Desmontando el mito del samurái
El Museo Británico dedica una exposición a la mitología de este formidable guerrero de origen japonés, partiendo del hecho de que gran parte de lo que creemos saber sobre los samuráis es tradición inventada. El recorrido propuesto empieza en el campo de batalla, pero también visita la moda con un atuendo de Louis Vuitton inspirado en una armadura japonesa o estudia cada cinemática de los videojuegos ambientados en los distintos shogunatos de la historia de Japón.
Cuando uno piensa en un samurái suele imaginarse un disciplinado guerrero curtido en el sacrificio, blandiendo una katana y con un sentido del honor inquebrantable. Sin embargo, la realidad no siempre fue tan fantástica como la retrata Hollywood (véase El último samurái con Tom Cruise o Kill Bill de Quentin Tarantino).
Quizá por eso, el Museo Británico busca desmitificar a la élite guerrera posmoderna de Japón con una exposición –hasta el 4 de mayo– que explorar cómo esta ha desempeñado diversos roles a lo largo de sus mil años de historia; desde el campo de batalla, pasando por la moda y el cine, hasta los videojuegos más recientes.
La palabra samurái se usa con más frecuencia en Occidente, pero proviene del verbo japonés saburau, que significa servir. En Japón, históricamente se han utilizado los términos musha, bushi o mononofu para describir a los miembros de esta clase dirigente guerrera.
En cuanto a sus orígenes, la exhibición londinense cuenta que comenzaron como guerreros mercenarios en el siglo X, con los miembros de la corte imperial pagándoles para luchar en su nombre.
Durante el siglo XII, en el marco de una serie de rebeliones y batallas en las calles de Kioto, aprovecharon la inestabilidad para adquirir poder político y establecer el primer shogunato –un sistema de gobierno militar en época feudal– en 1185, con sede en Kamakura (al oeste de la actual Tokio).
En esta época de agitación política y guerras civiles era muy común que esta élite organizara reuniones sociales formales para fortalecer alianzas y estrechar lazos. Los anfitriones de estos encuentros se sentaban ante biombos con pan de oro, que eran muy populares durante el periodo Muromachi (1336-1573) y decidían sobre las relaciones con sus aliados y sirvientes.
A partir de 1615, tras una larga etapa de paz y el establecimiento del shogunato de Tokugawa (1603-1868), los samuráis se alejaron del campo de batalla para convertirse en un grupo social que también incluía a las mujeres. Hubo quien se convirtió incluso en mecenas, poeta o pintor, en un mundo donde las actividades intelectuales eran tan relevantes como el arte de la esgrima.
Para ilustrar la participación de miembros femeninos en este grupo de guerreros, el museo presenta a lo largo del recorrido parte de un uniforme de bombero para mujer. En aquella época los incendios eran muy frecuentes en Edo (actual Tokio), porque la ciudad donde residía el shogun estaba construida de madera.
Por esta razón, el gobierno militar estableció compañías de bomberos con samuráis de alto rango encargados de dar la alarma, supervisar la extinción de incendios y las evacuaciones, así como prevenir saqueos.
La muestra también ilustra cómo las samuráis que vivían y trabajaban en el Castillo de Edo recibían un entrenamiento similar y debían proteger los aposentos femeninos, donde los hombres –excepto el shogun– tenían prohibida la entrada.
Una de las chaquetas de lana expuestas en sala está decorada con apliques de seda satinada y bordados en hilo de oro. Asimismo, esta pieza femenina presenta motivos acuáticos de anclas con borlas entre las olas embravecidas.
Aunque en el siglo XVII estos personajes ya desempeñaban distintos roles en la sociedad japonesa alejados del campo de batalla, todavía requerían una armadura como símbolo de su estatus. En la muestra se puede apreciar una yoroi completa, compuesta por un casco de 1519, una armadura de 1696 y textiles decimonónicos.
La coraza de hierro de dicha pieza se inspira en la de los soldados portugueses, lo cual ilustra que, si bien los samuráis son un fenómeno natural de Japón, determinadas partes de su indumentaria no son exclusivamente locales. El estandarte dorado fijado en la parte posterior de la coraza tiene forma de hoja de iris y su propósito era hacer más identificable y temible a su portador.
La cartela de esta obra apunta que el casco solía ser la parte más antigua de cualquier vestimenta –de ahí la diferencia entre siglos que se señaló al principio entre el casco y el resto de la armadura–, y este en concreto fue fabricado por el prestigioso armero Myōchin Nobuie entre 1504 y 1554 aproximadamente.
A mediados del siglo XIX, los cambios sociales producidos con motivo del comercio exterior y políticos por la caída del shogunato, condujeron a la abolición del estatus hereditario de estos guerreros. Sus valores se convirtieron entonces en el mito del bushido; es decir, el camino del guerrero, cuyo código promovía el patriotismo y el autosacrificio.
En ese contexto, los visitantes extranjeros que llegaban a Japón se sentían decepcionados por la velocidad del cambio, de modo que decidieron obviar las nuevas tendencias y mantener los ejemplos tradicionales del periodo anterior para mostrar el carácter único del país.
Uno de los que sintió esa nostalgia por el pasado fue el conde italiano Enrico di Borbone-Parma, quien pasó siete meses en el país y encargó a un pintor que lo imaginara como un guerrero japonés.
Resulta interesante ver cómo el pintor lo representa con un arco y un carcaj con fechas, además de la katana que la mayoría asociamos con los samuráis.
En los siglos anteriores al shogunato de Tokugawa, el tiro con arco había sido el principal método de combate y lo continúo siendo en este periodo, como confirma un equipo de tiro con arco presente en la muestra, que incorpora un soporte decorado con el escudo de armas de los Tokugawa.
La mitología moderna de los samuráis surgió gradualmente a lo largo del siglo XX, a través de las interacciones entre Japón y el resto del mundo. Ha llegado hasta nuestros días con un predominio de imágenes idealizadas de estos personajes históricos.
Si atendemos al discurso de la muestra del Museo Británico, los videojuegos son una de las incubadoras más importantes de la imagen del samurái en la actualidad.
Un ejemplo es la franquicia Nioh, cuya tercera entrega está protagonizada por el heredero de un shogun, que tiene la tarea de detener la propagación de poderes sobrehumanos a lo largo de diferentes épocas de la historia de Japón.
Junto a este, la exposición también incluye fotogramas del popular videojuego Assassin’s Creed: Shadows, que en su momento generó controversia por incluir un personaje negro en su representación del Japón del siglo XVI. De esta manera, Samurái se aproxima de la manera más fiel posible a la historia de este grupo de guerreros premodernos, desde los campos de batalla del Japón medieval hasta la cultura pop global de hoy. Nerea Méndez Pérez






