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Blanca Muñoz, nueva académica de Bellas Artes


Ayer la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, a propuesta del profesor Antonio Bonet Correa, de la pintora Carmen Laffón y del escultor Juan Bordes, eligió como nueva académica de la sección de Escultura a Blanca Muñoz (Madrid, 1963), una de las mejores escultoras españolas de las últimas décadas, cuyas formas en acero expresan el movimiento y el contraste entre el volumen y el vacío para tejer estructuras espaciales complejas, no exentas de lirismo.

Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid a partir de 1989 se trasladó a Roma para continuar su formación en el Calcografia Nazionale del Istituto Centrale per la Grafica, becada por el Gobierno italiano. Posteriormente amplió su estancia en la capital italiana gracias a otra beca de la Academia Española de Historia, Arqueología y Bellas Artes. Y en esos años comenzó a definir sus primeras propuestas de grabados en chapa, atraída por las posibilidades poéticas del espacio y la luz, que le permitieron explorar las relaciones entre la escultura y el arte gráfico. Más tarde residió dos años en México para innovar los límites de la estampa, algo muy presente durante la década de los 90. Ese camino obtuvo reconocimiento con varios premios relevantes: desde el José de Ribera en Valencia (1991); el Carmen Arozena, un año más tarde en Madrid y La Palma; el Luis Caruncho en Marbella (1994), en 1999 el Premio Nacional de Grabado, otorgado por Calcografía Nacional, y ya en 2002, el Premio Villa de Madrid, Lucio Muñoz.

Como en toda trayectoria artística hubo un hito que marcó parte de su carrera: la exposición de esculturas al aire libre en la Fundación Olivar de Castillejo (Madrid), que le llevó a estudiar las transformaciones espaciales de las formas físicas en su relación con la luz natural. En ese momento fue alternando exposiciones de estampa con escultura, desde Art Cologne (2001) hasta Recapitulación en 2016, pasando por El universo transparente (Museo Reina Sofía, 2004), Noche y día (Galería Marlborough, 2004), Rompecabezas (Marlborough, 2008) o Circunnavegación 1990-2013 (Sala 31 de la Comunidad de Madrid, 2013), así como sus numerosas participaciones en ARCO desde 1997.

A lo largo de su quehacer plástico la exploración de los volúmenes también le llevó a experimentar con el diseño de joyas, territorio en el que aplicó los conceptos escultóricos jugando con la reducción de la escala y adaptado a las formas corporales como se pudo ver hace nueve años en la joyería Grassy de Madrid. Además ha intervenido con sus formas en varios espacios públicos, adaptando las mismas al paisaje urbano como su Leónidas (estación Príncipe Pío de Madrid, 2004), Perseida II (Parque de la Curva, Elorrieta, Bilbao, 2005); Géminis (Torre CEPSA de Foster, Madrid, 2009); Talismán (Fundación March de Madrid, 2016), y Altiva (Fundación Masaveu, Madrid, 2019), entre otros proyectos.

Pero si hay algo que distingue a esas singulares formas quizá sea esa sensación de ligereza conferida por la luz que desprenden porque como sugiere Carmen Laffón: «La precisión y el acierto en los materiales empleados, la elegante aplicación de esas varillas que generan una lectura de trazado y el dibujo, las perforaciones y cortes que introduce en las planchas de acero o el color sabiamente añadido que enriquece el conjunto de la escultura y acaba por adquirir un valor poético, son muestra de las posibilidades de los hallazgos que Blanca Muñoz ha encontrado y desarrollado en su trayectoria artística».

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