Un siglo de mística vizcaína en el Museo de Arte Sacro

Un siglo de mística vizcaína en el Museo de Arte Sacro

El espíritu de Bizkaia presenta un recorrido por la espiritualidad desde mediados del siglo XIX hasta las primeras décadas del XX, con piezas que fusionan la tradición religiosa con la identidad vasca gracias a nombres como Francisco Bringas, José Echenagusía o Juan de Barroeta. Esta nueva propuesta colaborativa entre el Museo de Arte Sacro de Bizkaia y el Museo de Bellas Artes de Bilbao podrá verse hasta el 10 de mayo de 2026.

El Museo de Bellas Artes de Bilbao y el Museo de Arte Sacro de Bizkaia –sede de la muestra– presentan una exposición conjunta que retrata una sociedad vizcaína en la que la fe desempeñaba un papel determinante.

Organizada en siete secciones temáticas, la propuesta reúne 62 obras procedentes de los fondos de ambas instituciones, junto con préstamos temporales de la Colección Banco Santander y la Colección Kutxa Fundazioa, así como archivos de instituciones públicas.

El punto de partida de la muestra es la Segunda Revolución Industrial, un periodo marcado por las transformaciones sociales y económicas en el que la religión se alzó como un elemento de cohesión y mantenimiento de la tradición. En el caso concreto de Bizkaia, los ámbitos rural, urbano, marítimo y obrero estaban impregnados de una religiosidad que organizaba la vida cotidiana.

Esta sacralidad se reflejó también en el arte, tanto en la configuración de escenas costumbristas de temática religiosa como en la difusión de una espiritualidad genuina en el territorio. Un ejemplo es la acuarela Aldeana de Eaux-Bonnes (1855), de Francisco Bringas, que retrata el papel de las mujeres piadosas, como las beatas, en el fortalecimiento de los valores morales de las comunidades locales.

La muestra también aborda la dualidad estética entre el academicismo y la modernidad emergente en la Bizkaia de finales del siglo XIX. En el primer caso, las imágenes de Cristo, el santoral o la Virgen mantuvieron la tradición académica de la pintura histórica, como se aprecia en La llegada al Calvario (1884) o la Coronación de la Virgen de Begoña (1902), de José Echenagusía.

Francisco Bringas. 'Aldeana de Eaux-Bonnes' (1855). Acuarela sobre papel. Dimensiones: 28,2 x 20,3 cm. ©Museo de Bellas Artes de Bilbao.
José Echenagusía. 'Coronación de la Vírgen de Begoña' (1902). ©Museo de Arte Sacro de Bizkaia.
Juan de Barroeta. 'Paisaje de Arantzazu (Arratia)' (1871). Acuarela sobre papel. Dimensiones: 23 x 38 cm. ©Museo de Bellas Artes de Bilbao.

En el segundo, jóvenes artistas de entonces como Quintín de Torre, Nemesio Mogrobejo, Francisco Durrio o Ricardo Arrue reinterpretaron la iconografía religiosa con una sensibilidad más moderna y materiales innovadores. En este apartado, la exposición ofrece un modelo en yeso del San Cosme (1909-1910) de Durrio para entender cómo el autor consiguió transmitir el derrumbamiento interno del santo a través de un tratamiento expresionista del cuerpo (alargado, débil y huesudo).

También en el ámbito de la iconografía surgieron en la pintura vizcaína dos líneas de representación femenina: la nueva Eva y la Virgen María laica. La primera transformó la figura de la mujer de Adán en imágenes que oscilaban entre la neska (joven) del caserío –como la Eva arratiana (1913) de Aurelio Arteta– y la mujer urbana, consciente de su rol social e influencia cultural.

En paralelo, la Virgen adoptó un carácter más profano, convirtiéndose en un símbolo que encarnaba la espiritualidad y los valores del pueblo vasco. Figuras como Jenaro Urrutia con su Anunciación (1931) o, de nuevo, Arteta con su María (Mirentxu), combinaron en sus composiciones tradición religiosa e identidad.

La nómina de artistas locales incluye también a aquellos que se sintieron más atraídos por la pintura plenairista. Esta renovación pictórica estuvo liderada por nombres como Adolfo Guiard, Darío de Regoyos, Anselmo Guinea, Manuel Losada, Juan José Rochelt o el acuarelista Juan de Barroeta.

Los templos, ermitas y ruinas presentes en la naturaleza se incorporaron a sus composiciones como símbolos de espiritualidad y permanencia. Son célebres el Paisaje de Arantzazu (1871) de Barroeta o Misticismo vasco (Zeanuri) (1930) de Fernando de Amárica.

Esta idea del País Vasco como paisaje místico atrajo también a fotógrafos como Alphonse Guiard, Eulalia Abaitua o Felipe Manterola.

El espíritu de Bizkaia se enmarca dentro del convenio de colaboración que desde 2021 mantienen ambas instituciones para impulsar el conocimiento y la difusión del patrimonio artístico religioso de Bizkaia. Anteriormente, ya han colaborado en proyectos como Luis Paret en Bilbao (2021) o Sorolla y las reliquias (2023). Nerea Méndez Pérez

Jenaro Urrutia. 'Anunciación' (1931). Óleo sobre lienzo. Dimensiones: 166 x 202 cm. ©Museo de Arte Sacro de Bizkaia.