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La mirada preocupada y esperanzada de José Manuel Ballester


José Manuel Ballester (Madrid,1960), Premio Nacional de Fotografía en 2010 y pintor, continúa una línea de investigación coherente, que sigue sorprendiendo a los aficionados al arte, tanto por su intención visual como por abordar temas que afectan a los seres que habitamos el planeta. Ahora presenta hasta el 10 de marzo en la Galería Pilar Serra (Santa Engracia, 6) la exposición Un día en el zoo, que reúne 42 fotografías tomadas en cuatro zoológicos o acuarios de tres continentes: Londres, Melbourne, Lisboa y Madrid, aunque solo cuelgan 18 de diferentes formatos.

En esas imágenes Ballester nos alerta de los peligros que acechan a muchas especies, algunas de ellas en vía de extinción porque han ido perdiendo sus hábitats por diferentes razones de índole económica y social: primar otras actividades industriales como la minería, la agricultura o la ganadería, muchas veces sin control ni visión a medio y largo plazo, lo que pone en peligro los ecosistemas necesarios para la vida de dichos animales.

En los últimos años estamos asistiendo a la desaparición de numerosas especies por el cambio acelerado de nuestras formas de crecimiento económico, de vida o por desastres naturales: la deforestación del Amazonas, los incendios que asolan desde septiembre al vasto territorio de Australia y otros en diferentes lugares. Todo ese proceso requiere no solo de nuestra concienciación, sino también de la mirada de artistas como José Manuel Ballester, que nos ayudan a contemplar la realidad desde otro punto de vista.

La exposición del artista madrileño se enmarca en un proyecto muy ambicioso Espacios ocultos, donde explora aristas de la realidad pero dentro de la tradición clásica. En este caso, como en otras propuestas anteriores, quita algo para poner el énfasis en otro sentido. Por ello, salvo en una foto donde figura un observador mirando un  un acuario, no hay personas ni animales, lo que acrecienta la relevancia y el protagonismo de la escenografía captada con su cámara.

En ese paseo visual de Ballester por los zoológicos y oceanográficos de Londres, Melbourne, Lisboa y Madrid, fruto de un año de trabajo, nos encontramos con una secuencia coherente de una persona comprometida con esos lugares, siempre sin animales, que no deja se ser una llamada del peligro de extinción en el que están inmersos muchos de ellos.

Son espacios vacíos, casi siempre tristes por la falta de vida animal, como metáfora que alude a que si no hacemos algo pronto muchas de esas especies irán desapareciendo en nuestro planeta. Si sus hábitats naturales son alterados constantemente la devastación será progresiva y exponencial. Quizá esos espacios cerrados adaptados en los zoológicos a panteras, aves, cocodrilos y otros reptiles, rinocerontes, lobos y linces, águilas en cautividad, entre otros, sin olvidar la ironía que desprende ese Tio Vivo Belle Epoque, con gran variedad de animales fijados en madera, no dejan de ser una llamada esperanzadora para activar nuestro compromiso. Julián H. Miranda

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