En Mercado

El boom del arte filipino en España

El arte filipino se ha convertido en los últimos años en la tendencia de compra líder en las casas de subastas españolas, que han visto en él una fuente segura de ingresos. Ya desde el año 2016 se esbozó algún despunte casual con precios de remates incomprensibles en aquel momento y que ahora mismo, en 2019, no resultan nada extraños. Al contrario, más bien han servido a las casas para actualizarse y adaptar los precios a la clásica tendencia del mercado: oferta y demanda.

Su triunfo no se remite solo a la pintura, sino que también incumbe a las artes decorativas y, al igual que tienen un éxito arrollador las obras pictóricas de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, también lo logran objetos de artes decorativas ligados a la historia de filipinas, especialmente tallas religiosas de estilo hispano-filipino.

Es muy común ver cómo todo género artístico ligado a Filipinas termina positivamente con el mazo sobre la mesa, en muchos casos duplicando su precio inicial e incluso en alguna ocasión más excepcional, llegando a multiplicarse por 25, como en la Pareja de jóvenes tagalos ante un río (1879, ó/l, 105 x 73 cm) del buscado filipino Félix Resurrección Hidalgo (1855-1913). Partía de 40.000 y se remató en Segre por 1.125.000 euros.

Ocurre algo semejante con obras de artistas de renombre como Juan Luna (1857-1899) o Fernando Zóbel (1924-1984). Este último es, quizá, el más buscado en las subastas españolas, ya que e sus precios suelen ir al alza, elevándose considerablemente respecto al precio inicial. Por ejemplo:  287 Carbeca (ó/l, 80 x 65 cm) ascendió de los 40.000 euros iniciales, a los 260.000 por los que finalmente se adjudicó en venta privada; o, en menor medida, La presa (1975, ó/l, 60 x 60 cm) que subió de 45.000 a 65.000 euros.

Para entender estas subidas desorbitadas de precios, hay que conocer el perfil del comprador. En este caso, se trata de filipinos pertenecientes a una nueva clase social con un nivel adquisitivo muy alto, que vienen a España con afán de inversión de un emergente mercado de obras de su nacionalidad.

Preguntamos sobre ello al coleccionista Pico González, natural de Makati, quien afirma que la razón de la compra del arte filipino de forma general, pero más específicamente del estilo más clásico, responde al auge de gente multimillonaria en su país, que ve muy atractivo el arte filipino colonial o clásico como una buena oportunidad de inversión debido a los bajos precios de salida (a diferencia del arte contemporáneo nacional, que se ha encarecido demasiado en los últimos años).

A este factor, hay que sumarle además otro más importante, y es que esa nueva clase social está tratando de reconstruir su historia, cultura y costumbres mediante el arte, componiendo así su identidad nacional. Muchas de estas obras reflejan modos de vida y culturas ya desaparecidas, o muestran la influencia de la presencia colonial española.

Las piezas de las que se sirven para recuperar esa identidad van desde obra pictórica con imágenes de paisajes o escenas costumbristas, modos de vida, hasta vestimenta o retratos de personas. Ejemplo de ello son las 23 acuarelas de José Honorato Lozano (1821-1885), donde se pueden ver escenas de la vida de la colonia española, que constituyen un trabajo etnográfico que consta de 28 páginas bajo el título Álbum de J.A., firmado y fechado en 1857 (23,5 x 31,5 cm; lote 1109). Otro ejemplo, es el remate de la semana pasada en Segre de las dos tablas con Vista del puente Alfonso XIII sobre el río Agus, Marawi y Vista del Fuerte Nuevo de Marawi (1896, ó/t, 32,5 x 32,3 cm) del militar español José Taviel de Andrade, que subieron de los 8.000 euros iniciales hasta unos 32.000 finales.

El otro género que despierta el interés de estos coleccionistas son las artes decorativas, con un especial protagonismo de las piezas escultóricas de marfil y coral. Ejemplo de ello son las ventas de Alcalá Subastas como una Sagrada Familia en marfil hispano-filipina-, que desde su estimación inicial en 55.000 euros se remato en 95.000. También otras piezas como un Baúl mundo de cedro tallado, hierro forjado y dorado de Filipinas (siglos XVII-XVIII), vendido en la misma casa, que ascendió hasta los 16.000 euros desde los 3.000 en que se tasó inicialmente.

Es por ello que las casas de subastas nacionales han sabido sacar muy buen provecho de ello, como muestran los resultados de ventas obtenidos en 2018 y en lo que llevamos de 2019.

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