Guercino y la complejidad de la figura femenina en el barroco
El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta hasta el 14 de junio la exposición ‘Guercino y sus heroínas bíblicas’. Una muestra que examina la representación femenina en la pintura del siglo XVII a través de una selección de obras de Giovanni Francesco Barbieri, llamado Guercino, uno de los grandes protagonistas del barroco italiano.
Comisariada por María Eugenia Alonso, conservadora de Pintura Antigua del museo, la exposición reúne seis pinturas procedentes de colecciones internacionales —entre ellas el Museo Nacional del Prado, la Dulwich Picture Gallery y el Musée des Beaux-Arts de Strasbourg— que se ponen en relación con la obra Jesús y la samaritana en el pozo (hacia 1640–1641), pieza clave de la colección Thyssen y punto de partida conceptual del proyecto.
La exposición se articula en torno al papel de las heroínas bíblicas en la cultura visual del Barroco, un tema de gran popularidad en el siglo XVII. En manos de Guercino, estas figuras se convierten en vehículos de una intensa expresión emocional. Su pintura recurre a la gestualidad, al contraste lumínico y a composiciones casi escénicas para activar lo que la historiografía denomina la poética degli affetti, una estrategia visual estrechamente vinculada al programa iconográfico de la Contrarreforma.
En este contexto, el pintor se compara con otros maestros de la escuela boloñesa, como Guido Reni y Domenichino, quienes también exploraron el potencial dramático del gesto y la expresión en la pintura religiosa.
El recorrido comienza con dos episodios del Nuevo Testamento que presentan a mujeres asociadas a la figura de la pecadora arrepentida. En Jesús y la samaritana en el pozo, el diálogo espiritual entre Cristo y la mujer se construye a partir de un sutil intercambio de miradas y movimientos. Por su parte, Jesús y la mujer adúltera (hacia 1621) desarrolla una escena cargada de tensión narrativa, en la que la iluminación dramática enfatiza la vulnerabilidad de la protagonista frente al juicio público.
A este primer conjunto se suman dos escenas del Antiguo Testamento que sitúan a la mujer en contextos de injusticia y violencia moral. En Susana y los viejos (1617), Guercino transforma al espectador en testigo del acoso sufrido por la joven, destacando su figura luminosa contra un fondo oscuro que intensifica la carga dramática. En Abraham repudia a Agar e Ismael (1657), la escena adquiere un carácter teatral que enfatiza la dimensión emocional del episodio bíblico.
El último núcleo de la exposición revisa la iconografía tradicional de las femme fatale bíblicas. En Sansón y Dalila (1654), Dalila aparece reinterpretada no como la seductora culpable de la caída del héroe, sino como una figura estratégica que actúa en favor de su pueblo. De forma similar, Salomé recibe la cabeza de san Juan Bautista (1637) y presenta a una Salomé introspectiva y arrepentida, alejada de la imagen sensual que dominaría la pintura posterior.

Instalada en la Sala 12 de la colección permanente, la muestra propone un recorrido entre obras procedentes de distintas colecciones europeas y permite observar la evolución estilística del maestro italiano, desde sus primeras soluciones dramáticas hasta una madurez marcada por un mayor refinamiento compositivo y emocional.
Más allá de su dimensión histórica, también invita a reconsiderar el lugar de estas figuras femeninas dentro de la narrativa visual del barroco, revelando la capacidad del artista para dotarlas de complejidad psicológica y agencia narrativa.
Con Guercino y sus heroínas bíblicas, el Museo Thyssen-Bornemisza ofrece una lectura concentrada pero reveladora de su obra y subraya su papel en la construcción de una iconografía que oscila entre la devoción, la vulnerabilidad y la reinterpretación moral de la mujer.


