Un festín de remates en Alcalá anima el nuevo curso
Varios tapados que habían captado la atención, subidas inesperadas y tres compras del Estado hicieron que el ritmo de la subasta de octubre fuese (casi) frenético.
Un bolígrafo que decidió acabar su vida útil en plena vorágine de pujas y una acumulación de ventas más que notable, a un ritmo que podríamos calificar de vertiginoso, causaron una lesión en el dedo pulgar de quien escribe en la tarde del 8 de octubre. Un día más sufriendo por amor al arte. Hay tanto y tan variado que reseñar que no nos podremos detener demasiado en análisis estilísticos, con la intención de que, quien nos lea, sea capaz de llegar al final del texto en el mismo día que lo comenzó. Vamos allá.
Las alegrías no se hicieron esperar. La primera vino en la sección de obra sobre papel que tradicionalmente da comienzo a cada sesión: Barco en un mar en calma (Tinta parda sobre papel verjurado. 19,5 x 25,7 cm, lote 740), de escuela flamenca de hacia 1700, consiguió ascender de los 250 euros de su salida a unos nada desdeñables 3.250 euros.
Entrando ya en la sección de pintura, el primer gran logro lo consiguió Luis de Morales, El Divino, con la colaboración de su taller; un San Jerónimo (O/T, 76,5 × 54,5 cm, lote 747) se adjudicó en los 30.000 que se pedían por él. El mismo caso que Bodegón con jarrón de flores y frutas, perdiz y búcaro sobre un pedestal de piedra (O/L, 57,5 x 84 cm, lote 751), de Bernardo Polo, con su precio de salida cubierto en mesa, 15.000 euros.
Llegó entonces el momento de una pintura que había creado expectativas y que consiguió cumplirlas. Retrato de caballero con sombrero de plumas (O/L, 93 x 69 cm, lote 752) se había catalogado como Escuela centroeuropea del XVII, haciendo incapié en la cercanía de su factura con la obra de Claude Vignon, un importante caravaggista francés. Más de un pujador estuvo atento a este lienzo, especialmente desde el extranjero, haciendo subir su valor desde los 20.000 hasta los 95.000 euros en una larga lucha telefónica. Créanme, este retrato se va a buscar fortuna fuera de nuestras fronteras.
Un viejo conocido, el Retrato de Carlos II a caballo (O/L, 222 x 183 cm, lote 768) de Escuela madrileña de hacia 1668-1669, ya había participado en una subasta pasada en Alcalá. Esta vez convencieron los 15.000 euros por los que salía; estaban cubiertos en mesa.
Otro momento de alto voltaje llegó con la obra atribuida a Miguel Cabrera, quizás el más destacado de todos los pintores virreinales. Una Virgen de Guadalupe de hacia 1752 (O/L, 187 x 107 cm, lote 772) fue el centro de la disputa entre un pujador telefónico y otro en sala, algo ya casi inexistente cuando se trata de ciertos precios. Acabó llevándoselo el candidato presencial, por casi tres veces más de lo que se estimaba. Escaló de los 28.000 a los 80.000 euros.
Momento para creer en el poder de la inocencia o, al menos, en su atractivo. Exvoto de Francisco Javier de Ayllón, hijo de Francisco Ayllón e Inés García, con san Francisco Javier, fechado en 1747 (O/L, 64 x 49 cm, lote 775), obra anónima del siglo XVIII, de gran belleza y emocionalidad, superó los 7.000 euros de su salida para acabar en 12.000 euros.
Otro caso de inesperada atención fue el Retrato de caballero (O/L, 78,5 x 63 cm, lote 783), Escuela centroeuropea hacia 1800, partía de unos modestos 500 euros y fue asignado a un comprador que pagó 2.000 euros vía Drouot.
La mesa tenía una buena licitación por Procesión nocturna (O/L, 52 x 52 cm, lote 784), de Eugenio Lucas Velázquez. Salía en 7.000 y acabó en 9.000 euros. Justo después se adjudicó el Moisés con las tablas de la ley (O/L, 82 x 68,5 cm, lote 785) que, con posterioridad a la impresión del catálogo, la sala relacionaba con una miniatura firmada por Santiago Panati en 1848; puede que este dato o la innegable belleza del retrato ayudaran a que subiera de los 2.000 euros de su salida a los 3.000 de su remate.
