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Así descubrimos el posible bernini

El historiador Javier Andrés Pérez, conservador del Museo Nacional de Escultura de Valladolid y redactor del informe de la pieza que se retiró la semana pasada en La Suite, explica algunos detalles sobre la escultura que representa la Personificación del río Ganges.



El viernes 26 de noviembre un supuesto Bernini salía a subasta en Barcelona, mezclado con un catálogo de esculturas medievales y pinturas virreinales americanas. Poco antes del inicio de la sesión, el lote fue declarado inexportable por el Ministerio de Cultura, motivando que su propietario decidiera retirarlo de la subasta para estudiarlo con detenimiento.

Detrás de esta decisión había unos informes técnicos. Semanas atrás, en el Museo Nacional de Escultura observamos que una pieza destacaba en el catálogo de la sala La Suite de Barcelona. Se trataba del lote 54: una figura alegórica algo descontextualizada y presentada como Vulcano. Sin embargo, la identificación de la correcta iconografía de la pieza era otra: se trataba de la alegoría del río Ganges en la Fuente de los Cuatro Ríos, de Gian Lorenzo Bernini.

La posición de la figura correspondía con la trasladada al mármol en la célebre fuente romana fechada entre 1648 y 1651, aunque con ligeras variaciones. El paso siguiente consistió en recurrir a la memoria visual y vincularla a un conjunto al que hubiera podido pertenecer. Pensando en un soporte para la misma, recordé la versión en bronce de la fuente, considerada obra de Gian Lorenzo Bernini, que había sido expuesta en 2016 con motivo de la muestra De Caravaggio a Bernini. Obras maestras del Seicento italiano en las Colecciones Reales. Tras consultar la ficha del catálogo, firmada por Leticia de Frutos, se confirmó que las cuatro figuras de los ríos estaban ausentes.

El siguiente paso fue valorar una correlación de proporciones entre las dimensiones del lote 54 (25 x 24 x 13 cm) y del bronce existente en Patrimonio Nacional (156 x 91 x 80 cm). Ante la imposibilidad de unir ambas piezas físicamente, la propuesta fue trasladada a los órganos competentes con todas las reservas, con objeto de que fueran realizadas las comprobaciones pertinentes si se estimaba oportuno.

Es importante tener en cuenta la trayectoria de la versión en miniatura de la fuente conservada en Patrimonio Nacional. Está bien documentada en las Colecciones Reales desde 1668, figurando en la Pieza de Despacho de Carlos II –previamente de Felipe IV-, según una descripción realizada por Cosme de Medici tras su visita a la corte madrileña, así como en el inventario del Alcázar realizado en 1686, donde se sitúa en la Galería del Cierzo del mismo. Después del incendio de 1734, figura entre las pienzas salvadas y aún en 1773 estaba, según un inventario del Archivo General de Palacio, en los entrepisos del Nuevo Palacio Real a la espera de restauración y destino. En ese mismo espacio la describiría Antonio Ponz poco más tarde en su descripción del Palacio Real incluida en el tomo VI de su Viage de España. En el inventario redactado tras la muerte de Carlos III figura una vez más la maqueta completa con todas sus figuras. En todos los casos se indica que la Fuente poseía las armas de Felipe IV.

En algún momento del siglo XIX, el conjunto fue expoliado y las figuras alegóricas en bronce desaparecieron, quedando en paradero desconocido. De todas ellas, solamente se conserva la figura de un león, hoy en día en colección privada italiana.

La posibilidad de que el lote que salió a subasta corresponda con la fuente de las Colecciones Reales es compleja. Sin poder unir ambas piezas –considerando que el lote 54 estaba montado sobre una base posterior en madera patinada–, no es posible hacer una comprobación exacta de los anclajes que unirían las partes separadas. Este hecho dificulta una confirmación definitiva, sin olvidar que sería aconsejable contar con el sustento científico de unos análisis metalográficos de materiales, así como de las técnicas de fundido y dorado. Sin realizar estas comprobaciones resulta difícil verificar la correspondencia de ambas, más allá de las valoraciones puramente estilísticas.

En todo caso, nada sería más deseable, desde el punto de vista de las colecciones públicas, que un conjunto con tanto peso histórico como el bronce de Patrimonio Nacional se completara con las piezas que faltan para el disfrute de toda la sociedad. Javier Andrés Pérez.

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