La modernidad de Aurèlia Muñoz en la retrospectiva del Reina Sofía
La figura de Aurèlia Muñoz (Barcelona, 1926-2011) no ha hecho más que crecer en los últimos años cuando su intención y determinación como artista la sitúa como una de las grandes renovadoras del lenguaje escultórico textil europeo en la segunda mitad del siglo XX y primera década del XXI. Ahora el Museo Reina Sofía y el MACBA le dedican la mayor retrospectiva a su obra, que abarca más de cinco décadas e incluye más de 150 piezas, muchas de ellas inéditas o poco conocidas y que permiten vsibilizar su proceso creativo. La ambiciosa exposición ha sido comisariada por la Fundación EINA, bajo la dirección científica de Manuel Cirauqui, junto a Rosa Lleó y Silvia Ventosa, hija de la artista y responsable del Archivo Aurèlia Muñoz.
En la presentación de Aurèlia Muñoz. Entes, el director del Museo Reina Sofía, Manuel Segade, ha señalado que esta retrospectiva se encuadra dentro de la política del museo de rescatar artistas mujeres, como ya se hizo con Maruja Mallo recientemente, porque «da una idea de su fuerza como artista y de la importancia de un trabajo, que es de los que puede transformar, como una pequeña palanca, la forma de entender la historia del arte reciente». Por su parte, la exdirectora del MACBA, Elvira Dyangani quiso destacar la figura de artista catalana y su interés en «el hecho de trabajar la obra de arte como conocimiento, lo que suponía resaltar aspectos de la lógica, del trabajo, de la composición, del pensamiento filosófico alrededor de lo que ella producía».
Silvia Ventosa, miembro del equipo curatorial e hija de la artista, subrayó que esta exposición recupera la visión de Aurèlia Muñoz como «una artista total, de una artista global que no pone demasiadas fronteras entre técnicas y materiales, aunque las utiliza todas con respeto y estudio» Y añadió que a su madre le gustaba trabajar de un modo coral y era habitual que en su casa hubiera fotógrafos, escenógrafos, pintores y otros creadores y recordó que ella decía: «Yo hago y vosotros etiquetáis».
Asimismo, Manuel Cirauqui explicó la importancia de la muestra para el «desencasillamiento» de la artista, y de «haber dotado al proyecto de un comité científico que tenía por misión aportar puntos de vista desde saberes que no han sido para nada los habituales en la lectura del trabajo de Muñoz». Del mismo modo, Rosa Lleó mencionó que lo inédito e importante es haber trabajado con su archivo, «hemos dedicado una sala entera a todo el material de archivo y en ella hemos intentado mostrar cómo era el proceso creativo de Aurèlia».
La exposición estará abierta en el Museo Reina Sofía hasta el 7 de septiembre y luego viajará al MACBA donde se abrirá a partir del 5 de noviembre. En la antesala que precede a las seis grandes salas hay una serie de documentos fotográficos que nos hablan de la interacción creativa que tuvo Aurèlia Muñoz con otros artistas, muchos de ellos fotógrafos como Català-Roca, Lluís Casals y otros como Josep Ventosa y Ferrán Freixa, entre otros. En esas obras ya se vislumbra sus áreas de interés, su proceso creativo en el estudio y nos dan una idea aproximada de cómo era el universo creativo de la artista catalana.
La retrospectiva recorre el universo creativo de Aurèlia Muñoz a través de más de 150 obras, muchas de ellas inéditas, especialmente sus dibujos, que revelan en algunos casos la génesis de su proceso creativo y en otros, son obras en sí mismas.
En las seis salas, que llevan por título: Bordados, montajes, estampaciones; La escultura anudada; El Archivo.Procesos y contextos; Aerostatos. Entre pájaro y cometa; Del libro objeto al Libro aéreo; y El entorno marino se condensan más de cinco décadas de proceso de investigación y experimentación constante. Una trayectoria que trasciende el arte textil de origen artesanal para elevarse a otra dimensión relacionada con la escultura y la arquitectura. Es muy relevante el juego de escala en su obra y cómo el concepto de ente, un ser que va más allá de la naturaleza orgánica o inorgánica, animada o inanimada, animal o vegetal, abstracta o figurativa y que ha sido un ‘ser’ que le acompañó en ese periplo artístico.
En ese recorrido, que cuenta con un diseño muy elegante para acercar las obras al espectador, está presente todo ese universo creativo de Aurèlia Muñoz, a través de más de 150 obras, muchas de ellas inéditas, especialmente sus dibujos y acuarelas, que revelan en algunos casos la génesis de su proceso creativo y en otros, son obras en sí mismas, con referencias a Paul Klee y en ocasiones a Piet Mondrian.
En la retrospectiva encontramos algunos de sus trabajos más emblemáticos, más de 60 esculturas y piezas cosidas, anudadas o tejidas, hechas de yute, sisal y algodón, muchas de ellas de gran tamaño. Desde sus bordados de los años sesenta, que reinventan la pintura; pasando por sus grandes esculturas anudadas de macramé de los años setenta, que abandonan la pared y toman cuerpo tridimensional como entes; hasta llegar a los Pájaros-cometa o Aerostatos de los años ochenta —estructuras móviles y aerodinámicas, inspiradas por su afición a la papiroflexia, la navegación a vela y las máquinas de Leonardo da Vinci— que nacen de una búsqueda de ligereza y de pensamiento espacial que ya no le abandonará en su carrera.
Precisamente, esa búsqueda constante le llevará a partir de los años ochenta a sus trabajos con pasta de papel que ella misma fabricaba con fibras de lino y algodón, para crear esculturas, que bien cobran forma como libros aéreos, móviles o como elementos marinos: anémonas, algas o medusas que dispone en urnas transparentes de metacrilato. La influencia del Mediterráneo está muy presente. Y cómo no una una cuidada selección de objetos y obras de su archivo personal, que incluye cartas, maquetas, cuadernos de proyectos y fotografías. Son objetos que desvelan una forma de trabajar rigurosa.
Algunas de las grandes obras que se podrán ver en esta exposición pertenecen a colecciones particulares en España y otros países y no han formado parte hasta ahora de exposiciones ni han podido verse en museos, como las monumentales Palmera (1974) y Homenaje a Jerónimo Bosco (1971), entre otras.
En el centenario de su nacimiento, la exposición busca descubrir nuevas perspectivas sobre el universo de Aurèlia, la cosmología aurèliana, poblado por figuras plurales sin género definido que desafían el binarismo, personajes a medio camino entre lo humano y lo animal. Muchas de sus creaciones apelan a temas y preocupaciones muy actuales como la relación con el medioambiente (la importancia del mar y su mantenimiento); la existencia humana y de los seres no humanos, y el diálogo entre lo ancestral y lo contemporáneo.
Aunque era autodidacta no dejó de aprender constantemente. Su intuición para ver lo antiguo y anticipar lo moderno, también valorar lo que aportaban creadores como Joan Miró, René Magritte, el citado Klee o Gaudí a su formación como artista. Una creadora única que supo recorrer un camino desde la tradición a la modernidad contemporánea.






