El ‘desvío’ de Alberto Greco en el Reina Sofía
El museo presenta una retrospectiva del artista argentino donde el comisario Fernando Davis traza un recorrido por una trayectoria “torcida o a contramano” de Greco en la que habita “el desvío, el traspié y la desorientación”.
El Reina Sofía ha inaugurado esta semana Alberto Greco. Viva el arte vivo, en la que se reúnen más de 200 obras y documentos que recorren la corta trayectoria del artista argentino (que murió con apenas 34 años en Barcelona en 1965). Comisariada por Fernando Davis, trata de poner orden en una trayectoria difícil de definir, en la intersección de la pintura informalista, el pop art, el happening y la performance.
A esto se suma una capa de subtexto por la propia identidad de Greco. Davis lo definió durante la presentación como “un artista fundamental de la vanguardia experimental que desarrolló lo pueril, lo fantástico y lo cursi en su obra”.
La ambición de la muestra y los numerosos préstamos la convierten en “una exposición difícilmente repetible”, aclaró Manuel Segade, director del museo. A esto se suma la delicadeza de las piezas que, al combinar técnicas y materiales de una forma tan experimental, deben transportarse lo menos posible y con la mayor precaución.
Esta exposición inicia un pequeño ciclo de artistas argentinos, que incluirá a Marta Minujín “en un ambicioso proyecto que va mucho más allá de La menesunda”, confirmó Segade. Precisamente, el Reina adquirió en ARCOMadrid 2025 la obra Frozen Sex de Minujín.
Aunque se traza un eje cronológico a lo largo de 8 salas, la trayectoria de Greco es difícilmente resumible y pero lo explica bien el comisario, que habla de un artista que vive “el desvío, el traspié y la desorientación”.
Desde unos inicios relacionados con la poesía experimental del Buenos Aires de finales de los años 1940 –y que en la siguiente década le alineará con los intereses de la generación Beat, con el perfecto ejemplo de Aullido de Allen Gingsberg– pasando por su acercamiento al informalismo tras su primer paso por París de 1954 a 1956, hasta renegar de la pintura entre 1961 y 1963 con la fundación del arte vivo.
En la exposición la obra de Alberto Greco se puede dividir –si es fácilmente o no, depende del observador– en dos mitades: la pintura y dibujo por un lado y los textos y apariciones públicas por el otro. Las distintas salas parecen recrear a la perfección estas pulsiones, que le colocan en medio del informalismo y la performance (si es que estas dos manifestaciones se encuentran unidas por alguna clase de línea recta que recorre todos los posibles caminos que puede tomar un artista).
Sin embargo, la lectura que hace Davis de la producción del artista argentino va más allá de la contestación posmoderna a la pintura. Aunque Greco sí se unió al grito de “la pintura ha muerto” de parte de su generación –que cobró fuerza en la década de los 60, aunque existe la costumbre de matar a la pintura periódicamente desde el descubrimiento de la fotografía y hasta nuestros días–, lo hizo desde su particular punto de vista queer: “Greco usó el histrionismo como herramienta en contra de lo heteropatriarcal”, explicó el comisario.
También utilizó objetos encontrados en sus exposiciones de pintura tachista, que luego intervendría con su gráfica, además de mezclar óleo son esmaltes, brea, serrín, ramas o papel. “Ya entonces trataba las obras como cuerpos vivos”, argumenta Davis, “las dejaba a la intemperie, para producir cambios imprevistos, orinaba sobre ellas…”. Estos detalles preconizaban su arte vivo, que vendría a sustituir conceptualmente su obra pictórica.
Todas estas ideas llegan a su cumbre cuando se instala en Piedralaves y convierte todo el pueblo en una obra, en la que los actos de “autopropaganda” que ya había desarrollado en Roma y Buenos Aires, se convierten en parte de la escenografía de la población.
Segade, declaró que Greco “transformó Piedralaves en una obra de arte y actuó como nexo entre el arte de vanguardia de la primera mitad del siglo XX y lo que vendría después”.
La exposición podrá visitarse hasta el 8 de junio.




