cosas. Además, se interesó por la arquitectura religiosa y creó fuentes excepcionales. Nada le era ajeno. Su curiosidad no tenía límites. Todo su legado ha irradiado en arquitectos y artistas de la talla de Zada Hadid o de Damien Hirst, entre otros.






