La feria europea más lucrativa: 86,5 millones y beneficios sociales
Hace tiempo que TEFAF se ha posicionado como la feria líder en el mercado del arte, acogiendo anualmente lo mejor de los galeristas, directores de museos y coleccionistas en solo un puñado de días. Una cita dirigida a la compra-venta de piezas que, sin embargo, busca también el desarrollo de la región –tiene un impacto económico de 37,9 millones de euros en Maastricht– y potenciar la cultura en la sociedad, incluso en el ámbito de la salud.
En un mundo regido por el dinero, el mejor termómetro para calibrar si un evento funciona o se estanca es su impacto económico. Sus resultados, vamos. ¿Genera riqueza? ¿Cuál es el balance que hacen los participantes? En el caso de TEFAF la respuesta desde luego es muy positiva, como demuestran las ventas millonarias de la feria, que en esta 39 edición recién clausurada suman obras maestras de Alonso Cano, Mateo Cerezo, Picasso, Monet o Ives Klein, entre otros.
Pero esos buenos resultados no se ciñen exclusivamente a la cita cultural en sí. Se extienden a Maastricht e incluso a toda la región de Limburgo; a fin de cuentas, es una feria que reúne a centenares de asistentes venidos de todo el mundo. Durante ocho días, la población de la ciudad se duplica prácticamente, con lo que eso significa: más gasto extranjero, más empleo local y mejores servicios.
¿Hasta qué punto esta cita funciona como catalizador económico de la región? Eso es precisamente lo que trata de responder el Informe de Impacto Económico de TEFAF, que cada año analiza la riqueza generada durante la celebración de la feria, más allá del dinero que mueve en su propio sector (el mercado del arte). Porque cuando hablamos de un evento de esta envergadura, los datos no solo se cuantifican por el volumen de ventas, sino también por su capacidad de obtener beneficios en otros sectores como el turismo, la hostelería, el transporte o el comercio minorista.
Según el estudio de 2026 elaborado por Deloitte Luxemburgo, esas ganancias ascienden a 86,5 millones de euros en el país neerlandés, de los cuales casi el 45% se concentra únicamente en la ciudad donde se celebra la feria. Un apunte relevante que demuestra hasta qué punto el modelo funciona, aun cuando se trata de una exclusiva cita que alberga la modesta ciudad cercana a las fronteras de Bélgica y Alemania.
Los datos recogidos por Justin Morel de Westgaver, Adriano Picinati di Torcello y Luis Ribeiro–autores del informe– revelan que durante el año pasado los 275 galeristas y cerca de 42.000 asistentes se dejaron 10 y 25 millones respectivamente en el país. Cifras que, sumadas a los gastos de la propia feria, totalizan un impacto directo total de 52 millones. Evidentemente, la mayor beneficiaria fue Maastricht, pero los efectos se dejaron sentir también, de manera indirecta, en toda la región de Limburgo.
Cada euro gastado en relación con TEFAF generó a su vez 0,58 euros, contribuyendo así a la economía neerlandesa. Esto ha permitido a los organizadores ser más ambiciosos y concentrar sus esfuerzos ya no solo en mantener los buenos resultados de la cita, sino en extender ese impacto a otros ámbitos.
Y es que, una vez cumplidas las expectativas económicas, resulta importante –cuando no necesario– desarrollar iniciativas que vayan más allá de la monetización del evento, especialmente cuando se trata de una cita cultural. Es preciso fomentar el interés por el arte entre un público local, porque eso supone sembrar hoy, para ver los resultados mañana.
“Si bien el impacto cultural es ampliamente reconocido, resulta igual de importante medir los efectos sociales tangibles de la feria”, defendió Will Korner, director de ferias de TEFAF durante la presentación del informe en la Cumbre celebrada la semana pasada.
Estas charlas, organizadas en colaboración con la Comisión de la UNESCO para los Países Bajos, tuvieron como objetivo generar conciencia sobre la importancia de salvaguardar el patrimonio. Porque TEFAF no solo vive de sus ventas, sino de su reputación, su colaboración con las autoridades locales y su apuesta por debates relacionados con la inversión cultural, la repercusión social del arte e incluso su valor terapéutico.
Bajo el lema “Mas allá del impacto económico: repensando la cultura en las políticas públicas”, se exploró el poder transformador de una cultura más inclusiva y sostenible en nuestra vida, gracias a ponentes como Stephan Satijn, Ministro regional de Economía de la provincia de Limburgo; Daisy Fancourt, profesora de Psicobiología en la University College de Londres, o Delphine Houba, concejala de Cultura de Bruselas. Esta última explicó cómo su proyecto piloto que permite a los médicos recetar visitas gratuitas a museos a sus pacientes, puede mejorar notablemente su salud mental. Porque el arte, más allá de estimular la creatividad, generar empleo, atraer inversiones y satisfacer a los coleccionistas, posee otros beneficios sociales. Ayuda al bienestar de quien lo contempla. Sol G. Moreno


