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Una memoria del bajo Manhattan de Danny Lyon


Ayer se presentó en el Museo ICO la exposición La destrucción del Bajo Manhattan -que forma parte de la Sección Oficial de PhotoEspaña 2020-, y que reúne 76 fotos del cineasta y fotógrafo norteamericano Danny Lyon (Brooklyn, 1942), hechas en 1967 para ilustrar la demolición del barrio neoyorquino y cuya serie hoy se valora como uno de los ensayos fotográficos más rigurosos de la segunda mitad del siglo XX donde la ciudad y su transformación se erigen como centro de atención. Además se complementa con 24 fotografías en pequeño formato de Un álbum: Europa, verano de 1959, que documenta el viaje que hizo Lyon por Alemania, Francia, Italia y España. La muestra permanecerá abierta hasta el 17 de enero de 2021.


En la presentación el director general de la Fundación ICO y director del Museo, Lucinio Muñoz, destacó que es la primera vez que se exhibe en España la obra fotográfica de Danny Lyon, un documento histórico que no solo refleja un momento importante de la parcial demolición del Bajo Manhattan sino también una intención estética y una preocupación y compromiso por lo urbano en dos zonas que sumaban 24 hectáreas. En ese sentido ahondó Gonzalo Doval, responsable de Área de Arte del Museo, quien afirmó que este trabajo hecho con solo 25 años representa el nuevo documentalismo, en línea por lo hecho por William Klein, con una mirada cartográfica por las calles West, Washington y Greenwich. Y añadió que a Lyon le interesaba captar con su cámara exteriores, interiores, otras de contexto urbano y también del paisaje humano: niños, adolescentes y trabajadores que trabajaban en los trabajos de demolición de esos edificios.

La estructura de la exposición, comisariada por el propio artista, se articula en cinco partes como también se ha plasmado en el libro, que se editó en 1969 y que hoy se ha convertido en un objeto de culto para los aficionados a la fotografía documental y a ese momento que recogió con fuerza la cámara de Lyon. El Museo ICO ha hecho una versión facsimilar del mismo e incluye todas las fotografías del libro original.

Danny Lyon estudió Historia y Filosofía en la Universidad de Chicago antes de volver a instalarse en Nueva York, muy cerca del área que fotografió en 1967. Algunas de sus fotos están tomadas desde su ventana y podemos ver algunos símbolos de la ciudad: el Empire State y otros rascacielos a lo lejos. En este proyecto no solo captó imágenes sino que escribió una especie de diario con textos recogidos en las cartelas de la exposición y en el catálogo.

Danny Lyon dedicó su libro a su amigo, el escultor Mark de Suvero, que fue quien le animó a instalarse en las cercanías del Ayuntamiento de Nueva York. Esa ubicación propició esa reflexión con la cámara de una ciudad en plena ebullición como lo era Nueva York en 1967 y, más en concreto, Manhattan en los años centrales del siglo pasado. Y lo hace con una mirada cercana a rincones de una ciudad en transformación, con viviendas casi siempre vacías, pero donde todavía quedan restos de sus últimos moradores.

El recorrido de este peatón neoyorquino comienza con las imágenes que tomó en la calle Beekman y el puente de Brooklyn, área de demolición del proyecto sudoeste e incluye casi una docena de instantáneas, entre otras esa vista áerea desde el tejado del hospital Beekman, con el puente de Brooklyn a la izquierda y los rascacielos difuminados; algún elegante edificio de los números 80 y 82 de esa misma calle; el lado norte de la misma con sus fachadas y algibes; la estilización del edificio St. George; una vista hacia el sur o la calle Fulton, casi siempre fotos sin personas, y como no alguna azotea y fachadas de empresas  y comercios.

En la segunda parte dirige su mirada hacia el West Side: Washington Market y la calle West y allí descubre que es una zona muy vigilada durante la demolición. A través de su cámara fija imágenes de espacios desiertos desde la calle Chambers, mira hacia el oeste subiéndose a una azotea en la calle Washington, hace un ligero contrapicado para dejarnos ese edificio de 1848 de hierro fundido en el número 258 de la misma calle, con un angular nos sitúa en la esquina entre Chambers y Washington y nuevamente juega con las escalas de los edificios del Bajo Manhattan y los rascacielos que vemos al fondo.

El ecuador de la exposición y del libro recoge media docena de fotografías de saqueadores y obreros en la zona, los últimos habitantes del Bajo Manhattan. Un grupo de niños y adolescentes miran al fotógrafo sentados en las escaleras de un edificio abandonado junto a un joven en bicicleta durante la excursión matinal de un domingo cualquiera; operarios de mantenimiento con sus cepillos de limpieza; Rachel, una amiga del fotógrafo; un obrero siderúrgico apoyado en la puerta de un montacargas; un operario de demolición y un capataz que miran con respeto pero con distancia la labor del fotógrafo.

Una cosa que sorprende en ese recorrido como arqueólogo de un urbanismo cambiante es la capacidad de Danny Lyon cuando recorre los interiores de los edificios abandonados. Sus pasos por los espacios de las calles Fulton y Gold, las escaleras internas de la calle Chambers, las cortinas de apartamentos abandonados, su observación de una habitación infantil con pintada en la pared y globos rotos, los dibujos que quedan en estudios de artistas, la perspectiva de ese radiador con los visillos mecidos por el viento en un apartamento del edificio St. George o incluso sus autorretratos en una habitación del Hotel Susquehanna y en un hotel en la calle West constituyen un friso preciso y comprometido con ese mundo que está desapareciendo y un alegato contra la especulación inmobiliaria que posteriormente traería consigo el World Trade Center de Nueva York.

La última parte recoge la demolición y los protagonistas de la misma. Seres humanos de varias nacionalidades que dejan su ropa junto a fotos de iconos femeninos de finales de los años sesenta, fuman durante un receso, rostros serios abstraídos, ora extrayendo ladrillos que luego se volvían a utilizar por su gran calidad, luego usando martillos hidráulicos, dejando caer una pared, demoliendo un ascensor o bebiendo cervezas sentados. En esa serie de imágenes Danny Lyon parece estar junto a ellos como uno más y los capta con mucho respeto, no en vano escribió: «hacen muy bien un trabajo difícil y peligroso y es un error pensar que sienten por el mismo cualquier otra cosa que no sea orgullo».

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