Dalí, un “fanático” fantástico obsesionado con Freud
El Museo Thyssen-Bornemisza explora el universo freudiano en la obra del artista surrealista a través de la mirada del comisario Jaime Brihuega, que ha reunido 130 obras –entre pinturas, dibujos y esculturas– de Salvador Dalí y que acompaña de sus propios comentarios.
Esta es una exposición para dejar volar la imaginación y sumergirse en el peculiar universo de Dalí, siempre cargado de dobles sentidos, imágenes que pueden interpretarse de varias formas y detalles que disparan la fantasía. O simplemente la ocasión perfecta para ver, de nuevo juntas, más de un centenar de trabajos de nuestro pintor surrealista más universal.
El universo freudiano de Dalí propone un recorrido por la trayectoria del peculiar autor, marcada por las “manías, defectos y dones de juventud”, como él mismo confesó. Su progenitor era un notario que encarna como ningún otro la imagen de padre castrador descrita por Freud en sus libros; su madre, una figura idealizada tras morir prematuramente; y su hermana, un familiar con quien mantuvo una relación que traspasó lo fraternal. Por si esto fuera poco, recibió el nombre de ‘otro’ Salvador: su hermano mayor, ya fallecido.
Con estos mimbres como punto de partida, el comisario Jaime Brihuega ha planteado una lectura personal de la trayectoria de Dalí, fuertemente marcada por esos posos de la infancia; pero también por una obsesión por Sigmund Freud, cuyas teorías sobre el psicoanálisis estaban en el centro del debate en ese momento.
Tras viajar a París y sumergirse de lleno en la modernidad de las vanguardias, especialmente en el surrealismo de Breton –grupo del que fue expulsado, por sus declaraciones sobre Hitler–, parece lógico pensar que Dalí quisiera conocer a Freud, ya que había conseguido expresar en imágenes los fundamentos teóricos del subconsciente. Lo tuvo que intentar hasta cuatro veces, porque el psicólogo austríaco no estaba muy por la labor de conocer al enésimo de sus admiradores. Salvador viajó a Viena en 1937 con la esperanza de poder charlar con el autor de La interpretación de los sueños. Sin embargo, las tres veces que se acercó al despacho del austríaco obtuvo la misma respuesta: “El maestro no está”.
Nos devoramos mutuamente con la vista. Freud sabía poco de mí fuera de mi pintura, que admiraba. Sentí el antojo de aparecer a sus ojos como un dandi del intelectualismo universal”, Dalí.
Cuando por fin conoció a Freud en año después, este ya estaba exiliado en Londres. Pero el artista de Figueres no recibió la atención que esperaba del médico judío, al que enseñó sus escritos sobre el método paranoico-crítico. Sigmund ignoró las teorías dalinianas, aunque quedó fascinado por el tesón fanático del pintor y el cuadro que llevaba bajo el brazo: La metamorfosis de Narciso. “Sería muy interesante ver cómo se ha producido”, comentó.
Por su parte, el español recordaba el encuentro de la siguiente manera: “Hablamos poco. Pero nos devoramos mutuamente con la vista. Freud sabía poco de mí fuera de mi pintura, que admiraba […]) Sentí el antojo de aparecer a sus ojos como un dandi del ‘intelectualismo universal’. Freud exclamó dirigiéndose a Stefan Zweig: ‘Nunca vi ejemplar más completo de español. ¡Qué fanático!”
Mucho después de aquel encuentro fundamental, cuando la ciencia ya había virado hacia otros intereses como la teoría del caos o la relatividad, la obsesión freudiana de Dalí seguiría estando ahí, como se aprecia en las piezas finales de la muestra.
¿Y qué pinta La saeta de Julio Romero de Torres junto al Hombre invisible de Dalí? Es el primer golpe de efecto que plantea el comisario, dando a entender desde el primer momento que la propuesta no es una simple exposición de obras, sino una invitación a revisitar al artista en clave psicoanalítica.
Brihuega bucea así en el universo freudiano de Dalí, retomando un tema que ya planteó tímidamente en el Palacio Belvedere de Viena en 2022. Aquello parece un aperitivo, comparado con el despliegue actual por las salas del Museo Thyssen, en las que se presentan un total de 130 piezas, entre pinturas, dibujos, esculturas, periódicos y vídeos.
El recorrido que se plantea es tan particular, y tiene una lectura tan dirigida, que cada una de las obras se acompaña de un comentario. Esto permite contemplar dichas escenas bajo el prisma freudiano del artista, a menudo acompañado de connotaciones sexuales. Y es que si juntas a Freud, Dalí y Brihuega, lo normal es que surjan muchos falos.
No obstante, este último defiende “que cada una de estas joyas es una ventana a un mundo que te absorbe, cuyos significados nunca se cierran”. Que cada uno se quede con el que más le seduzca.
Dalí vuelve así a los museos españoles, tras la gran retrospectiva que el dedicó el Reina Sofía hace 13 años, con gran éxito de público, por cierto. Si la propuesta de entonces era una reunión de lo mejor y más relevante del autor, en esta ocasión lo que se ha buscado es mostrar su más que evidente vínculo con el padre del psicoanálisis.
El universo freudiano de Dalí cuenta con la colaboración de la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid, además está patrocinada por Natixis Corporate Investment Banking. Podrá visitarse hasta el 24 de enero de 2027 y los sábados de 21:00 a 23:00 horas será gratis, gracias a las Noches Thyssen con Uber que patrocina la empresa de movilidad. Sol G. Moreno




