Picasso y Barceló: la cerámica como territorio común
La exposición del Museo de Almería pone en relación obras de ambos artistas con piezas arqueológicas de su colección permanente, proponiendo una lectura transversal de la historia del arte a través del barro.
El Museo de Almería presenta la exposición Reflejos. Picasso x Barceló, un proyecto en colaboración con el Picasso de Málaga y la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso que invita a reflexionar sobre el uso del barro a lo largo de más de 7.000 años. Propone un diálogo a tres bandas entre la producción cerámica del autor malagueño y el artista vivo mallorquín, junto a una selección de piezas arqueológicas pertenecientes a los fondos del centro almeriense.
Para ello, la exposición se estructura como un recorrido temático en el que las obras de ambos creadores se integran junto a las piezas prehistóricas, fenicias, romanas y medievales procedentes del sureste peninsular. De este modo, se aprecian las afinidades, los vínculos técnicos y el significado que se le ha dado a lo largo de los siglos a este material.
En el caso de Picasso, la muestra se centra en su producción cerámica desarrollada a partir de finales de los años cuarenta en Vallauris, donde exploró el medio desde una perspectiva experimental. Entonces trasladó a platos, jarras y vasijas algunos de los motivos recurrentes de su obra gráfica y pictórica.
Estas piezas se presentan como ejemplos de un interés sostenido por las tradiciones artesanales y por la reinterpretación de formas históricas desde una mirada moderna. De hecho, Picasso se inspiró en numerosas ocasiones en el arte prehistórico o perteneciente a civilizaciones antiguas, tanto peninsulares como de otras regiones (con especial interés en el continente africano). Además, tuvo muy presentes las tradiciones y las artes populares, de las que tomaba aquello que le interesaba para añadirle siempre un giro innovador.
Por su parte, la cerámica de Miquel Barceló –a quien la prehistoria, los elementos y colores terrosos han acompañado toda su vida– se aborda en la muestra desde su dimensión matérica.
Las piezas seleccionadas ponen de relieve su interés por la transformación física del material, el azar y la huella del gesto, elementos que conectan su práctica contemporánea con modos de producción ancestrales.
Entre medias de ambos autores contemporáneos, se sitúan las vasijas arqueológicas que, lejos de funcionar como simples antecedentes históricos, se integran como elementos activos dentro del discurso expositivo. Muestran así el desarrollo natural de una disciplina en cuya producción actual están especialmente presente las técnicas ancestrales y los ecos del pasado. Así lo atestiguan, en esta exposición que puede visitarse hasta el 15 de marzo, uno de los grandes genios del siglo XX y de los artistas españoles más famosos del XXI. Sofía Guardiola



