El mayor robo de arte de la historia de España
Marquesa es el último libro de Peio H Riaño, pero también la historia de un expolio. “El mayor robo de arte de la historia de España” como subtitula el autor, no es solo una crónica sobre la vida de una mujer disfrazada de falsa aristócrata que cometió sus fechorías durante los primeros años de la posguerra española. TEXTO: Fernando Rayón
Las andanzas de María Teresa Álvarez Herreros de Tejada son una excusa para contar mucho más. La sedicente marquesa de Arnuossa, de Arnota, Arnossa, Arnora… o como quieran llamarla, es solo la punta del iceberg de un modus operandi sobre el expolio del arte español que el autor –no tengo ninguna duda– sigue investigando.
Dice Riaño que en la primera década de la posguerra se superó la cifra del expolio napoleónico entre 1808 y 1814. Y cuenta que solo “la falsa marquesa se apropió de más de 400 bienes culturales”, cifra que podría parecernos enorme si no viniera acompañada de otras más alarmantes: las obras que llegaron a los museos e instituciones españolas procedentes de las incautaciones de la época.
La obra más parece una tesis doctoral que una novela, pues incluye 245 notas a pie de página, y una abundante bibliografía que presagia nuevas publicaciones. Pero la que tenemos en nuestras manos avanza suculentos platos.
De algunas de las historias que cuenta, ya ha publicado ARS Magazine varios reportajes: las investigaciones de Arturo Colorado y de Patricia Fernández Lorenzo sobre los cuadros recuperados de la familia De la Sota. Pero a la vista de lo que hemos leído y de las cosas que apunta el autor, quedan miles de expedientes por resolver y, sobre todo, muchas historias que contar. Las que se incluyen en este pequeño volumen solo sirven como aperitivo.
La historia de María Teresa Álvarez es un relato transversal que llena muchas de las páginas del libro, pero que se va posando en expolios y líos varios. Su inseparable doncella Juana García, personaje real pero que necesitaría otro libro en exclusiva, entra en museos e instituciones como si fuera la cocina de su casa. No es de extrañar que a lo largo de todo el relato surjan nombres como El Greco, Velázquez, Goya… Nada se le resistía a la marquesa. Ni siquiera un Autorretrato de Rembrandt comprado por el Prado.
Como dice el autor, “La sangría de bienes artísticos es continua”, pero la falsa aristócrata tampoco es la única que descubrió lo fácil que era hacerse con obras de arte en los depósitos que acumulaban las obras incautadas en la guerra. Y es que María Teresa Álvarez Herreros de Tejada es una excusa. Un personaje novelesco para conocer lo que ocurrió entonces y cómo pudo suceder. Sorprende que algunas de aquellas historias estén saliendo a la luz en nuestros días, pero el asombro solo debe servir para saber que están allí y que deben ser investigadas.

