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El bufón Francisco de Ocáriz, para el Prado

El retrato, que perteneció a la colección del marqués de Casa-Torres y, por herencia, pasó a la de la reina Fabiola de los Belgas, estaba en paradero desconocido desde hace décadas. Ahora, El Ministerio de Cultura, tras pagar una cantidad ligeramente superior a los 10.000€, lo ha depositado en el Museo del Prado. Esta copia da testimonio de la serie de bufones que pintó Velázquez para el Buen Retiro. Aún sin restaurar y pendiente de un estudio por parte del Gabinete Técnico del Museo, ofrecemos la primera fotografía de calidad de esta obra de singular interés.


A lo largo de su trayectoria profesional al servicio de Felipe IV, Velázquez pintó tres conjuntos de bufones. El género no era desde luego nuevo, pues desde el siglo XVI la colección real española contaba con ejemplos de este tipo – dejando a un lado los retratos en los que se incluía a estos personajes– realizados por Tiziano o Antonio Moro. Sin embargo, sí puede decirse que los del sevillano fueron los más numerosos y repetidos, pues por deseo del monarca se pintaron tanto para el Alcázar de Madrid, como para la Torre de la Parada y el Palacio del Buen Retiro, siendo este último espacio el que contó con mayor número de ejemplares.

La testamentaría de Carlos II de 1701, redactada un año después de la muerte del monarca, arroja un total de seis lienzos (números 608 al 613). Fueron pintados por Velázquez entre 1632 y 1636 en el contexto de la construcción y decoración del nuevo palacio construido para Felipe IV a las afueras de Madrid a instancias de su valido, el conde duque de Olivares.

Los avatares del conjunto del Retiro son bien conocidos y han sido tratados por cuantos han estudiado la pintura de Velázquez. Durante el siglo XVIII, pasaron a decorar el Palacio Real Nuevo de Madrid. Tres de ellos acabaron en el siglo XIX en el Museo del Prado; a saber: Pablo de Valladolid (hacia 1634; nº 608 del inventario de 1701),  El bufón Barbarroja (hacia 1636; nº 609 del inventario de 1701) y El bufón Juan de Austria (hacia 1632; nº 610 del inventario de 1701). Del resto de la serie se pierde la pista después de la Guerra de la Independencia (1808-1813), si bien hoy parece unánime que El bufón calabacillas (hacia 1632-1633; nº 613 del inventario de 1701) es el que se conserva en Cleveland.

De los otros dos, el denominado Cárdenas toreador (nº 611 del inventario de 1701) debe darse por perdido. También el Portero de corte (nº 612 del inventario de 1701), aunque de este último se conserva la copia que formó parte de la colección Casa-Torres y que es precisamente la que acaba de adquirir el Estado por una cantidad ligeramente superior a los 10.000 euros y que ha depositado en el Museo del Prado. No debe olvidarse la estampa al aguafuerte (Biblioteca Nacional de Madrid) que grabó Goya entre 1780-1785 cuando el original aún se conservaba en el Palacio Real de Madrid.

El personaje representado fue identificado por el profesor Cruz Valdovinos (Diego Velázquez, Vida y obra de un pintor cortesano, 2011, p. 170) con el portero Francisco de Ocáriz y Ochoa, activo en la corte desde 1632 hasta su muerte en 1638. El cuadro en cuestión es desde luego bien conocido desde que perteneció a los Casa-Torres, aunque su paradero se perdió tras el fallecimiento de su última propietaria, la reina Fabiola de los Belgas (1928-2014), que previamente había recibido en herencia la colección tras el fallecimiento sin descendencia directa del último marqués, Fernando Aragón y Carrillo de Albornoz († 1984).

Hasta ahora, la mejor imagen para conocer esta copia de Velázquez era la realizada por Hauser y Menet, publicada en 1922 en el Boletín de la Sociedad de Excursiones (tomo XXX). En un extenso artículo anónimo (aunque previsiblemente escrito por el propio VII marqués) con motivo de una visita a la colección el 18 de diciembre de dicho año. En él se da una pormenorizada información sobre la pintura, los avatares del original velazqueño, su supuesta autoría, otras supuestas copias y la procedencia de la misma (páginas 54-62).

Además de la fotografía de 1922, se conocía una segunda imagen a color de mala calidad del cuadro. De la confrontación de ambas, ahora también perceptible en la nueva fotografía realizada al cuadro y que aquí se ve por primera vez, se ha señalado que el original de Velázquez debió ser cortado en algún momento tanto por los laterales como por la parte superior. Curiosamente, la estampa de Goya (1780-1785) presenta el mismo aspecto que la copia de la antigua colección Casa-Torres, hecho que ayudaría a fecharla en el siglo XVIII, momento en el que previsiblemente se redujeron las dimensiones del original.

Con esta nueva adquisición, destinada por el Estado al Museo del Prado, se pone de manifiesto el interés por la investigación por parte de nuestras instituciones culturales. Aún sin restaurar y pendiente de un estudio técnico a cargo del Gabinete Técnico del Museo que permita conocer, entre otros aspectos, su cronología, con ella se coloca una pieza más del puzle para conocer completa la serie de bufones encargados por Felipe IV a Velázquez para la decoración del recién construido palacio del Buen Retiro.

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