Canaletto cumple, pero Rembrandt entusiasma
La vista de Venecia con el Bucintoro pintada por el artista italiano se vende en 30,5 millones de dólares, sin embargo esa cifra no le permite sumarse a la fiesta de récords de las subastas neoyorquinas: un dibujo del pintor neerlandés por 17,8 millones y un Autorretrato de Artemisia Gentileschi por 5,68 millones.
Canaletto era el protagonista indiscutible de la jornada de ayer en Christie’s, por eso todas las miradas estaban puestas en él. La casa había anunciado a bombo y platillo la venta de una nueva escena suya de Venecia, que situaba como firme candidata para arrebatar el récord a la pintura que ostenta actualmente el título y la expectación era máxima. Afortunadamente, el resultado no se hizo esperar, porque Venecia, el Bucintoro en el Molo el día de la Ascensión salía con el lote número 8.
Tras un primer remate millonario obtenido por Brueghel el Joven –una escena con la Huida a Egipto de más de dos millones–, todo hacía presagiar lo mejor para la veduta veneciana, más grande, más regia y más tardía que la ofrecida el pasado verano. Partió de los 19 millones y fue escalando hasta los 26 de remate, entre la gente en sala, teléfonos y la propia casa, que había establecido un precio mínimo garantizado para este cuadro.
Cerca de una decena de pujas hicieron que la tela se vendiese finalmente por 30,5 millones de dólares, una cifra más que digna para cualquier obra de estas características. Pero no para esta, que aspiraba a más.
Teniendo en cuenta que una versión semejante de la barca dorada del Dux –il Bucintoro– pintada por Canaletto se había vendido hacía solo siete meses por 31,9 millones de libras (unos 43,6 millones de dólares), estamos seguros de que el dueño esperaba igualar la cifra, si no superarla.
Hasta la propia casa de subastas se había emocionado y estimado el cuadro “por encima de los 30 millones”. El resultado obtenido acaricia esa cifra, pero no se acerca ni por asomo a la marca mundial a la que aspiraba; por eso no se pueden echar fuegos artificiales ni hablar de éxito propiamente dicho.
Lo que no se puede negar es que fue la obra más cara de una jornada en la que se recaudaron más de 54 millones de dólares y se superó al menos un récord. Autorretrato como santa Catalina de Alejandría de Artemisia Gentileschi es una composición sobre la que ya habíamos llamado la atención en nuestro artículo de previos y consiguió duplicar su estimación más baja, alcanzando un precio de 5,68 millones de dólares (aunque quizá la pintura que merece ostentar el título mundial sea la compra reciente de la National Gallery de Washington). Supera así, aunque por los pelos, la anterior marca establecida en subasta pública de la artista barroca del momento, una Lucrecia por la que se pagaron 4,78 millones de euros (5,62 millones de dólares) en Artcurial hace seis años.
Era la primera versión de las cinco que hizo la artista –otra fue adquirida por la National Gallery de Londres– y venía de exponerse en el Museo de Oslo mediante un préstamo temporal durante cuatro años, tiempo más que suficiente para que le saliesen “novios” llegado el momento de su venta. Ese momento fue ayer, demostrando que Artemisia sigue ascendiendo en el mercado internacional.
Pero no fue el único triunfo de la tarde. En Sotheby’s también cabe celebrar una nueva marca mundial de Rembrandt. Gracias a su dibujo Joven león descansando, supera y con mucho su anterior récord en esta disciplina, ocurrido en el año 2000. No es casualidad que esa fuese precisamente la última vez que vimos un boceto suyo en una subasta pública, vendido también por un precio millonario.
Esto demuestra dos cosas: una, que los dibujos del neerlandés salen a cuentagotas en el mercado; y dos, que los coleccionistas los ansían como el maná en el desierto. Cada vez que se ofrece uno, establece un nuevo tope. ¿Habrá que esperar otros 25 años para ver una nueva marca mundial? Sol G. Moreno



