Frida y Diego: la intimidad detrás del mito

Frida y Diego: la intimidad detrás del mito

El MoMA de Nueva York se acerca a la relación romántica y artística de dos de los máximos exponentes del arte mexicano: Frida Kahlo y Diego Rivera, con una exposición compuesta íntegramente por obras pertenecientes a la colección del museo, que podrá visitarse hasta el 12 de septiembre.

Frida Kahlo, Fulang-Chang y yo.

Fueron dos figuras fundamentales del siglo pasado y abanderados de la cultura popular mexicana. Sin embargo, sus amores tormentosos y sus luchas intestinas convirtieron esa relación en una especie de mito. Quizá por eso, Frida y Diego: The Last Dream pretende descubrir su esfera compartida desde un prisma más personal, con una exposición pone el énfasis en su simbiosis artística y creativa.

El proyecto surgió a raíz de la presentación de una propuesta con título casi idéntico en la Metropolitan Opera. Entonces, El último sueño de Frida y Diego –así, en español– reinterpretaba a los artistas mediante una trama inspirada en el mito de Orfeo y Eurídice en la que Diego, envejecido y solo, implora ayuda al espíritu de Frida, que retorna ante él en la festividad del Día de los Muertos.

Con aquel estreno de mayo en forma de ópera, surgió la oportunidad de una colaboración entre ambas instituciones neoyorquinas, para trasladar el tema a las salas del museo.

La muestra que ahora puede verse en el MoMA está comisariada por Beverly Adams y se compone de 40 piezas. Entre los autorretratos de Frida, hay varios que muestran una constante: su afán por reconocerse en el espejo del arte. También se observan varios dibujos de trazo rápido que parecen plasmar intuiciones fugaces, o bien querer ilustrar una creatividad vertiginosa. 

Esta producción de Frida convive con una vertiente más mesurada de Diego, en este caso alejada de la monumentalidad de sus emblemáticos murales. Obras como Zapata líder agrario, Festival de las flores: fiesta de Santa Anita y hasta una veintena de escenas que ilustran la pintura del mexicano.

A todo ello se suman varias fotografías de Edward Weston o Lola Álvarez Bravo, en las que aparece la pareja, ya sea por separado o juntos.

Vista de la exposición Frida and Diego, the Last Dream. MoMA.
Vista de la exposición Frida and Diego: the Last Dream.

Las confesiones de la propia Frida nos hablan de un amor sufrido y tormentoso, plagado de desencuentros. Lo cierto es que no resulta fácil distinguir si se trataba de un amor invencible o de ataduras insanas.

Sin pretender modificar esa imagen un tanto ambigua, la muestra asume la complejidad del vínculo para indagar en el dolor, la ilusión, el resentimiento y la incondicionalidad que se entremezclaban en el sentir de ambos. 

Para ello John Bausor, diseñador de la escenografía y el vestuario de la ópera, se ha encargado de una cuidada selección de los espacios y de un montaje dirigido específicamente a crear una “atmósfera narrativa” similar a la que consiguió en el escenario de la Metropolitan Opera.

Eso explica la presencia de un gran árbol rojo de ramas venosas sostenido por andamios de madera que acapara el centro de la sala principal. Está concebido para evocar el carácter apasionado de Kahlo, su intensidad emocional y la fatiga arrastrada a causa de sus numerosas operaciones. Cuenta el propio Bausor que ese árbol es un reflejo de su universo interior: “Representa las venas de Frida, porque ella es dolor y amor, y su cuerpo es la representación de ello”. 

Visto desde esta perspectiva, la exposición sumerge al visitante en un recorrido que invita a trazar conexiones a través de las obras entre ambos artistas y a conocer a ambos mediante sus facetas más introspectivas. Al mismo tiempo, celebra su huella, aún perdurable. Pedro Luis Costa