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Se presenta el informe «Madrid Contemporánea III», las artes visuales en la CAM


Ayer la sala Alcalá 31, sede de la consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Comunidad de Madrid, acogió la presentación del Informe Madrid Contemporánea III: Revisión del sector de las Artes Visuales en la Comunidad de Madrid y análisis de las ayudas al arte contemporáneo, que contó con la participación de Marta Pérez Ibáñez, presidenta del IAC España; Lucía Mendoza, presidenta de la Delegación Territorial del IAC en Madrid; y Patricia Fernández Lorenzo, del bufete de abogados Ramón y Cajal, que ha colaborado en la elaboración de este informe.


Marta Pérez agradeció todo el apoyo recibido tanto por las administraciones públicas como por el sector de las artes visuales y afirmó que el contexto actual subraya la riqueza, actividad y la resiliencia demostrada en un entorno tan adverso como el derivado de la pandemia. Y añadió que este estudio con las conclusiones nos pueden ayudar a mejorar como sector en el futuro, abogando porque haya una evaluación de resultados para valorar los progresos del sector.

Por su parte, Lucía Mendoza, también valoró positivamente el apoyo que Madrid Contemporánea (Comunidad de Madrid)  para que «pudiéramos hacer un análisis cualitativo de cómo está el sector:  situación de las galerías, participación en ferias nacionales e internacionales, artistas por género. En definitiva ahondar en el ecosistema del arte contemporáneo en Madrid».

Una parte muy relevante del informe lo ocupa el análisis jurídico, que ha contado con la colaboración del bufete Ramón Cajal y Abogados. Patricia Fernández Lorenzo, del departamento de Arte y Patrimonio Cultural de esa firma, expuso pormenorizadamente los cambios legislativos relacionados con el sector, uno de mayo de 2020 durante los primeros meses de pandemia y el último en octubre de 2021, donde ya se declaraba que «la cultura es un bien básico y de primera necesidad». Un salto cualitativo y cuantitativo respecto a lo legislado en 2020 durante la fase más dura del confinamiento. Tanto en el análisis como en las conclusiones «hemos querido que fuera un documento útil y ágil para el sector, que permitiera compartir toda la información relativa a subvenciones, marco laboral y también establecer una comparación con seis países europeos».

En la elección de países figuran algunos como Francia, Reino Unido, Alemania e Italia, todos ellos con mayor consumo cultural que España, y dos países como Suecia y Grecia, uno del norte y uno del sur para completar un panorama amplio. Y en esa comparación los autores del informe observan  que las medidas que España ha adoptado van en la misma dirección que las del resto de países de su entorno, aunque con menor dotación presupuestaria, muy visible en el caso de Alemania que lanzó una campaña para autónomos y creadores llamada Reiniciar la cultura, dotada con una fuerte inversión. A grandes rasgos, estas acciones han venido a abordar las principales debilidades del sector -la cobertura de sus trabajadores y el acceso a financiación- mediante dos tipos de acciones: subvenciones directas y campañas publicitarias para fomentar el consumo cultural. Y ahora habrá que ver cómo impactará que se dedique el 2% de lo presupuestado en obra pública, frente al 1% antiguo, para la adquisición de obras de arte contemporáneo, lo que contribuirá a una mejor protección de los artistas nacionales.

Varios aspectos importantes se pueden resaltar de este estudio: una fuerte apuesta por la digitalización del sector a través de plataformas como Artsy, Arland, Artspace o Artforum; una cierta recuperación en el volumen de negocio  del mercado del arte desde junio de 2020 al primer semestre de 2021; el arte contemporáneo ya supone el 23 % del total; los Non Fungible Tokens (NFT)  están generando compraventas millonarias; crecimiento de la venta online hasta un tercio del total: y un nuevo coleccionismo con acceso a obras menos costosas, entre otras.

Las tres ponentes concluyeron que lo digital contribuye a una mejor comunicación y difusión entre las capas más jóvenes de la población, fundamentalmente nativos digitales, pero que no se puede sustituir la experiencia inmersiva y directa del coleccionista y del aficionado al arte cuando visita una exposición en una galería, museo o el estudio de un artista, que tiene un componente emocional para el que observa dichas obras.

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