Pedagogías de guerra: una mirada íntima al conflicto desde la infancia
El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y TBA21 presentan hasta el 21 de junio ‘Pedagogías de guerra: recorridos nocturnos’. La muestra ofrece una visión cercana desde el punto de vista de la niñez, donde varias historias visuales recorren temas como la instrucción militar, la memoria y la idea de ausencia o presencia.
Comisariada por Chus Martínez, la exposición reúne el trabajo del dúo de artistas ucranianos Roman Khimei y Yarema Malashchuk, creadores emergentes de una renovada generación de videoartistas que exploran la guerra desde lo íntimo, lo cotidiano y lo afectivo haciendo uso de la memoria desbloqueada.
Lejos de una representación frontal del conflicto, Pedagogías de guerra articula una serie de narrativas visuales en las que la ambigüedad entre ausencia/presencia se convierte en eje central.
El recorrido genera una sensación de cercanía casi incómoda, una abertura hacia fragmentos de cotidianidad hoy prácticamente extintos en el imaginario colectivo, pero todavía reconocibles.
«El Caminante» abre con imágenes de soldados rusos caídos en combate. Este gesto, según el texto curatorial, en una decisión ética que busca desplazar el discurso dominante de la revictimización del pueblo ucraniano, para cuestionar el papel de los medios de comunicación en la construcción de narrativas sesgadas de la guerra. El arte funciona aquí como contrapeso al fotoperiodismo sensacionalista, invitando a una lectura más compleja del conflicto.
En el segundo apartado, titulado «Mundo abierto», dos pantallas articulan una de las piezas centrales de la muestra. En la más pequeña, un joven desplazado por la violencia narra lo que observa a través de un perro robot —habitualmente utilizado en entrenamientos militares— que aquí se transforma en una suerte de videojuego inmersivo.
Durante aproximadamente 20 minutos, el animal artificial recorre el interior de su antigua casa, donde aparecen fotografías de su vida antes del desplazamiento, y luego recorre los alrededores de su colegio, entrando en aulas hoy vacías.
En el trayecto interactúa con distintos seres vivos —niños, animales, incluso serpientes— mientras, en segundo plano, se escuchan las bombas caer. La obra captura en tiempo real las reacciones de la memoria: recuerdos que se activan, se desbloquean o se superponen al presente.
La última sala se sitúa en una fina línea entre la intimidad y la mirada voyeurista. «No deberías tener que ver esto» muestra imágenes de niños durmiendo en sus camas. Les acompaña la pieza Nosotros no empezamos esta guerra, un tríptico audiovisual que retrata un día cualquiera de invierno: personas riendo, caminando y, de manera recurrente, resbalando o cayendo sobre calles congeladas.
La repetición de estos gestos cotidianos introduce una metáfora visual de la fragilidad y la pérdida de equilibrio, tanto física como emocional.
En Pedagogías de guerra, el arte se afirma como archivo y como testigo. Los autores recurren a estrategias propias del fotorreportaje y del cine documental, pero las desplazan hacia un territorio más subjetivo e intuitivo, donde la experiencia individual se convierte en una herramienta para pensar la memoria colectiva.
Con esta exposición, TBA21 y el Thyssen-Bornemisza refuerzan su apuesta por proyectos que dialogan con los grandes conflictos contemporáneos desde lenguajes experimentales, ofreciendo una lectura crítica que interpela tanto a especialistas como a un público más amplio interesado en las relaciones entre arte, política y memoria.



