El ‘Guernica Africano’ de Dumile Feni y la reinvención de la violencia moderna
Museo Reina Sofía presenta una exposición que plantea un encuentro entre el Guernica (1937) de Pablo Picasso y African Guernica (1967) de Dumile Feni dentro del marco del programa La historia no se repite, pero rima.
Comisariada por Tamar Garb, la muestra desplaza el eje de reflexión hacia Sudáfrica, situando el apartheid como núcleo conceptual desde el cual pensar las relaciones entre arte, política, tiranía y violencia.
En ese contexto, la exposición no solo establece paralelismos formales, sino que abre una lectura crítica sobre los sistemas de opresión y las formas en que estos se inscriben dentro del lenguaje visual. El montaje genera un efecto revelador: el reflejo del Guernica en el cristal interactúa con la obra del sudafricano, estableciendo así una relación visual directa.
Ambas piezas comparten una estética monocromática, así como una teatralidad marcada por la iluminación frontal y un universo zoológico inquietante, donde los cuerpos –ya sean humanos o animales– aparecen distorsionados, grotescos, como si surgiesen de una pesadilla. La influencia de Francisco de Goya es palpable en esta imaginería oscura y perturbadora.
Sin embargo, la obra de Feni no reproduce a Picasso, sino que establece un diálogo profundo con él. En su African Guernica emergen figuras como una vaca de ubres prominentes alimentando a un bebé, imagen que oscila entre lo maternal y lo siniestro. La escena se desarrolla en un mundo fragmentado, donde lo visible convive con elementos sumidos en la sombra.
El dibujo, realizado con materiales precarios como carboncillo o lápiz sobre papel e incluso sobre periódico, revela tanto la urgencia expresiva como las condiciones materiales del propio artista nacido en Worcester.
Dumile Feni (1942-1991) trabajaba habitualmente en el suelo, dentro de espacios reducidos, desarrollando una práctica obsesiva del dibujo que lo acompañó toda su vida. Esa intensidad se traduce en unas composiciones monumentales que no encuentran equivalente en el panorama artístico de su tiempo.
Pero la exposición del Reina Sofía no se limita a sus reflexiones en torno a la obra maestra de Picasso; también incluye dibujos de los años 60 que amplían su universo. En uno de ellos, procedente de una colección privada de Johannesburgo, se presenta una escena apocalíptica, difícil de descifrar, que remite tanto a El Bosco como a imaginarios europeos del fin del mundo. En otro, se evidencian las condiciones sociales del apartheid: aulas abarrotadas, desigualdad estructural y la vida cotidiana de la población negra en Sudáfrica.
La producción de Feni incorpora además referencias a la cultura indígena, especialmente en el uso de formas cercanas a las máscaras tradicionales. A esto se suma su obsesión por la música –visible en la presencia de instrumentos como el saxofón– y su relación con la poesía, especialmente durante su exilio en Londres, donde su producción se volvió aún más introspectiva y fragmentaria.
Otro de los puntos clave es Hector Pieterson, un carboncillo sobre papel de 1987 realizado en Nueva York, donde el artista juega con la temporalidad y la memoria visual. La pieza remite a la célebre fotografía del asesinato del joven estudiante durante el levantamiento de Soweto, convirtiendo la imagen en un símbolo contra la violencia política.
Lo cierto es que esta a exposición no pretende ofrecer una visión totalizadora, sino más bien la mirada singular de un artista en un contexto específico. A través de Feni, se revela un ecosistema creativo donde fotógrafos, periodistas y músicos contribuyen a visibilizar una realidad marcada por la opresión.
El resultado es una muestra contenida pero profundamente elocuente. Un espacio donde dos Guernicas –separados por décadas y geografías– se encuentran para recordarnos que la historia, aunque no sea la misma, se siente familiar.



