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La curiosidad constante de Pedro Grifol


 

La trayectoria plástica de Pedro Grifol, pintor, grabador y fotoperiodista, es muy dilatada tanto en las muestras individuales y colectivas que ha celebrado en España como en su presencia en las principales ferias de Arte como ARCO, Estampa, ArtChicago, la Bienal de París o que algunas de sus piezas hoy formen parte de colecciones como las de la Caixa, la Fundación Juan March, el Museo de Arte Contemporáneo de Ibiza y otros también de obra gráfica en Noruega y Japón, entre otros. Ahora presenta en la Galería Taller José Rincón de Madrid (Valverde, 39) hasta el 7 de enero, su última muestra individual, titulada LUDUS (Lo divertido que es vivir) que reúne algo más de 30 obras, entre pinturas, grabados y estampaciones digitales, algunas de ellas de los últimos años y otras más recientes.

En las piezas que conforman su actual exposición Pedro Grifol continúa fijando imágenes inspiradas en la cultura clásica grecolatina, la mitología y la herencia cultural occidental, siempre con una mirada contemporánea para reinterpretar con originalidad temas como la soledad, el desnudo, la meditación o el cosmos, entre otros, a través de figuras casi siempre femeninas, con ecos del pop y del surrealismo, que nos retrotraen a un mundo con cierto halo mágico y siempre irónico desde un punto de vista crítico pero del que sabe extraer “lo mejor de la vida” y un afán de curiosidad constante.

En las trece pinturas de pequeño formato, y también en las casi 20 estampaciones digitales a partir de muchas de esas obras originales con técnica mixta y de otras que no están en la exposición, Pedro Grifol extrae imágenes sutiles de mujeres con un cántaro como en La Source, Venus, El Unicornio azul, una nueva visión de Salomé o la frescura de Diamonds are a girl’s best friend, con esa mujer nadando entre diamantes; sin olvidar un desnudo femenino de espaldas con las alas de Ícaro en Rara Avis, la intención de sus Danzantes carnívoros en un mapa, o esas dos joyas: Strange Fruit, un homenaje a su admirada Billie Holliday con una canción titulada del mismo modo y que hacía referencia a cómo se encontró a tres hombres negros ahorcados en un árbol, que Grifol sustituye por diamantes; y La visita, con esa mujer que mira esa especie de minotauro que entra por la ventana con ese azul mediterráneo de fondo.

Y por último su destreza como dibujante en los siete grabados y la plancha de alguno de ellos, siempre con afán didáctico, y ese homenaje al perro que pintó Goya, uno de los orígenes de la pintura abstracta; la Venus corintia con ese gofrado tan elegante; su homenaje a los voyeurs en esa columna clásica; los fragmentos de desnudos femeninos clásicos en Noli me tangere, Casta Diva y Oferente, sin dejar de lado un motivo como El Espejo del tiempo, clásico y actual como en las composiciones de Delvaux y Balthus, por mencionar a dos pintores del siglo XX. Julián H. Miranda

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