Un nuevo sorolla, a subasta en Londres
Niños en la orilla del mar, Valencia es un óleo redescubierto por el mercado que se estrenará en Sotheby’s el próximo 2 de julio. Fue presentado por el pintor en su exposición neoyorquina de 1909 y desde entonces había permanecido fuera del radar público. Ahora se ofrece con unas estimaciones de entre 600.000 y 800.000 libras.
Sorolla regresa a Londres con una escena prácticamente nueva para el mercado (aunque no inédita). Se trata de un cuadro pintado en 1908 con tres niños jugando en la playa, frente a unos barcos y un cuarto chaval nadando al fondo. Niños en la orilla del mar, Valencia se presentó por primera –y única– vez en la exposición que Archer M. Huntington organizó en su recién inaugurada Hispanic Society of America, apenas unos meses después de que la tela saliese del taller del artista.
El pintor había estado todo el verano trabajando en su Valencia natal para poder mostrar su mejor faceta en Nueva York y arrasó en aquella muestra, que tuvo gran éxito de público y de ventas.
Ya entonces el cuadro llamó la atención del comerciante de seda Robert J. F. Schwarzenbach, quien lo adquirió por 400 dólares. De él paso a un coleccionista de Estocolmo, hacia 1928. Y más tarde, a otras manos privadas europeas que lo han mantenido alejado del radar público durante más de un siglo.
Ahora la obra debutará en subasta la primera semana de julio con unas estimaciones de 600.000-800.000 euros. Aunque es probable que alcance un precio millonario, si tenemos en cuenta el interés que el artista valenciano ha despertado siempre entre el público extranjero (el nacional, directamente le venera).
Firmada y fechada en la esquina inferior izquierda, cuenta además con el beneplácito de Blanca Pons-Sorolla, que piensa incluirla en el tercer volumen del catálogo razonado del artista, cuya publicación está prevista para 2027.
La tela muestra una de las típicas composiciones de playa de Joaquín Sorolla, que recurre a personajes infantiles jugando en el mar para representar la inocencia. La espontaneidad de esos niños tumbados en la arena esperando que las olas les alcancen es captada con una pincelada suelta pero segura, como si de una instantánea se tratase. Al fondo, se observan unos barcos de pesca, probablemente con sus padres faenando.
La luz parece inundar la escena, desde la espuma blanquecina que dejan las olas, hasta los rayos de sol que se filtran a través de las nubes o el brillo de los cuerpos mojados. Todos estos matices demuestran que el pintor había alcanzado ya su plena madurez; una maestría con el color que suele ser muy del gusto de los coleccionistas europeos. Veremos cuánto están dispuestos a pagar.


