El Prado se mira el ombligo
Plantear una exposición como un recorrido por los cambios que ha experimentado el museo en 25 años, –desde el 2000 hasta hoy– puede parecer una tarea imposible. Pero eso es Prado. Siglo XXI una muestra patrocinada por la Fundación Amigos del Museo del Prado y la Comunidad de Madrid, que no solo mira a los profundos cambios de la institución en este cuarto de siglo, sino que además, pretende apuntar al futuro inmediato –Salón de Reinos y reordenación de las colecciones– con argumentos que solo el incierto futuro puede cambiar. A veces viene bien mirarse el ombligo para comprobar lo mucho que se ha avanzado. TEXTO: Fernando Rayón.
Hace unos años, el Prado montaba a fin de año una pequeña muestra con las incorporaciones –donaciones, adquisiciones, daciones– al museo. No era grande, pero servía para constatar las novedades en la institución. Por eso organizar una muestra que incluya los últimos 25 años resulta una tarea casi imposible: son cerca de 1.000 nuevas piezas, algunas de ellas obras maestras indiscutibles de Fra Angélico, Velázquez o Goya.
Pero Prado. Siglo XXI es mucho más. Sus comisarios, Alfonso Palacio, Director adjunto de Conservación e Investigación, y Elena Cenalmor, Técnico de Museos en la Dirección Adjunta de Conservación e Investigación, ambos de la casa, han planteado un discurso más amplio que arranca con la aprobación de una ley propia (2003), nacida del acuerdo de todos los grupos parlamentarios y que ha propiciado su gran revolución: eficacia económica y administrativa, solidez de su proyecto científico, vocación investigadora y formativa, impulso educativo, desarrollo de su línea editorial, proyección exterior y pujanza comunicativa.
A partir del reconocimiento de aquel hito, el discurso se articula a través de 98 piezas: pinturas, esculturas, dibujos, estampas, fotografías, libros, documentos y material audiovisual.
Las obras –que abarcan desde la Edad Media hasta finales del siglo XX– son solo una muestra de lo que se ha hecho. El resto de las incorporaciones aparecen señalizadas en el resto del museo donde cuelgan. Entre las nuevas esculturas que el visitante habitual del Prado aún no había podido ver, destaca la Sagrada Familia con angelitos de La Roldana en terracota policromada que acaba de ser restaurada en el propio museo. Magnífica. Una pena que se haya quedado sin su compañera.
Pero el Prado mira también al futuro y el Salón de Reinos será la ocasión no solo para trasladar algunas obras que recompongan aquel espacio, sino muchas más que oxigenen el edificio Villanueva y permitan –según palabras de Alfonso Palacio– reunir, por ejemplo, la dispersa producción de Goya. Esperemos que para entonces los criterios del Ministerio de Hacienda hayan cambiado y vuelva a ser efectiva la dación en pago de impuestos que tan buenos frutos dio en el pasado.
La Exposición estará abierta hasta el próximo 27 de septiembre en las salas C y D del edificio Jerónimos. No olviden comprar el catálogo. Es de los que merecen la pena por los estudios y artículos que contiene. Una interesante exposición.



