Sandra Ramos: “Cuba es mi Ítaca imposible, es el lugar donde quisiera crear”
Aunque la artista cubana estudió grabado en la Academia de San Alejandro y en el Instituto Superior de Artes de La Habana, desde muy joven también se interesó por aprender otras técnicas en las artes visuales. Así, dice que “la instalación, la pintura, el dibujo y la animación han sido herramientas útiles para expresar distintas aristas” de su relación con el mundo.
Todas esos medios están presentes en la exposición Soñando otra Ítaca que acoge el Centro Atlántico de Arte Moderno, en Las Palmas de Gran Canaria. A través de la niña pionera, una de las figuras más reconocibles de su obra, Sandra Ramos nos habla de su juventud como artista en la Cuba de finales de los 80 y principios de los 90, sus temas recurrentes y lo que une a dos territorios insulares como Cuba y Canarias.
- ¿Qué encontrará el visitante en la muestra?
*Una visión amplia de mi trabajo desde 1993 hasta la actualidad, porque la exposición reúne piezas en múltiples medios, unificadas por temas como la reflexión crítica sobre la historia, la educación, la política y el poder. A esto se suma una poética muy personal que cuestiona visualmente cómo todos esos factores influyen en el destino del individuo en el presente.
- ¿Y cómo está organizada?
*Se estructura según un eje temático. Los grabados funcionan como viñetas bidimensionales que reflejan irónicamente la realidad cotidiana, mientras que las instalaciones tienen una fuerte carga literaria o política, como Timeline Trumpito. Además, propone una lectura alternativa, reforzada por la arquitectura del CAAM y por el carácter participativo de la obra: un recorrido que parte del alter ego de la niña pionera, quien, como una Ariadna contemporánea, conduce al espectador a través de un laberinto donde confluyen mitos, imágenes e ideas que han preocupado al ser humano.
- ¿En qué contexto surge ese personaje de la niña pionera y cómo ha evolucionado?
*Esta figura encarna a los cubanos nacidos después de 1959. Como narradora, establece una visión crítica y disidente sobre momentos clave de la historia del país: su relación con Estados Unidos, el legado colonial de España y de África, las consecuencias de estos procesos sociopolíticos en las vidas individuales y en los destinos compartidos del pueblo cubano.
- ¿Cuál es el significado de Ítaca en sus composiciones?
*Creo que mi obra se sitúa en la búsqueda, en un lugar intermedio entre el viaje inconcluso y la imposibilidad real de una Ítaca que, como patria, sigue siendo una utopía. Por eso mi arte dialoga, desde la frustración, ante el fracaso de los ideales democráticos. Para mí, la única Ítaca posible sería el arte, porque lleva consigo la posibilidad desinteresada de unirnos y potenciar nuestra resiliencia.
- ¿Qué vinculación establece entre Cuba y Canarias?
*Creo que la experiencia cubana resuena profundamente con la memoria insular canaria. Ambos territorios están unidos por lazos familiares, étnicos, históricos y culturales muy fuertes. Esa cercanía se percibe desde los acentos y las palabras compartidas, hasta los olores de la calle, la arquitectura o la naturaleza que nos identifican como isleños.
- Me interesa conocer cuánto hay de dibujo previo en su proceso de trabajo antes de llegar a la obra definitiva.
*Todas mis piezas llevan consigo mucha investigación. Desde Soñando otra Ítaca, que es una actualización de los antiguos mitos grecolatinos, hasta Rayuela Cosmoagonía, que parte de la obra de Julio Cortázar. Para la instalación Hombre Tanque tuve que estudiar a más de las 30 personas que están ahí retratadas.
También hago decenas de bocetos, además de seleccionar el medio y la técnica que quiero usar en la pieza final; porque siempre están relacionados con el concepto de la obra. Por ejemplo, las pizarras y retratos dibujados con tiza evocan la escuela, la educación y la memoria efímera que puede ser borrada y reescrita.
- Hablando de educación, ese es un tema recurrente en su trabajo…
*Sí, porque es fundamental. Creo que toda mi reflexión se basa en algo que me llamó la atención desde niña: la contradicción entre dos citas que aprendí en la escuela. Una era la frase de Martí: “Ser cultos para ser libres”. Y la otra, la consigna creada por Fidel que todos repetíamos en el colegio cada mañana: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. Mientras la primera mostraba un modelo abierto, inclusivo y humano, la otra era un mantra adoctrinador. Esta contracción se expresa en muchas piezas, como en Matutino, donde los niños le dan la espalda a una bandera cuya estrella es un signo de interrogación.
- ¿Qué recuerda de su juventud?
*El momento en que mi generación dejó de confiar en la revolución y sus dirigentes, y creyó más fuertemente en el arte como medio para salvarnos. Hay que recordar que en los años noventa se derrumbó el socialismo en Europa del Este y Cuba sufrió uno de los colapsos económicos más graves de su historia. Los jóvenes artistas creíamos en la posibilidad de una “perestroika” a la cubana, por eso el arte se volvió contestatario.
- ¿Qué lugar ocupa actualmente Cuba en su imaginario?
*Sigue siendo mi Ítaca imposible, el lugar donde quisiera poder crear y convivir con familiares o amigos. Siempre ha sido la tierra prometida, la isla bella y amada que, a la vez, es una madre enferma y maltratada que parece imposible de rescatar. Creo que, para muchos de nosotros, Cuba es una frustración constante. Una mirada constante en el espejo, que nos muestra cobardes e impotentes. También es un laberinto, una isla azotada por Escila y Caribdis. Siempre va a estar en mí, así como yo siempre estaré en ella.
- Finalmente, quisiera preguntarle cómo ve el camino para las nuevas voces que están surgiendo en el país.
*Como bien enunció el crítico cubano Gerardo Mosquera, hace muchos años, al referirse a la generación de los 90: “El arte en Cuba es como una maquinaria que sigue rodando, aunque se haya parado el motor”. Esta sigue siendo una frase que se puede aplicar al presente, pues a pesar del deterioro social y la profunda crisis económica actual, siguen surgiendo artistas jóvenes, con una creatividad que los ayuda a desafiar la dura realidad de la cotidianidad.
Es asombroso ver cómo en Cuba, a pesar de la crisis institucional, la falta de recursos y las vicisitudes de la vida diaria, además de la represión policial contra la cultura y el pensamiento libres, el arte sigue siendo un refugio de resiliencia. Una tabla de salvación que cataliza y visibiliza las opiniones diversas sobre una realidad desafiante, cada vez más injusta e insostenible. Nerea Méndez Pérez











