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Alegorías contemporáneas de Paulette Tavormina

Coll & Cortés trae a Madrid a Paulette Tavormina, una fotógrafa neoyorquina que se mueve entre el siglo XVII y el XXI de manera excepcional. Sus obras, que toman inspiración en las naturalezas muertas del 1600 en adelante, combinan la pericia técnica con un ojo especialmente entrenado para discernir los pequeños detalles que crean una gran pieza. «Cuando coloco estos objetos en relación entre sí, que puede no ser evidente, cuento mi historia personal», explica la artista, con la que charlamos en la galería. 

La exposición Seizing Beauty pone en relación sus fotografías con bodegones del arte barroco español e italiano de la galería madrileña. Abrió sus puertas el pasado 12 de junio y podrá verse en la capital hasta el próximo 28 de septiembre. Esta muestra sigue a la organizada por Colnaghi (galería hermana de Coll & Cortés) en Londres en mayo de 2017 bajo el mismo título y con la misma premisa.

*Felicidades por la exposición, es fantástica.

*Gracias, sí, es preciosa, estoy muy contenta con el resultado.

* Hace un uso de los escaparates de la galería bastante novedoso, con las naturalezas muertas recreadas con objetos reales, es muy impactante. He oído que estuvo muy implicada en la creación de estos trampantojos.

* En efecto, es muy parecido al proceso que llevo a cabo en mis fotografías, busco todos los elementos y los dispongo en el espacio. La galería ya contaba con algunos maravillosos objetos, así que los hemos aprovechado.

*En cuanto al concepto detrás de sus obras, es interesante considerar que su criterio es más parecido al de los artistas del barroco que al de los contemporáneos. ¿Este enfoque es intencionado o ha evolucionado de manera natural con los años?

*Creo que se debe a que siempre he sido una coleccionista de objetos. Existe un libro titulado  La magia de los objetos que encuentro muy inspirador. Desde que era una niña me han encantado los objetos curiosos y también el contar historias con ellos. Creo que al final es una evolución de lo que te hace feliz, intelectual y estéticamente. Cuando trabajo en una foto, y hago mi investigación –hay gran cantidad de investigación involucrada-, esta consiste en ir a museos, consultar libros, ir a casas de subastas, ver muchas imágenes y por último encontrar los objetos perfectos para ella. Frecuento muchos mercadillos, como el de París. Se trata de coleccionar cosas, y de tenerlas en consideración cuando voy a crear una imagen nueva. Pero se trata de un trabajo muy laborioso, algunos objetos que crees que van a cuadrar en un lugar determinado, no lo hacen, y te pasas días intentando reorganizarlos para que tengan un aspecto armonioso (al menos para mí). No es hasta que me “enamoro” del resultado que puedo disparar mi cámara. Requiere una gran cantidad de trabajo y, a veces, pienso que no voy a conseguirlo. O bien los vegetales no van a tener un aspecto bueno todos juntos, o los colores no van a funcionar, pero algunas veces, con mucha paciencia y trabajo, todo cobra sentido.

* Claro, porque hay muchos elementos que coordinar. Acerca de lo que comentaba sobre el color, el tamaño y la textura, hay pocas variables que deje al azar pero aun así no se perciben como imágenes excesivamente editadas.

* Sí, hay una foto en particular, una que contiene melocotones y campanillas que fue especialmente difícil. Yo vivo en Nueva York, y mi apartamento es a la vez mi estudio, así que cuando decidí qué quería fotografiar, fui al mercado y conseguí las frutas y una mata de campanillas, que coloqué en mi casa. Estas flores solo se abren por la mañana así que tuve que tenerlo en cuenta cuando las recogí, porque trabajo con luz artificial y todas las persianas cerradas. Tenía todo en su sitio, todo perfectamente colocado, los melocotones, las ramas y cuando fui a colocar las flores estas se desintegraron entre mis dedos, son muy delicadas. Así que tuve que esperar a la siguiente mañana a que otras flores se abriesen. Utilicé las que habían estropeado también, pero la segunda vez fui más cuidadosa. Pero siempre hay errores, pequeñas cosas que ocurren. En otra foto dentro de la serie que hice con peces, había arreglado las flores y había encontrado un fantástico bol quebrado, exactamente lo que quería, introduje los peces en él y, de repente, vi una pequeña oruga aparecer en las peonías y lilas que había traído a casa, no tuve ni idea hasta ese momento, pero ¡era perfecto!

