Reaparecen dos picassos robados en Estados Unidos
En los últimos días se han encontrado un par de obras del pintor malagueño perdidas desde hacía tiempo. La primera es un retrato robado durante una exposición hace más de 60 años cuyo propietario de entonces, el Guggenheim de Nueva York, ya se ha apresurado a reclamar judicialmente. Y la segunda, un aguafuerte sustraído en 2018 que acaba de aparecer por casualidad en una casa de Milwaukee.
Picasso pintó Femme dans un fauteuil en 1918, durante su luna de miel con su primera esposa, la bailarina Olga Khokhlova. Una obra que desde que se robó hace ya más seis décadas, ha acumulado capas de misterio, que han terminado por traducirse en una importante subida de valor.
La pintura fue cedida por su entonces propietario –el Guggenheim, desde que la compró en la galería Zwemmer de Londres en 1936– a una muestra en 1961. Por eso viajó desde Nueva York hasta la Universidad de Pittsburgh, en cuyas salas expositivas colgó a ojos del público, hasta que el 6 de febrero desapareció inesperadamente y sin dejar pistas.
El robo activó los protocolos de la policía de Pittsburgh y el FBI, que enseguida iniciaron las investigaciones oportunas. Incluso se ofreció una recompensa. Pero todo fue en vano, porque no se consiguió esclarecer lo sucedido ni identificar a los autores del crimen.
La obra ha permanecido en paradero desconocido hasta ahora, cuando se ha redescubierto y se ha iniciado un pleito entre sus propietarios (los actuales y el Guggenheim). Al parecer, en 1999, la pareja de coleccionistas Lawrence Jay Handler y Wendy Cohen Handler la compraron a Beadleston Fine Art, una galería de Manhattan que, oportunamente, cerró sus puertas en 2002. ¿Cómo llegó a manos de esta última y de qué manera se produjo la venta? Eso es lo que falta por averiguar.
La primera noticia que se tuvo sobre su destino fue más de medio siglo después del robo, cuando en 2023 un asesor de Christie’s examinó la pieza. Sus propietarios querían venderla a un particular a través de la casa de subastas y pidieron un peritaje.
Entonces el especialista advirtió su dudosa procedencia y pensó que podía corresponder a la pintura robada. Para evitar posibles conflictos y asegurarse de su verdadera naturaleza, la casa de subastas optó desde un primer momento por comunicarlo al Museo Guggenheim.
Tras confirmar las sospechas, la institución neoyorquina contactó con los poseedores actuales del Picasso, solicitando que les devolvieran la pintura. Pero ellos sostienen que cuando efectuaron la compra, ignoraban su origen ilícito, por lo que se niegan a renunciar a ella. Ante estas dos posturas contrapuestas sobre un bien de semejante valor y trasfondo, era de esperar que la cuestión llegase a los tribunales. Sobre todo, sabiendo que una obra en inicio tasada entre los 10.000- 60.000 euros probablemente ahora ascienda a una cifra millonaria, después de popularizarse su enigmática historia.
La Solomon R.Guggenheim Foundation ha emprendido acciones legales para demostrar la posesión ilegítima de los Handler. Han interpuesto una demanda contra ellos, al considerar que conocían el conflictivo pasado de la pintura; ademas de dificultar su justa y procedente devolución. Por todo ello, la fundación exige ante la Corte Suprema del Estado de Nueva York no solo la restitución inmediata de la pieza, sino también una cuantía indemnizatoria de entre 3,5 y 5 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios.
UN HALLAZGO FORTUITO. La segunda obra ofrece quizá una historia menos jugosa, pero con un presumible final feliz y una pronta solución. El relato transcurre en Milwaukee y la protagoniza Torero, un aguafuerte –parte de una serie de 30– realizado en 1949. El grabado, valorado en unos 43.000 euros, fue sustraído de la oficina de DeLind Fine Art Appraisals en febrero de 2018, a plena luz del día.
Se le perdió la pista hasta que recientemente, Tim Dertz, propietario de un apartamento, se lo encontró casi por casualidad. Estaba desalojando la vivienda que había dejado su último inquilino, desahuciado, cuando descubrió, casi escondida en un rincón y llena de polvo, una estampa enmarcada. Decidió consultar a un anticuario amigo suyo, quien verificó que se trataba de la valiosa obra desaparecida hace ocho años.
Inmediatamente fue entregada al departamento de policía, desde donde han informado al propietario de la galería, Bill DeLind. Este se ha mostrado enormemente agradecido por el gesto de Tim y ya negocia su venta con un interesado. Pedro Luis Costa



