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Poesía y pintura en la obra de Miró


Para Joan Miró (Barcelona, 1893-Palma de Mallorca, 1983) la literatura, y en especial la poesía, era un área de interés preferente para él, no solo como lector sino como parte del proceso creativo que muchas veces ha unido a pintores y poetas. Mañana abre sus puertas en la Fundación Mapfre de Madrid la exposición Miró Poema, comisariada por Carlos Martín, conservador jefe de Artes Plásticas de dicha Fundación, que reúne alrededor de 67 obras, entre pinturas, dibujos y libros ilustrados que sintetizan el quehacer del pintor catalán y su alineamiento con el trabajo de los poetas, tanto en la década de los 20 como en años posteriores hasta desembocar en los años 70.


Esta delicada muestra, cuyo diseño de montaje corresponde a Francisco Bocanegra y la dirección de montaje e iluminación a Pedro Benito Albarrán, arranca con una pequeña sala que nos introduce en el modo que Miró tenía de disfrutar la poesía, a través de un óleo de 1917, Nord-Sud, en el que se observan reminiscencias cubistas y donde ya integra la palabra escrita porque el joven pintor ya se sentía atraído por la renovación de la poesía que se estaba produciendo en Francia. Junto a esa obra una serie de dibujos, poemas y una selección de libros de la biblioteca personal de Joan Miró.

Tras ese acertado preámbulo, la muestra se articula en cuatro ámbitos. El primero, En Caminos peligrosos, abarca una parte importante de la década de los 20. Esa selección de piezas es un reflejo de cómo Miró se acercaba al modo de creación de los poetas y su modo de abordar esos textos con sus imágenes. Destacan el primer libro ilustrado que hizo en 1928 con Lise Hirtz, Érase una urraquita, y una serie de óleos de los años 20 donde predomina el color azul, quizá no sólo una elección cromática sino también un homenaje a Ruben Darío, en esa delgada línea creativa del pintor-poeta. Es un tipo de pintura en la que sobrevuela la escritura automática preconizada por André Breton. Y precisamente el color azul, tan asociado a la mística, al sueño, al cielo y a las profundidades marinas, es el hilo conductor de esas composiciones en las que late la poesía: Pintura(mujer, tallo, corazón), 1925; y La siesta, una obra de 1925 en la que medita sobre la desnudez de la pintura y define un universo plástico propio.

La segunda parte, El trazo como escritura y reescritura, incluye una obra comenzada en 1925 y concluida en 1960, La golondrina deslumbrada por el brillo de la pupila roja, un óleo en formato grande, que permite admirar sus gustos e intereses personales tanto en la poesía como en las artes plásticas a lo largo de varias décadas. En los años 20 y treinta Miró dibujó mucho y escribió poemas influidos por el surrealismo como podemos constatar en un proyecto de 1971, aunque gestado años antes, El lagarto de las plumas de oro, donde se recogen sus versos en francés y los dibujos que él mismo hizo, con sus círculos, estrellas y constelaciones, entre otras formas mironianas.

Y también su gusto por la grafía, siempre con ese trazo suelto que definió un lenguaje visual leve y rotundo a la vez, visible en Escritura sobre fondo rojo, 1960; en su aportación gráfica al texto de Tristan Tzara, Hablar solo, 1848-1950; o ese largo acompañamiento a un libro de Paul Éluard, A toda prueba, publicado en 1958, seis años después de la muerte del poeta francés. La mirada de Miró no solo quería ilustrar los poemas sino que quería trascenderlos con la expansión poética de su pincelada.

En ese progresivo juego lúdico que caracterizó la trayectoria de Joan Miró se enmarca Palabras encadenadas, letras en libertad, tercera parte de la muestra. Coincide con el período del fin de los años 60 del pasado siglo, y en esa década dispuso letras y cifras esparcidas sobre fondos de colores vaporosos que recuerdan a algunas composiciones de los años 20, referidas anteriormente. Sus Letras y cifras atraídas por una chispa IV y VI pueden ser dos buenos ejemplos de ello.

Miró recuperó a comienzos de los años 70 a Ubú, uno de los personajes de su admirado Alfred Jarry, y realizó dos libros en los que el pintor catalán recopiló una serie de frases populares mallorquinas o dotar de peculiares personajes tanto en La infancia de Ubú (1975) y Ubú en las Baleares (1971), en los que fluía la ironía, los juegos de palabras y los múltiples sentidos de los versos. Y no conviene olvidar su colaboración con Joan Brossa, una edición de 1978, titulada Tres Joans. Homenaje a Joan Prats, en los que ambos creadores llegaron a desafiar la configuración del texto y su relación con la ilustración; así como esos dibujos de los años 60 que sirvieron como preparatorios para Poema de amor.

Y por último, De la poesía al poema, que aglutina algunas obras que revelan  cómo nuevamente Miró enfocó la poesía desde la pintura. Y así nuestros ojos se fijan en Poème III (1968), tercero de un tríptico del mismo nombre, en el que Miró sitúa una estrella azul, un grafismo ondulante, una especie de ovillo rojo y dos letras M y A, recordándonos que una pintura puede ser literalmente un poema; Poema a la gloria de las chispas (1969); un proyecto editorial junto a Jacques Prévert, Adonides, (Flores de adonis, 1975), editado por Maeght en París; y Cántico del sol, de San Francisco de Asís, donde lo místico se une con lo terrenal, resumiendo los polos opuestos por los que transitó la obra de Miró.

La Fundación Mapfre ha editado un catálogo con el concepto de libro de artista porque no solo reproduce las obras expuestas, sino que está concebido como un poemario en el que se establece un diálogo entre la plástica de Miró y los versos de los poetas presentes en la muestra. Además recoge textos del comisario Carlos Martín y de Rosa María Malet, especialista en su obra y directora durante casi cuatro décadas de la Fundació Miró de Barcleona (1980-2017), que hace un recorrido por la labor de Miró como ilustrador.

Complementariamente se puede volver a contemplar el Espacio Miró, un conjunto de pinturas tardías de Miró y alguna de Calder que llevan expuestas casi cinco años gracias a un préstamo temporal y que pronto dejarán la instalación de la Fundación Mapfre. Los visitantes, gracias a unas audioguías, pueden recorrer la muestra y disfrutar de las obras con los comentarios didácticos habituales y a la vez escuchar la voz de diez poetas actuales en lengua española y catalana que han creado poemas inspirados en las obras presentes: Luisa Castro, Alberto Chessa, Antonio Colinas, Miquel de Palop, Olvido García Valdés, Darío Jaramillo, Sandra Loenzo, Juan Carlos Mestre, Julia Piera y Cristina Peri Rossi.

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