Frida Kahlo rompe récords con un regalo para su amante

Frida Kahlo rompe récords con un regalo para su amante

El sueño (la cama) de la artista mexicana se convirtió, el pasado 20 de noviembre, en el lienzo más caro de una mujer, subastado por más de 54 millones de dólares.

El sueño (la cama) es una obra que encapsula, en muchos sentidos, la esencia de Frida Kahlo. Se trata, como no podía ser de otro modo, de un autorretrato de la artista en el que están presentes algunos de los temas que vertebran su trabajo, como la enfermedad o la muerte; todo ello bañado con esa pátina onírica e íntima que caracteriza sus obras.

Pero, yendo más allá, esta pintura tiene tras de sí una historia de desamor, lo cual fue también –por desgracia–, tónica general en la vida de la mexicana (y no solo por su tormentosa relación con Diego Rivera).

Al parecer, la artista pintó el lienzo con intención de regalárselo al fotógrafo norteamericano Nickolas Murray, quien fue su amante. Iba a entregarle la obra en agradecimiento por el apoyo que le brindó durante la época en la que Rivera le pidió el divorcio, que la pilló completamente por sorpresa: hasta aquel momento mantenían una relación abierta, los dos se veían con otras personas, pero ella no tenía la sensación de que eso fuese a causar el fin de su matrimonio.

"El sueño (la cama)". Frida Kahlo. 1940. Cortesía de Sotheby's.

Sin embargo, cuando estaba a punto de terminar el lienzo, Murray le anunció que iba a contraer matrimonio. Eso supuso otro mazazo inesperado para Kahlo, otro abandono que no era capaz de comprender y mucho menos de asimilar. La autora sintió entonces la necesidad de deshacerse del cuadro pero, para no decirle la verdad a su amante, mostrando así su despecho, le explicó en una carta fechada en 1939 que había tenido que venderlo por necesidades económicas. Sabemos que eso es mentira, pues no acabó de pintar la obra hasta 1940, que acabaría vendiendo por una suma de 400 dólares.

"Diego y yo". Frida Kahlo. 1949.

De esa inicial cifra irrisoria escaló a los 51.000 dólares en 1980, cuando Sotheby’s Nueva York la ofreció por primera vez. Ha habido que esperar otros 45 años para que alcance cifras astronómicas en la subasta Exquisite Corpus: Surrealist Treasures from a Private Collection. En ella, se ofrecían también obras de artistas como Dorothea Tanning o Max Ernst, entre otros.

Con su elevado remate, el cuadro de Kahlo ha desbancado del podio a Geogria O’Keeffee, quien hasta ahora tenía el récord de la mujer artista más cara de la historia, cuya obra cifrada en 44 millones de dólares se vendió en 2014. En segundo lugar se encontraba Louis Bourgeois con una de sus arañas, rematada por 32 millones y en tercero Tamara de Lempicka, con una pieza de 21,2 millones.

Con esta obra la propia artista mexicana se supera con mucho a sí misma, pues su anterior marca la ostentaba Diego y yo, vendida en 34,8 millones. Este era, además, el lienzo más caro de un artista latinoamericano, por lo que Kahlo, si bien ya había conquistado este ranking, suma ahora una cuantiosa cifra que hace más difícil aún que la alcancen.

Aunque con un monto mucho más discreto, hay otra pieza subastada en la misma sesión de Sotheby’s que se cuela entre las diez obras más caras de autores latinoamericanos. Se trata del Ídolo (Oyá/Divinité de l’air et de la mort) de Wilfredo Lam, rematado en 7,3 millones de dólares. Con ello se coloca en noveno lugar, por delante del Trovador de Rufino Tamayo.

Resulta curioso –e irónico– que Kahlo haya alcanzado cifras tan elevadas por una obra que ella vendió por un precio bajo y, sobre todo, de la que se quiso deshacer. Aun así ella, que escribió en numerosas ocasiones que la creación le resultaba terapeútica, sabría ver el simbolismo de que un cuadro que simbolizó el abandono y la tristeza haya marcado un hito en su carrera. Sofía Guardiola