Singular e importante, así podríamos calificar al boceto que nos ocupará a continuación. Formaba parte de un conjunto destinado a decorar el palacio diseñado por Sabatini, que se destinó como residencia para los secretarios de Estado por orden del rey Carlos III, y cuyo primer habitante fue el conde de Floridablanca. Nombres todos ellos de peso en nuestro recorrido histórico y, los dos últimos, protagonistas de la obra Carlos III ordena al conde de Floridablanca que sea declarada la guerra a Inglaterra (O/L, 42 x 23,5 cm, lote 786), de mano de José del Castillo o de Gregorio Ferro, pues ambos fueron los responsables de las decoraciones del palacio. Salía en 30.000 euros y así se remató, pero en ese momento el Estado ejerció su derecho de tanteo, hecho plenamente coherente.
Retrato del arzobispo Juan José Bonel y Orbe (O/L, 118 x 88 cm, lote 787), de Vicente López Portaña, cubrió los 30.000 euros que se pedían por él, entrando ya de lleno en el siglo XIX. Dos retratos con similitudes pero con diferente destino se ofrecían a continuación. De Carlos Luis de Ribera y Fieve, se presentaba Retrato de un arquitecto con la medalla de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando,(O/L, 98,5 x 79, lote 792) vendido por 5.000 euros; le seguía un colega de oficio, pero este portaba en sus manos algo decisivo: Retrato del arquitecto Francisco Jareño sujetando el plano de la tercera planta de la Biblioteca Nacional (O/L, 105 x 86 cm, lote 794), pintado por Alejo Vera y Estaca en 1878. El retratado proyectó el edificio que hoy alberga la Biblioteca Nacional y el Museo Arqueológico Nacional, y eso hizo que el Estado ejerciera el derecho de tanteo una vez que las pujas, que partían de los 5.000 euros, acabaran en 5.500 euros.
Avancemos al cambio de siglo, guiados por Carmen y Agustina (O/L, 108 x 82 cm, lote 825), obra de Manuel Benedito de 1913 y adjudicada en 13.000 euros, mil por encima de su precio inicial. En fecha cercana se pintó Las dos amigas (O/L, 90 x 75 cm, lote 833), del simplemente conocido como Néstor, quien goza de una buena valoración como demuestra el precio de salida de 30.000 euros, y confirma el precio de remate, de 50.000 euros (hablábamos de ella en el artículo previo a esta subasta ver).
Entre las dos piezas anteriores, una obra de Santiago Rusiñol, La Cargolada (O/L, 115 x 145 cm, lote 832), encontró un solo comprador: el Estado. Fue adquirida por los 60.000 euros de su salida.
Llegó la hora del contemporáneo, destacando en primer lugar la venta de Le Hibou blasphémateur (Aguafuerte y aguatinta, 120,5 x 152 cm, lote 898), firmada por Joan Miró. Salía en 20.000 y acabó en 22.500 euros.
Continuamos con el que, sin duda, fue el caso más curioso de la tarde. Se ofrecía una serigrafía sobre lienzo creada a partir de un original de Jean-Michel Basquiat, con certificado firmado por el padre del artista y avalado por su Estate. Untitled (Electric Chair) (S/L, 67 x 97 cm, lote 911), fechada en 2002, salía en unos modestos 100 euros, pero protagonizó una pugna entre varios interesados al teléfono, con la participación esporádica de algunos presentes en la sala, y acabó adjudicándose en unos ¿racionales? 6.500 euros.
Un bellísimo lienzo de la británica Jamie Nares, T.6. (O/L, 153 x 86,5 cm, lote 932), encontró comprador por los 14.000 euros de su salida. Acabando las grandes adjudicaciones con Sin título (O/L, 46 x 55 cm, lote 935), de la argentina Sara Grilo, que goza de buena aceptación en nuestro mercado, como demuestran los 17.000 euros que se pagaron por su obra, dos mil más de los que se pedían en principio.
La acuarela de Dalí que protagonizó nuestro anterior artículo no encontró quien pagara los 130.000 euros por los que se ofrecía. Otra vez será.
Jose Aniorte @newconnoisseur