* Sus primeras creaciones eran más parecidas a los bodegones de Sánchez Cotán y a los de Heda Claesz. ¿Eligió a estos artistas por alguna razón en particular? Porque en mi mente veo  a Cotán como el fundador del estilo de la naturaleza muerta tal y cómo la conocemos, y quizá a Claesz como la versión refinada deseada por todos.

* Sí, creo que me atrajeron en un primer momento los iconos del género y su evolución. Si pensamos en la pintura holandesa, en cuestión de quince años cambia radicalmente, me intriga cómo los pintores pasan de pintar el día a día sencillo -pan, leche, pescados…- al momento en el que sus comitentes prosperan y los temas cambian. Me fascinaba ese cambio. Entonces flores exóticas aparecen en los lienzos y los demás caprichos de los clientes, como loros y conchas de lejanos países. Adoro la idea de cómo el comercio llevó a esa gente a prosperar y cómo llegaron a sus puertas objetos de otros mundos, que serían representados en los cuadros.

* Hablando del progreso en la obra de los artistas, cuando se mira a sus primeros trabajos se puede apreciar una evolución hasta las últimas producciones. De las naturalezas muertas pasó a las vanitas, que representan un reto por la cantidad y el exotismo de los objetos que aparecen, y últimamente con los trampantojos, que parecen los más complejos de todos por el reto que supone dotar de profundidad a una escena que es, esencialmente, plana. ¿Coincide con este análisis?

*Sí. Cuando comencé a trabajar con las vanitas pensé que aquello sería lo más complicado, tenía seis en mente y cada una debía ser completamente distinta y tener un tema diferente. Eso significaba un trabajo exhaustivo de investigación de todo el decorado. De hecho acabé conviviendo con una calavera, y tuve que acostumbrarme a ello, vivía y dormía frente a ella. Tuve que replanteármelo, y la bauticé Merlyn, para humanizarla un poco. Esa fue una serie bastante dura. Fue realmente compleja, muchos objetos que encontrar, así que cuando viajaba a Londres o a París frecuentaba los mercadillos para ver que encontraba. Pero eso es parte de la diversión. Una vez hube terminado las vanitas pensé que podía atreverme con los trampantojos. Es un tema que siempre me ha interesado, porque son objetos que están contando una historia. Cuando coloco estos objetos en relación entre sí, que puede no ser evidente, cuenta mi historia personal. En lo técnico, tienes que prestar atención a las sombras y las texturas, un trampantojo busca “engañar al ojo”, un espacio bidimensional que tiene que parecer tridimensional, así que tengo que cerciorarme de que cada pequeño detalle tiene su propio espacio. Para mí son especialmente personales, sobre todo  la historia de amor que hice como cabeza de serie, mis padres salen en ella, también mi nuevo marido.

* Es interesante, porque aunque se alude a la carga personal que infunden los artistas en su obra, normalmente se trata de algo figurado. En su caso es algo muy concreto, su historia. Los que tienden a interpretar el trabajo de un artista como un gesto autobiográfico están en lo cierto en esta ocasión.

*Definitivamente mi trabajo es muy autobiográfico. En la historia de amor aparecen los anillos de compromiso de mi marido y mío, y nuestros nombres aparecen por algún lado. Mis padres aparecen, y también Venecia, adonde viajé con mi madre. Lo que ocurrió es que una vez terminada la fotografía no fui capaz de deshacer el tablón que había creado. He pensado en meterlo en una urna de cristal, y convertirlo en el original, y quedármelo. Esto lo relaciono con un artista al que admiro mucho, Joseph Cornell, y sus “cajas de sombras”. Quizá sea una futura serie, en la que coloque mis objetos personales y cree distintas historias.

* ¿Se siente cómoda con cómo sus obras hablan sobre usted? Es parecido a contar un secreto íntimo ¿Cómo asimila la mirada del público?

*Yo… es una pregunta interesante… en efecto es muy personal. Me gusta suponer que cuando la gente observa una obra de arte no están realmente pensando acerca de quién la creó sino, con suerte, en ellos mismos. Por lo tanto creo que el público toma lo que ve y lo interpreta a su propia manera, y quizá desencadene alguna emoción, en vez de pensar “ella nos está enseñando algo”… deben interpretarlo como que así es como nos podemos sentir, y eso pertenece a todo el mundo. Héctor San José. @hectorsanjose_

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