La faceta más íntima y desconocida de Winslow Homer sale a la luz
El Museo de Bellas de Boston, que posee más acuarelas del artista estadounidense que ninguna otra institución, exhibe un conjunto de estas evocaciones de la naturaleza hasta el 19 de enero de 2026. Además de escenas americanas, se podrán ver representaciones de las costas inglesas y el Caribe, así como una muestra de la madre de Homer, quien fue otra maestra acuarelista.
En 1870, Winslow Homer hizo su primer viaje a los montes Adirondacks, en el estado de Nueva York, adonde regresaría en repetidas ocasiones para pintar. Durante los inviernos viajaba con frecuencia a los trópicos, las Bahamas, Florida, o las Bermudas, lugares en los que realizó delicadas acuarelas que sirven como postales de sus visitas.
El autor estadounidense era un cronista y un explorador nato al que le gustaba salir; no se puede decir lo mismo de sus obras sobre papel, que rara vez se exhiben debido a su sensibilidad a la luz. Por eso hay que celebrar la oportunidad de ver ahora una pequeña muestra de 50 de estas evocaciones de la naturaleza en el Bellas Artes de Boston –que posee más acuarelas suyas que ninguna otra institución–, así como una selección de óleos, dibujos y grabados.
No es la primera vez que el museo exhibe su colección de Winslow Homer. En 2008, presentó una selección de trabajos de este creador en American Scenes, desde dibujos infantiles hasta sus últimos óleos dedicados a paisajes marinos, incluidas las ilustraciones que realizó para conocidos periódicos como el Harper’s Weekly, un rico muestrario de acuarelas y varios aguafuertes.
En la muestra actual, Of Light and Air [De luz y aire], la idea es bastante similar: un recorrido cronológico que abarca desde sus primeras creaciones de la infancia hasta el lienzo que dejó inacabado, que ofrece principalmente escenas americanas.
Entre las variedades que incorpora la propuesta, se encuentran las representaciones de las costas inglesas y el Caribe, además de varias escenas de la madre de Homer, Henrietta Benson, quien fue una talentosa acuarelista.
Ante la fragilidad de algunas de las piezas, se han tomado también una serie de precauciones para la conservación de las mismas. La pinacoteca ha decidido exhibir las acuarelas con una luz más tenue que de costumbre, evitando una posible decoloración.
Toda medida es poca para uno de los artistas más apreciados por la institución estadounidense, que a lo largo del siglo XX ha acumulado casi 50 acuarelas y 11 óleos de Homer, creando una de las colecciones más significativas de su obra. El museo fue uno de los primeros en apoyar su carrera con la adquisición en 1894 de Fog Warning (1885), un cuadro que representa a un solitario pescador remando en mitad de un mar crispado.
Escenas como esta se repetirán en los años posteriores, coincidiendo con su traslado al pueblo pesquero de Prouts Neck (Maine) en el verano de 1883, al que le dedica Breaking Wave (Prouts Neck). En esta época se suceden otras acuarelas acuáticas como The Dory (1887), The Blue Boat (1892) o The Adirondack Guide (1894), todas ellas presentes en la exposición.
Otra escena destacada es Leaping Trout (1889), donde pinta dos truchas en pleno salto, con sus manchas y colores representados con gran detalle. Esta obra pasó a formar parte de la colección del Bellas Artes en 1899.
“Homer comenzó a trabajar seriamente con la acuarela a mitad de su carrera, a los 37 años”, cuenta el co-comisario Ethan Lasser, quien ha organizado la exhibición junto a Christina Michelon. “La acuarela es un medio difícil y a menudo implacable, pero Homer siguió experimentando y ampliando su capacidad para trabajar con ella”, añade Lasser.
Los comisarios invitan al visitante a que se deje inspirar por el incansable espíritu experimental del artista estadounidense, gracias al cual transformó este formato. Esta es también una oportunidad para entender cómo Homer utilizaba diferentes técnicas para transmitir según qué temas. Mientras en los óleos abordó grandes narrativas y cuestiones existenciales, a menudo vinculadas a la Guerra de Secesión, en sus acuarelas el espectador descubrirá su lado más observador y delicado. Nerea Méndez Pérez







