En Actualidad

América Latina en el ‘corazón’ de la nueva Colección del Reina Sofía


Ayer se presentó en el Museo Reina Sofía el segundo capítulo, de las seis que constará, de la nueva colección del Museo. En este caso, bajo el título Los enemigos de la poesía. Resistencias en América Latina, que incluye un centenar de piezas, la mayor parte producidas entre 1964 y 1987 de ese entorno geográfico y su relación con España y creadores españoles. Las obras, muchas de ellas inéditas, se exhiben en diez salas y podemos observar los formatos clásicos como pinturas, esculturas y fotografías, junto a nuevos apartados y  lenguajes de obras efímeras, arte postal, videos, perfomance, así como material de revistas, periódicos o cuadernos, entre otros documentos.


La disposición de las piezas sigue una cierta cronología, aunque no exhaustiva, y a través de esas obras se aborda la realidad de América Latina como un área extensa, plural y con diversidad e intenta mostrar la singularidad de cada uno de esos países. Muchas de ellas han sido adquiridas en los últimos ocho años, gracias a la generosidad de donantes como Jorge M. Pérez, de la coleccionista  Patricia Phelps de Cisneros, con algunos depósitos importantes, y otros coleccionistas como Maria Amalia León, Gustavo Nóbrega, Marga Sánchez, Diana López y Herman Sifontes, Silvia Gold y Hugo Sigman, Ricardo y Susana Steinbruch o Juan Carlos Verme. Todos ese corpus ha permitido poder investigar lo acontecido y las prácticas artísticas desarrollada en América Latina.

La primera sala De la sequía a la palmeras, frase del cineasta brasileño Glauber Rocha que aludía a los constrastes de Brasil y al arte que allí se hizo desde finales de los sesenta a mediados de los setenta. En esos años de dictadura hubo deseos de experimentación y ahora se puede ver la película de Iván Cardoso (1979) sobre el trabajo de Hélio Oiticica y la relación entre el objeto plástico y el espectador. Y la relevancia del mencionado Glauber Rocha con su película Cabezas cortadas y la importancia de Teatro Oficina, con tres obras teatrales y diseños de arquitectas como Lina Bo Bardi.

En Más allá de lo concreto se reúnen obras procedentes del neoconcretismo pero que fueron evolucionando. Desde el colectivo brasileño Poema/Processo, que abandonó el concepto tradicional de poesía a las obras tridimensionales del brasileño Augusto Campos y del español Julio Plaza o piezas de Analivia Cordeiro, pasando por artistas que trabajaban en Puerto Rico y que fueron animados por el poeta español Ángel González como el propio Plaza o Tomás García Asensio, de quien de exhibe una pieza Sin título, que se enmarca dentro del geometrismo y de la poesía visual.

En el tercer ámbito, Reticulárea, encontramos obras de Jesús Soto y de Gego, que desarrollaron su trabajo en Venezuela en el contexto del arte cinético e  investigaron la potencialidad de la abstracción a partir de Mondrian. La retícula trasciende la dos dimensiones del cuadro y se expanden en el espacio. Destacan obras como Vibración (1960)y Vibración III (1960-1961) de Soto, y Tronco decagonal nº 4 (1976) y Tejedura 90/41 (1990) de Gego, todas ellas depósitos de la Colección Patricia Phelps de Cisneros.

Itinerario del 68 gira en torno al contexto argentino aunque relacionado con sus países vecinos y con España. La atmósfera del mayo francés impregnó a artistas vinculados al Instituto Di Tella y al Centro de Arte y Comunicación de Buenos Aires. Fueron terrenos fértiles para la innovación y el compromiso social como denotan las obras de Edgardo Vigo o de Roberto Jacoby, sin dejar de mencionar Amor a primera vista (2007) una pieza de Marta Minujin, fruto de la donación hecha por Jorge Pérez a la Fundación del Museo Reina Sofía.

Uno de los hitos relevantes quizá sea la quinta sala, dedicada al arte postal y multimedia, donde nuevamente otra institución como el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Sao Paulo, dirigida entre 1963 y 1978 por Walter Zanini, quien dinamizó con nuevos soportes la irrupción de nuevos movimientos: el arte postal con las posibilidades que ofrecía para que circularan mensajes subliminales como en Identidade do artista, producida por Angelo de Aquino a base de 76 fichas, muchas de ellas críticas en época de censura. Y ahí asimismo el reflejo en obras de españoles como Isidoro Valcárcel y Antoni Muntadas, de quienes se exhiben Una obra permanente (1973-1974) y Reflexiones sobre la muerte (1973), respectivamente.

En la sexta sala, La masacre de Puerto Montt, título de una obra conceptual de Luis Camnitzer, que concibió la obra a partir del relato de un periodista sobre la violencia y matanza de los cuerpos policiales en esta zona del sur de Chile en 1969. Una obra que apela a la complicidad del espectador al estar en medio de una acción de gran impacto anímico.

En una región tan extensa como América el concepto sobre el territorio y los mapas sirvieron como punto de reflexión para muchos creadores. Ahí podemos contemplar la instalación Video Trans Americas ( 1976) del chileno Juan Downey, la obra de Anna Bella Geiger, Brasil nativo, Brasil alienígena, los carteles del peruano Jesús Ruiz Durand, con influencias del pop, las fotografías  de Carlos Ferrand y de Claudia Andujar, nacida en Suiza pero que ha vivido gran parte de su vida en Brasil atraida por la comunidad yanomani en la Amazonia brasileña, que además incluye algunas reproducciones de dibujos realizados por miembros de esta tribu índigena.

La violencia estructural en Perú es el eje de la octava sala, referido a lo urbano, con trabajos de Herbert Rodrígez como Represión (1985) y Violencia estructural (1988); la Carpeta Negra (1988) obra del colectivo Taller N, que llevó el arte a la calle y dos fotografías de Jaime Razuri de 1992. Y luego toma una obra de Paolo Gasparini, Para verte mejor América Latina (1970-1972)  como título de la penúltima sala, con piezas del propio Gasparini, de Enrique Bostelmann, quien retrata las áreas rurales de Latinoamérica, sobre todo de México y Centroamérica, así como los fotolibros de Fernell Franco con foco en las prostitutas y Sistema nervioso, de Bárbara Brändli, que desde su Suiza natal decidió vivir en Venzuela y explorar su cultura y el arte popular.

Chile y la dictadura de Pinochet creó un fenómeno de solidaridad internacional con el pueblo chileno por la dureza y extensión de ese régimen. Eso trajo consigo la organización de exposiciones y actos para impulsar el tránsito a la democracia. Cabe mencionar dos de ellas, la Bienal de París (1982), organizada por Nelly Richard, en la que participaron colecitvos como el C.A.DA y artistas como Carlos Leppe y Elías Adasme, entre otros; y la muestra Chile Vive (1987) organizada en España. De la primera exhibición puede destacarse la obra A Chile (1979-1980) de Elías Adasme y de Chile Vive, una composición pictórica hecha expresamente por Roberto Matta, Muda y desnuda, la libertad contra la opresión (1986), inspirándose en el Guernica de Picasso.

Recommended Posts
0

Start typing and press Enter to search