El Thyssen crece con una nueva sede
El Ministerio de Hacienda anuncia la cesión y rehabilitación del antiguo Palacio de Hielo y el Automóvil para la ampliación del museo nacional que albergará un conjunto de 189 obras donadas y 176 prestadas por Francesca Thyssen-Bornemisza.
Ayer por la mañana se palpaba la expectación en el salón de actos del Museo Thyssen-Bornemisza. A una apresurada convocatoria antes de ayer por la tarde le siguieron especulaciones varias sobre el contenido de la rueda de prensa en la que iban a comparecer los ministros Arcadi España –Hacienda– y Ernest Urtasun (Cultura).
La escueta misiva de Cultura solo mencionaba que se tratarían “novedades y el futuro” de la institución. Pero recordando que en la última exposición del TBA21 en el Thyssen Solana declaró que esa dirección curatorial “era el futuro del museo”, muchos sospechaban que la hija del barón podía tener algo que ver.
Pasada la hora de la convocatoria comenzaron a aparecer con cuentagotas los miembros del patronato (acababan de celebrar una sesión): Juan Antonio Pérez Simón, María Ángeles Albert, el propio Urtasun, Borja Thyssen… A este último le acompañaba su mujer, Blanca Cuesta. Por su parte, Francesca apareció con el equipo de su fundación, Rosa Ferré, su marido Markus Reymann, sus hijas, Gloria y Eleonore, y hasta su tercera nieta casi recién nacida, Cosima.

No es habitual ver a tantos Thyssen bajo un mismo techo, ni siquiera en el museo que lleva su nombre; pero la ocasión merecía la pena, ya que el ministro España anunció la cesión a la Fundación Colección Thyssen-Bornemisza del Palacio del Hielo y el Automóvil, en la calle Duque de Medinaceli, tan solo a unos metros de la institución, para exponer 365 obras procedentes de la colección de Francesca (186 de ellas donadas y 179 en préstamo a largo plazo no remunerado).
Hacienda se hará cargo del coste de las obras de adecuación del edificio, valoradas en unos 90 millones de euros. Por su parte, las piezas que albergará han sido tasadas en un total de 26 millones de euros (16 millones las donadas y 10 millones las prestadas). Aunque no se ha mencionado en la rueda de prensa, el plazo para la inauguración de esta ampliación es de seis años: en 2026 se definirá la convocatoria de los proyectos de rehabilitación, entre 2027 y 2028 se redactará el proyecto ganador y las obras comenzarán en 2029 con una fecha de entrega estimada en 2032.
Así, se consuma la ampliación del Museo Thyssen, que ganará más de 10.000 metros cuadrados destinados a exposición; además de otros 9.000 que se destinarán a aulas, talleres de restauración y almacenes, entre otros usos, y un patio-jardín de 1.500 metros cuadrados en el que se organizarán eventos y que servirá “de refugio climático”, según el ministro Urtasun, que se ha referido a este proyecto como “una de las operaciones culturales más relevantes en Europa en las próximas décadas”.
A las intervenciones de los ministros les han seguido las del director gerente, Evelio Acevedo –que actuó de maestro de ceremonias– y del director artístico, Guillermo Solana. El primero ha destacado que “no solo se trata de una ampliación del espacio, sino una transformación estructural orientada al futuro”. El segundo ha trazado una cronología de cómo se ha fraguado esta donación durante los últimos 20 años: “En 2008 desde la dirección nos empeñamos en convencer al patronato de que los artistas vivos debían volver a formar parte del museo y que debía ser a través de la colaboración con TBA21 y Francesca. Nos costó diez años, pero en 2018 hicimos la primera exposición juntos y en 2019 firmamos un acuerdo que sigue vigente. El Thyssen no puede adquirir obras por sí mismo, pero en sus estatutos si está estipulado que las colecciones pueden crecer a través de donaciones de la familia”.

Un tecnicismo que ha alentado también la construcción de la colección de Borja y Blanca, a los que Solana asesora y que se expondrá el verano que viene: “Es un conjunto distinto al de Francesca, lo complementa”, ha aclarado el director artístico. También ha mencionado que no es la primera vez que el museo se expande de esta manera, ya en 1999 la colección Carmen Thyssen requirió una nueva ala que se inauguró en 2004.
La sorpresa ha sido la intervención de Borja, que ha recordado sus inicios en el mundo del arte de mano de su padre: “Se me atropellan con emoción los recuerdos de cuando me enseñaba la colección en Villa Favorita. Me siento no solo su heredero material, sino del espíritu de la familia”. También ha ofrecido su colaboración a su hermana y le ha expresado su agradecimiento: “Ahora y siempre, Blanca y yo ofrecemos nuestra participación. Gracias a mi hermana, Cesi, cuya generosidad ha hecho esto posible”.
Francesca ha cerrado la rueda de prensa señalando la simbología numerológica del total de 365 piezas –“no sé si alguien está interesado en esas cosas, pero parece un número relevante”– y cómo el coleccionismo está “incrustado en nuestro ADN”. A continuación, ha hecho un repaso por la historia de su familia en relación con el arte, desde que su bisabuelo encargase una serie de piezas a Rodin –conservadas en el museo–, pasando por la división de la colección en cuatro tras la muerte de su abuelo y de los intentos de su padre por volver a reunirla (cosa que consiguió en gran medida). No ha olvidado una mención a la última esposa de su padre, la gran ausente de hoy: “Tita, que ha dedicado la mayor parte de su vida a este museo y sin la cual ninguno de nosotros estaríamos hoy aquí”.
A pesar de la información compartida esta mañana, aún queda por conocer la lista completa de obras y también cómo será la colaboración entre instituciones a partir de ahora, si se mantendrá el programa de exposiciones temporales o si cambiará el papel de TBA21 de ahora en adelante.
Pero hay una cosa segura, los que pensasen que, con el paso del tiempo, la influencia de la dinastía de coleccionistas disminuiría en el museo nacional pueden descartar esa idea. Hay Thyssen para rato.



