ARCO celebra sus 45 años mirando al futuro y con un nuevo premio de adquisición
La feria regresa a Ifema con 211 galerías, un tercio de ellas españolas en pie de guerra por el IVA. Cumple 45 ediciones con la vista puesta hacia adelante, cerrando nuevas colaboraciones con Catapulta y la National Gallery de Canadá, y apostando por trabajos reivindicativos como el de la activista afgana Kubra Khademi.
ARCOmadrid cumple 45 años y, en contra de lo que haría cualquier otra institución, decide mirar hacia adelante para celebrarlo. Sin echar la vista atrás a esas cuatro décadas ininterrumpidas que le han llevado a convertirse de una cita experimental en los años ochenta a todo un estandarte del arte contemporáneo en el siglo XXI. Porque hace tiempo que marca el ritmo del mercado en nuestro país, por mucho que hayan surgido otras citas en torno a ella en la Semana del Arte.
Esta vez confluyen 211 galeristas –tres menos que el año pasado– de una treintena de países, con un 66% de participación extranjera. Y eso, que siempre ha sido el mejor reclamo de una cita que se ha esforzado por conseguir proyección internacional, se está convirtiendo ahora en un problema. Porque un tercio de los participantes –nuestros representantes españoles– no solo están en inferioridad numérica, sino también en desventaja competitiva por culpa del IVA (a pesar de las huelgas y de los encierros en museos para reclamar una rebaja, sigue siendo del 21%).
Supongo que por eso los españoles han tratado de no llevar piezas de los mismos autores que ofrecen sus homólogos europeos, porque ya el año pasado más de uno iba fanfarroneando de poder garantizar un precio por debajo de cualquier obra presente en una galería nacional. Aunque esas coincidencias no siempre se pueden evitar con nombres tan establecidos como Tàpies, que se puede ver tanto en Lelong como en Guillermo de Osma.
Este año se ve mucha pintura por los stands, aunque el tejido y la escultura han ganado peso, equilibrando un poco la balanza (que siempre ganará el óleo). Plensa, Uslé, Barceló y Juan Gris encabezan la nómina de artistas españoles millonarios, aunque tiene guasa que sea precisamente un bodegón de este último –fallecido en 1927– el que se alza como uno de los trabajos más caros de esta feria de arte contemporáneo.
Por los pasillos de los pabellones 7 y 9 de Ifema –que ayer estaban llenos a rebosar de artistas, coleccionistas y profesionales del sector– se pueden ver hasta el 8 de marzo piezas tan dispares como una fuente con agua de la española Leonor Serrano Rivas, la instalación móvil de la chilena María Edwards o las esculturas de plástico del austríaco Franz Kapfer.
Me alegra descubrir alguna pieza de David Rodríguez Caballero en Mayoral, porque eso significa que este artista damnificado de la extinta Marlborough ya ha encontrado galería que le represente. La delicadeza de sus piezas orgánicas, hechas de aluminio, se asemeja al cuidado con el que Juan Zamora trabaja sus dibujos vegetales, que cuelgan de Espacio Valverde.
Calzones y pantalones colgados, trabajos de ensamblage con superficies espejadas donde hacerse selfies, frutas que dudo se mantengan frescas hasta el fin de la feria, decenas de pinturas, fotografías del recientemente fallecido Martin Parr y un sinfín de propuestas apabullan al visitante que aspira a abarcarlo todo; una misión imposible, si no se selecciona mínimamente por gustos, formatos o incluso pasillos.
Lo que es seguro es que, de entre los millares de piezas presentes en esta edición de ARCO, la de Kubra Khademi no se la va a perder casi nadie. Su Díptico 07 pintado al gouache con pan de oro ha acaparado titulares en los medios como antaño lo hacían las piezas de Sierra o Merino. Y todo porque representa una orgía lésbica protagonizada por mujeres poderosas de la política internacional como Angela Merkel, Ursula von del Leyden, Kamala Harris o Hillary Clinton.
Esta pintura y el resto de desnudos de la artista presentes en Eric Mouchet impactan en un primer momento por lo evidente. Sin embargo, su significado va más allá del erotismo, porque en realidad esconde un mensaje más potente: Pan, trabajo, libertad. Justo las tres palabras que coreaban las mujeres de su país cuando los talibanes regresaron al poder en 2021.
Khademi tuvo que huir a Francia tras ser condenada a muerte por su activismo (en la última performance, andaba por las calles de Kabul con una armadura puesta). Fue entonces cuando escribió una carta a todas esas figuras femeninas con cargos internacionales para que actuasen contra el gobierno de Afganistán. Naturalmente no recibió respuesta, por eso ha querido traer sus reclamaciones a la feria, “para que todos puedan ver y sentir que el mundo puede cambiar hacia un matriarcado”.
Entre las novedades de esta 45 edición, cabe mencionar el espacio comisariado “ARCO2025, el futuro por ahora”. Todo un reto, según adelantó Maribel López durante la presentación, porque se plantea como un espacio de debate sobre los nuevos horizontes que vendrán; y que, de momento, está dominado por esculturas y piezas orgánicas que exploran la tercera dimensión. Aquí no hay tabiques, tampoco paneles. El recorrido se significa del resto porque está guiado por cortinas que permiten adivinar lo que hay tras ellas antes de descubrirlas por completo.
Otra de las novedades tiene que ver con una nueva colaboración vinculada (indirectamente) a la National Gallery de Canadá. Se trata de una iniciativa en la que participa Catapulta, asociación financiada por un grupo de filántropos y mecenas que actúa como lobby a favor de los creadores y los agentes del arte nacional.
Por primera vez, van a conceder el Premio Adquisición Catapulta para comprar obra de autores españoles que, seguidamente, donarán a museos internacionales (esta vez al canadiense). ¿Pero de qué manera? “Nuestra asociación aportará una cantidad de dinero, cifra que será igualada por el museo extranjero”, explican. En esta primera edición, la afortunada ha sido June Crespo. Un granito de arena más para que ARCO siga asegurándose buenos resultados y para que nuestros artistas consigan cruzar el charco. Sol G. Moreno







