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Valdés Leal redescubierto

Tres décadas después de la muestra que le dedicó el Museo del Prado, el Bellas Artes de Sevilla rinde tributo al famoso pintor sevillano con una exposición monográfica con motivo del cuarto centenario de su nacimiento. Lo hace desde una perspectiva global que lo muestra en toda su dimensión, desde sus pinturas al óleo a su faceta como dibujante, escultor o policromador, con un estilo desbordante con el que tuvo que competir contra su principal rival en la ciudad: Murillo.Cuenta con hasta 65 préstamos de obras de instituciones nacionales y extranjeras, a las que se suman 23 de la colección del museo. Podrá visitarse hasta el 27 de marzo de 2022.


La historiografía tradicional acostumbra a proyectar sombras, por compensación, cuando trata de ensalzar alguna figura señera del arte. En la Sevilla del Siglo de Oro esto se hace más que evidente en la contraposición entre Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) y Juan Valdés Leal (1622-1690). Si para el primero todo han sido parabienes, al segundo se le ha tildado de artista de mal carácter y hasta de «pintor de los muertos» a raíz de sus célebres Postrimerías para el Hospital de la Caridad de Sevilla. Pero como en toda historia, nada es lo que parece y la visión de la persona que ofrecen algunos de sus contemporáneos difiere en buena medida. Así lo demuestran, por ejemplo, las palabras del tratadista Antonio Palomino, que lo definió de la siguiente manera: “fue hombre de mediana estatura, grueso, pero bien hecho, redondo de semblante, ojos vivos y color trigueño claro […] fue espléndido y generoso en socorrer con documentos a cualquiera que solicitaba su corrección […] al paso que era altivo y sacudido con los presuntuosos y desvanecidos”.

Ahora, cuando se van a cumplir cuatro siglos de su nacimiento, el Museo de Bellas Artes de Sevilla acaba de inaugurar la exposición Valdés Leal (1622-1690), una oportunidad que ha servido para desmontar mitos y abordar al artista desde una manera global. Lo hace tres décadas después de la que comisarió Enrique Valdivieso en el Museo del Prado, al que ahora toman el relevo Ignacio Cano, Ignacio Hermoso Romero y Valme Muñoz Rubio. La muestra se nutre además de investigaciones recientes y nuevos enfoques en relación al contexto en el que se realizaron los encargos o cómo los abordó, tanto de manera personal (del papel al modelo y de este al lienzo), como en el contexto de su obrador; porque si algo caracteriza su producción es su necesidad de renovarse constantemente para competir con el rotundo éxito de Murillo, al que tuvo que sobreponerse una y otra vez y que le llevó a crear un estilo personal y hasta expresionista.

La muestra se ha dividido en tres secciones. La primera, titulada Valdés Leal, el pintor de imaginería, muestra su capacidad para romper con los cánones establecidos. Su conocimiento de la perspectiva, algo ajeno a la mayoría de sus contemporáneos, le permitió plasmas sobre el lienzo composiciones de gran complejidad y teatralidad. Más allá de sus pinturas más celebradas, aquellas encargadas por Miguel de Mañara para la Caridad, Valdés Leal tuvo la capacidad de incluir en sus fondos arquitecturas fingidas. Pero no solo fue pintor, sino también escultor y policromador, hasta el punto de que se encargó de decorar los muros del hospital sevillano y de dorar su retablo mayor colaborando con Pedro Roldán y Bernardo Simòn Pineda. Llegó incluso a decorar las portadas de los libros de actas y de Inventario de la Hermandad, algo que deja de manifiesto la confianza que depositó en él Mañara más allá de la estela de Murillo.

La segunda sección, Valdés Leal. El genio creador, incide en su capacidad como dibujante (obras que, aunque no abundantes, demuestran su destreza en el manejo del lápiz negro y la sanguina) y diseñador, especialmente aquellas obras destinadas a una de las empresas decorativas más importantes del momento en la ciudad: los trabajos para los actos de canonización de San Fernando en 1671, algunos de los cuales se llevaros a la estampa en el libro que Torre Farfán publicó un año más tarde. Capítulo aparte merecen sus pinturas de pequeño formato, bocetos, estudios e interpretaciones iconográficas diversas, en las que Valdés buscaba soluciones para la representación definitiva del tema sin necesidad de constituir propiamente bocetos para otros cuadros.

Los Conjuntos para las órdenes religiosas constituyen el último apartado de la muestra, aquel dedicado a encargos de gran calado para decorar los muros de conventos y monasterios en los que se desarrollaron importantes ciclos iconográficos como los del retablo mayor de convento del Carmen Calzado de Córdoba (1655-1656) o la Casa Profesa de la Compañía de Jesús (1660) y el monasterio de San Jerónimo de Sevilla (1656), estos últimos dispersos en la actualidad entre distintas instituciones.

Valdés Leal (1622-1690) podrá visitarse hasta el 27 de marzo de 2022 en las salas de exposiciones temporales de la planta baja del edificio y III de la alta. Cuenta con importantes préstamos nacionales –Museo del Prado, MNAC, catedral de Sevilla o Hermandad de la Santísima Caridad– e internacionales –National Gallery de Londres o Hamburger Kunsthalle–, además de varias colecciones privadas  y parroquias sevillanas, cordobesas y gaditanas. El montaje expositivo ha corrido a cargo de Francisco Bocanegra.

 

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