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Una talla de Pedro de Mena para el Museo Nacional de Escultura de Valladolid

La directora del museo, María Bolaños, y su conservador, Miguel Ángel Marcos, han presentado en la mañana de hoy a los medios, un San José con el Niño del escultor andaluz Pedro de Mena y Medrano (Granada, 1628, Málaga, 1688). Para ello se ha organizado una pequeña exposición en el denominado Rincón Rojo bajo el epígrafe El museo crece. Sobre la adquisición de una obra de Pedro de Mena.

La talla fue adquirida a finales de 2018 a la madrileña Galeria Caylus por el Ministerio de Cultura, que la declaró inexportable. Tras ejercer su derecho de venta irrevocable, se hizo con ella por la cantidad de 150.000€ y se adscribió al Museo Nacional de Escultura.

Con ella, el museo vallisoletano amplía su colección de esculturas de Mena. Recordemos que ya contaba, entre otras, con un San Francisco en éxtasis (1663) y el grupo formado por el Ecce Homo y la Dolorosa. También cuenta, como depósito del Museo Nacional del Prado, con la Magdalena penitente tallada en 1664 para los jesuitas de Madrid, sin duda una de sus obras maestras (ver aquí).

San José con el Niño (madera policromada, 64 x 26 x 20 cm) muestra la influencia directa de Alonso Cano, con el que realizó, entre 1653 y 1657, una gran escultura (203 cm de altura) del mismo asunto para el convento del Ángel Custodio de Granada, hoy en el Museo de Bellas Artes de la ciudad. Por su delicadeza, emparenta con la esculturita que aún permanece en el citado convento granadino (hacia 1650) y con el que guarda la iglesia de san Nicolás de Murcia. Este tipo de obras de pequeño tamaño y destinadas al culto privado, son además testimonio del enorme auge que alcanzó la iconografía de san José durante el siglo XVII por su condición de modelo de santidad, intercesor privilegiado y patrón de la «buena muerte».

Más allá de su fama y de la calidad de su producción escultórica, debemos llamar la atención sobre el inusitado interés que Pedro de Mena ha despertado en el mercado artístico nacional e internacional durante los últimos tiempos. Efectivamente, sus tallas han alcanzado cotizaciones muy elevadas que han hecho de ellas preciados objetos del coleccionismo. Sirva de ejemplo el San Pedro de Alcántara que presentó en diciembre de 2017 la sala Alcalá Subastas, que se remató también el 150.000 €. Junto a ella, en abril de 2018 se subastó en Fernando Durán una Magdalena penitente que alcanzó los 132.000 €. Tampoco podemos olvidar las piezas que han ido presentando algunas de nuestras galerías patrias más relevantes en TEFAF Maastrich a lo largo de estos años, quizás con especial interés a lo que aconteció en el 2017.

Mirando hacia el mercado internacional ocurre algo similar, como lo pone de manifiesto la Dolorosa que puso en venta Sotheby’s en su sede londinense en julio de 2013 y que se remató en 164.500 libras; o las tallas que dio a conocer Colnaghi en 2014 y que contaron con un estudio (ver aquí) de Xavier Bray y José Luis Romero Torres a cargo de la ya extinta casa Coll&Cortes.

Paradigma por excelencia de la escultura barroca española, Pedro de Mena se formó en la ciudad del Darro el taller de su padre, Alonso de Mena y Escalante (Granada, 1587-1646). Fundamental para la conformación de su estilo fue la llegada a la capital de Alonso Cano en 1652, del que tomaría la idealización y la suavidad de las formas. Con él trabajaría en las cuatro colosales esculturas del convento del Ángel Custodio, hoy en el Museo de Bellas Artes de Granada. En 1658 Mena se traslada a Málaga para tallar la sillería del coro de la catedral y cuatro años después emprende un viaje a la corte de Madrid. Esta estancia, a la que se suma su nombramiento como escultor de la catedral de Toledo, será fundamental en su devenir, y allí dejará obras sobresalientes que le darán fama. Tras su regreso definitivo a Málaga, se convertirá en escultor más importante y reclamado, privilegio que ostentará hasta su muerte en 1688.

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