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El Reina Sofía fija su mirada en el origen de las vanguardias

El museo inaugura el cuarto episodio de los seis totales que integrarán la nueva ordenación de sus colecciones. «Los territorios de la vanguardia: ciudad, exposiciones y revistas» reúne cerca de 400 piezas y abundante material documental que recoge desde el arte social de López Mezquita, Casas o Fillol a finales del siglo XIX hasta los movimientos modernos desarrollados durante el primer tercio del XX, con Dalí, Miró y Picasso a la cabeza.


La ambiciosa remodelación prevista por Manuel Borja-Villel para el Museo Reina Sofía cada vez está más cerca de completarse (previsiblemente en noviembre). Una nueva organización de todos sus fondos con criterio revisionista que se divide en seis fases y cuyo cuarto episodio se ha presentado esta semana en la segunda planta del Edificio Sabatini.

En este nuevo capítulo, el director y Rosario Peiró –jefa de Colecciones del museo– han querido echar la vista atrás y fijar su mirada en el nacimiento de las vanguardias, comenzando por los albores del siglo XX y todos esos cambios sociales, laborales, urbanos y arquitectónicos que nos introdujeron en el nuevo milenio.

Como en el resto de apartados, el recorrido del IV episodio –titulado «Los territorios de la vanguardia: ciudad, exposiciones y revistas»– integra no solo pinturas y esculturas, sino abundante material documental que ayuda a contextualizar el discurso. A las más de 400 obras expuestas de, entre otros, Barradas, Blanchard, Gris, Picabia o Delaunay, se suman archivos recuperados del Centro de Documentación del Museo, como postales, planos arquitectónicos, publicaciones, carteles, instantáneas o diapositivas.

Según explica Borja-Villel, “no se puede entender la modernidad sin analizar el hecho de que esta ocurre fundamentalmente en y a través de la ciudad, la exposición y el periódico”. Por eso el recorrido trata de cubrir estos tres ‘territorios’: la ciudad, con su entorno burgués y obrero; las exposiciones, tanto de los salones como de las galerías nacidas en aquella época; y las revistas, fundamentales para el desarrollo de movimientos como el Surrealismo.

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Entre las primeras salas, destacan aquellas destinadas a la ARQUITECTURA y la ampliación urbana de las ciudades, como el proyecto del Ensanche de Barcelona realizado por Ildefonso Cerdá. También la fotografía y el cine –medios modernos– ilustraron la realidad de las grandes urbes y aquí debemos destacar la serie Fotografía-Nueva York de PAUL STRAND, sin olvidar la pequeña pero interesante salita de dibujos de GEORGE GROSZ plagada de personajes caricaturescos sobre el Berlín de principios del XX.

El primer gran impacto llega con la reunión de José María LÓPEZ MEZQUITA, Ramón CASAS, Julio ROMERO DE TORRES y Antonio FILLOL. Estos cuatro pintores trasladan al visitante hasta un salón de pintura de estilo decimonónico, con obras cargadas de connotaciones como Cuerda de presos, Garrote vil, Conciencia tranquila o La noche de San Benito. Sorprende ver a Casas y Fillol en el Reina Sofía, pero la adscripción del Prado (en el primer caso) y el depósito de la familia del artista (en el segundo) lo justifican.

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Pinturas de Dalí, Picasso, Blanchard, Gris o Barradas se exhiben junto a postales, planos, carteles o diapositivas.

De la pintura al papel en apenas unos metros. Porque las revistas y periódicos resultaron fundamentales para el desarrollo de ciertos movimientos vanguardistas. Ese fue el caso del SURREALISMO, surgido al calor del manifiesto de André Breton y la revista Documents –editada por Bataille entre 1929 y 1930– donde participaron Miró y Dalí. Las salas surrealistas presentan algunas de las pinturas más emblemáticas de ambos artistas, a los que se suman Maruja Mallo, Juan Ismael y Buñuel. El concepto de las publicaciones como un territorio colectivo de información y creación de ideas se aprecia también en la sala dedicada Carl Einstein y sus reflexiones sobre el CUBISMO.

Avanzan las primeras décadas del nuevo siglo y surge un nuevo agente: las galerías. En este apartado merece un lugar especial Josep Dalmau y su galería barcelonesa –activa entre 1906 y 1930– en la que expusieron Miró, Dalí, Gleizes o Blanchard. Las obras presentadas entonces se exhiben en la inédita SALA DALMAU junto a algunas fotografías que recuerdan las numerosas actividades realizadas en la galería.

Después de participar de las vanguardias, los artistas descubrieron lo popular, no solo lo folclórico sino también lo que verdaderamente interesaba a la gente. Por eso el recorrido finaliza con un elemento específicamente español, el flamenco, presente en las guitarras, abanicos y bailarinas representadas por Manuel ÁNGELES ORTIZ, María BLANCHARD o Natalia GONCHAROVA. Su melodía  parece la nota musical perfecta para desembocar en el Guernica, que cuelga en la sala contigua. Sol G. Moreno

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