En Actualidad

La coleccionista de almas

El museo bilbaíno presenta una gran retrospectiva sobre la pintora americana Alice Neel (1900-1984) que abarca toda su trayectoria a través de casi un centenar de obras entre pinturas, dibujos y acuarelas, en las que representó temas como la maternidad o retrató a personajes que, hasta la fecha, no habían sido objeto de las artes plásticas. La exposición, que podrá verse hasta febrero de 2022, ha contado con la colaboración de dos importantes museos americanos y ha sido patrocinada por Iberdrola.


Para rematar esta semana cargada de actividades culturales, hoy viajamos a Bilbao para hacernos eco de la exposición que acaba de inaugurar el museo Guggenheim Bilbao: Alice Neel: las personas primero. Se trata de la primera retrospectiva en nuestro país dedicada a la pintora estadounidense y ha sido organizada junto al Metropolitan Museum of Art y The Fine Arts Museums de San Francisco. A través de casi un centenar de piezas, muchas de ellas préstamos de colecciones particulares, la muestra profundiza en la representación de la pérdida y del sufrimiento, así como de la resistencia y la franqueza de los personajes a los que retrató a lo largo de las siete décadas en las que desarrolló su actividad profesional.

Activista política que quiso cambiar con el Arte la historia, Alice Neel (Gladwyne, Pensilvania, 1900-Nueva York, 1984) se formó en la Escuela de Diseño para Mujeres de Filadelfia. Tras casarse en 1925 con el pintor cubano Carlos Enríquez, se trasladó a La Habana. Allí perdió a su primera hija tras apenas haber cumplido un año. Este luctuoso acontecimiento la marcó de porvida y tuvo como repercusión en su producción artística la recurrencia a temas como la maternidad y la pérdida. A través de ellos, Neel fijó su atención sobre la vulnerabilidad de las personas a las que retrató, con especial atención a las luchas emocionales y físicas de las mujeres. A ellas las mostró sin tapujos a través de escenas de desnudo, inspiradas en la obra de Schiele, abiertamente sexuales despojadas de todo romanticismo.

El recorrido de la exposición se plantea de forma cronológica y abarca desde sus pinturas iniciales realizadas durante su estancia en Cuba, hasta su producción neoyorquina –allí se trasladó en 1927– de las décadas posteriores desarrolladas dentro del programa «New Deal» del presidente Roosevelt. De estas primeras obras, además del retrato de su marido Carlos Enríquez (1926. Propiedad de los herederos de la artista), en el que se aprecia la soltura de su pincelada, se muestran sus primeros trabajos en la ciudad de los rascacielos como Los nazis asesinan a los judíos (1936. Rennie Collection, Vancouver). En ella testimonia el desfile del Primero de Mayo de 1936, que atrajo a multitud de manifestantes, para llamar la atención sobre el incipiente antisemitismo del régimen nazi.

El contraste entre unas y otras es evidente y dejan muy a las claras hacia dónde se dirigían ya los intereses personales de la artista en su interés por mostrar la diversidad y la realidad social que en la que se vio inmersa.

El género de la naturaleza muerta tampoco escapó a sus intereses artísticos, pues este supuso para ella un medio ideal a la hora de experimentar con la abstracción –movimiento que evolucionó a lo largo de su carrera y al que acabaría calificando de «antihumanista» con la llegada del Expresionismo abstracto– así como la mejor ventana para mostrar su destreza a la hora de representar las texturas y los efectos lumínicos de los objetos, algo que puede verse, por ejemplo, en Acción de Gracias (1965. The Brand Family Collection).

Pero son sin duda sus retratos cargados de psicología plástica y realizados durante el largo periodo en el que vivió –entre 1938 y 1962– en el «Spanish Harlem» de Nueva York, los que se llevan buena parte del protagonismo en la muestra bilbaína. En ellos capturó con su pincel el alma de sus vecinos, una población étnicamente diversa y favorecida que hasta entonces rara vez había sido objeto de las bellas artes. Buena prueba de ello es el amenazador Georgie Arce No. 2 (1955. Colección de Lonti Ebers), un muchacho al que Nell representó a lo largo de los años y al que mostró aquí con un cuchillo girado hacia ella y, por ende, hacia el espectador.

Otro de los pilares de su carrera, como ya hemos señalado, son las representaciones de la maternidad. En estas pinturas se muestra a madres en distintas etapas, antes y después del parto, despojadas de todo cliché cultural para incidir en las presiones físicas y psicológicas, a veces cargadas de drama como en Carmen y Judy (1972. Oklahoma City Museum of Art, Westheimer Family Collection), donde el estado de la niña presagia su funesto final. Punto y a parte dentro de este género son los retratos de mujeres embarazadas, un tema sin precedentes en la historia del arte descargados de cualquier idealización y de contenido erótico.

Todo ello podrá verse a partir de mañana en Alice Neel: las personas primero, que permanecerá abierta hasta el próximo 6 de febrero de 2022. Ha sido patrocinada por Iberdrola y cuenta con un triple comisariado: Lucía Aguirre, conservadora del museo bilbaíno; y Leon Psky’ y Randall Griffey, del Metropolitan Museum of Art.

Recommended Posts
0

Start typing and press Enter to search