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Una traza inédita de Ardemans para el Prado

El Ministerio de Cultura y Deportes acaba de adquirir a Artur Ramon Art, con destino al Museo Nacional del Prado, un dibujo de Teodoro Ardemans desconocido hasta la fecha, por 35.000€. La obra, de gran calidad y dimensiones considerables, reproduce la parte izquierda de una traza de carácter efímero destinada a las celebraciones del Jueves Santo. Con él, nuestra primera pinacoteca enriquece la aún escasa obra sobre papel que posee, que se limita a dos dibujos.


Hace unos meses poníamos el acento en la revalorización que parece estar adquiriendo de nuevo el dibujo antiguo español en los últimos tiempos. Esta no solo se aprecia en el mercado nacional, sino también en el foráneo, como demostró, por ejemplo, la venta en Sotheby’s el pasado mes de julio de los que en su día formaron parte de la Colección Apelles. Nuestras instituciones públicas, cuando su presupuesto se lo permite, también están enriqueciendo y completando sus colecciones con nuevas adquisiciones como la que se acaba de producir por parte del Ministerio de Cultura, que ha comprado a Artur Ramon, con destino al Museo del Prado, un importante dibujo de Teorodo Ardemans (Madrid, 1661-1726) que permanecía en manos privadas. Con él, son ya dos los descubiertos por el galerista de este artista, que en el año 2000 vendió a la Biblioteca Nacional de España el Arco del triunfo para la entrada en Madrid de Felipe V.

Titulado Monumento para el Jueves Santo y fechado hacia 1701, esta importante traza inédita viene a engrosar la aún escasa obra sobre papel que posee el Prado, que se limita a dos dibujos del artista: la famosa Traza para las exequias de Carlos II (1700) y un Proyecto de altar o monumento que se le viene atribuyendo. Ambos fueron adquiridos por la pinacoteca en 1993 y 1995 respectivamente con cargo al legado Villaescusa.

Realizado a lápiz negro, pluma de tinta parda y aguadas de tinta china sobre papel verjurado, el dibujo, con unas dimensiones nada desdeñables de 630 x 284 mm, reproduce la parte izquierda de una traza arquitectónica de carácter efímero cuya iconografía presenta pasajes evangélicos de la Pasión de Cristo. Se trata por tanto de una propuesta para un monumento destinado a las celebraciones litúrgicas del Jueves Santo de gran aparato escenográfico.

La técnica empleada para su ejecución, los elementos estructurales de la traza y su profesión decorativa lo sitúan en el ámbito de la corte madrileña de finales del siglo XVII y principios de la siguiente centuria. De hecho, en él se funden diversas propuestas, casi a modo de puzle, de artistas como Francisco Rizi –téngase en cuenta su Monumento de Semana Santa de la catedral de Toledo (hacia 1668)– o Claudio Coello.

La atribución a Ardemans, realizada por el historiador del arte Ángel Rodríguez Rebollo, se fundamenta en las similitudes estilísticas entre esta nueva obra y las ya conocidas del artista. Así, la decoración adherida a los elementos arquitectónicos –pilastras, arcos y columnas– a base de guirnaldas, festones, cornucopias, cartelas y escudos, es similar a la que presenta la ya citada Traza para las exequias de Carlos II del Prado. Con ella también comparte la similitud de las columnas jónicas pareadas o las cornisas de formato triangular a modo de frontón.

Por otro lado, el dibujo muestra también semejanzas con el Monte Parnaso (1701) de la Biblioteca Nacional de España en el empleo de la tinta parda, del trazo zigzagueante o de la combinación de las aguadas pardas con otras de tinta china. Similares son también en ambas las matronas alegóricas que, en ambas obras, sostienen escudos. Se desconoce el lugar para el que la obra fue concebida más allá de su carácter litúrgico. Sus dimensiones y monumentalidad sugieren la posibilidad de que tenga que ver con alguna celebración de la Semana Santa en Madrid en el cambio de siglo.

Su cronología, próxima a 1701 ante las analogías con los otros dibujos con los que se relaciona; o la presencia del sol radiante en la zona superior izquierda, acaso alusiva al nuevo rey Borbón, nieto del Rey Sol de Francia, podrían ser pistas para relacionarlas con algún encargo surgido desde el ámbito de la nueva corte de Felipe V. Pintor, arquitecto y tratadista activo en Madrid en el cambio de los siglos XVII al XVIII, Teodoro Ardemans se formó inicialmente en el taller de Antonio de Pereda, a partir de 1678 pasó al obrador de Claudio Coello –discípulo este a s vez de Francisco Rizi–, quien por entonces dominaba el panorama artístico madrileño.

Su inclinación por la arquitectura y su valía le hicieron alcanzar, en 1689, el nombramiento honorífico de maestro mayor de la catedral de Granada. En 1691 ya ostentaba el puesto de maestro mayor de la catedral de Toledo, y un año más tarde conseguiría el de teniente del maestro mayor del Ayuntamiento de Madrid. Con la llegada al trono de Felipe V llegó a ostentar el título de pintor de cámara (1704).

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