Bernini y Barberini, la alianza que dio origen al Barroco
Uno fue el escultor más grande de la Europa del Seicento; el otro, la figura más poderosa de toda la Cristiandad entre 1623-1644, y juntos crearon un movimiento artístico universal cuyo mejor legado descansa en Roma. Ahora el Palacio Barberini, la Basílica de San Pedro y Santa María la Mayor aúnan fuerzas para explorar esa relación entre el artista y su mecenas más fiel.
Gian Lorenzo Bernini fue el escultor más grande del Barroco. Un genio capaz de medirse de tu a tu con el mismísimo Miguel Ángel, gracias a figuras como su extasiada Santa Teresa o su inefable Proserpina, donde el mármol se hace carne.
Pero tal vez nada de eso hubiese sido posible sin la complicidad de su amigo Maffeo Barberini, el joven huérfano de padre enviado a Roma para formarse junto a su tío que llegó a Sumo Pontífice. Juntos se aliaron para liderar la escena cultural romana y desarrollar un movimiento artístico que les permitiese escribir con letras de oro sus nombres en la Historia.
Y así fue. Porque esa simbiosis mecenas-artista, que traspasó los límites profesionales, dio origen a uno de los momentos más gloriosos de la Edad Moderna (el Renacimiento de Leonardo, Rafael y Miguel Ángel había dejado el listón muy alto, pero el arquitecto, pintor y escultor nacido en Nápoles en 1598 consiguió igualarlo).
Esa fructífera relación es el hilo conductor de Bernini y los Barberini, una muestra que reúne cerca de una treintena de sus imponentes esculturas como el mejor ejemplo de ese barroco gestado al amparo de su poderoso protector, cuya familia medró en la Italia del siglo XVII hasta que llegó Inocencio X y tuvieron que huir a París.
El recorrido, concebido por Andrea Bacchi y Maurizia Cicconise en torno a seis apartados, se desarrolla en las salas del Palacio Barberini. No podía ser de otro modo, tratándose de esta propuesta que sitúa al más grande autor del Seicento frente a su patrocinador más fiel. Pues a pesar de trabajar para siete Papas, Bernini alcanzaría las mayores cotas de su arte con Urbano VIII, a través del Baldaquino de San Pedro o la tumba de mármol y bronce diseñada para el Pontífice, por citar solo un par de ejemplos.
Con esta exposición, el museo romano quiere seguir apostando por las muestras blockbuster con nombres de primer nivel para acaparar un público de masas. Y si el año pasado cosechó grandes éxitos con Caravaggio 2025, ahora propone otro artista a la altura del Merisi: Gian Lorenzo Bernini.
El autor napolitano enseguida conquistó Roma con su estilo naturalista y esa capacidad innata para convertir el duro mármol en carne turgente; tanto, que parecía estar vivo. Basta con recordar esa mano de Plutón hundiéndose sobre la nalga de Proserpina o la mano de Dafne, cuyos dedos parecen convertirse en hojas casi ante nuestro ojos, a tiempo real.
Ninguna de estas dos obras maestras de la Galería Borghese viajará al palacio vecino, pero la institución sí ha prestado su busto de mármol del cardenal Domenico Ginnasi hecho por Giulio Finelli –aunque inicialmente se atribuyó a Bernini– y el Autorretrato pintado hacia 1635. También estarán presentes otras piezas igualmente relevantes venidas de museos internacionales, como el busto de Pablo V de la Getty, el Retrato de Francesco Barberini procedente de la National Gallery de Washington o el San Sebastián del Museo Thyssen.
Pero esta muestra, que podrá visitarse en el palacio museo hasta el 14 de junio, no es el único lugar donde se celebra la excelente relación de Bernini con la familia Barberini. Porque en la Basílica de San Pedro, y con motivo del 400 aniversario de su consagración en 1626 por parte de Urbano VIII, se ha organizado también un recorrido especial diseñado para la ocasión en torno al escultor-arquitecto encargado de la remodelación del templo.
Hasta el 30 de junio, el visitante de San Pedro que pague una entrada especial podrá disfrutar de una visita guiada por el monumento a Matilde de Canossa, el exterior de la Capilla del Santísimo para la cual el artista creó el Sagrario, la estatua de San Longinos y el mencionado Baldaquino, antes de culminar el recorrido frente al monumento funerario de Urbano VIII y la famosa columnata exterior.
Todo para comprender mejor esa conexión entre el mecenazgo papal, el arte y la espiritualidad que transformó profundamente la ciudad de Roma, a través de dos de sus principales protagonistas.
Y aún queda una tercera opción para descubrir esos vínculos entre Bernini y los Barberini, más allá de las fuentes romanas del Tritón y las Abejas con el emblema familiar que se pueden visitar de forma gratuita. Porque la Basílica de Santa María la Mayor se suma a este proyecto con su propio recorrido por algunos de los hitos que posee del escultor.
Todos los jueves plantea una visita guiada centrada en los recuerdos y la vida del artista bajo el título Bernini en Santa María la Mayor: el genio entre el arte y la fe.
Un recorrido que repasa el Baptisterio con el relieve de la Asunción de la Virgen, la escultura de Felipe IV o la famosa escalera helicoidal. La visita acaba en las terrazas, desde donde se ven tanto el lugar donde se encontraba el primer taller del escultor como la inconfundible cúpula de San Pedro. Sol G. Moreno





