Pasiones humanas y sales de plata

Pasiones humanas y sales de plata

Javier Viver dialoga con las piezas del Museo Lázaro Galdiano en su última exposición: Museo de Pasiones.


La colaboración del Museo Lázaro Galdiano con artistas contemporáneos viene de largo. Mediante la intervención de creadores actuales consigue poner en contacto su colección, que se centra en piezas anteriores al siglo XX, con el presente. Con frecuencia, estas intervenciones se desarrollan en una sala de modestas dimensiones en la primera planta del edificio. En esta ocasión, Javier Viver ha extendido su influencia a prácticamente la totalidad del museo.

En la inauguración de la exposición, hablaron ante una abundante audiencia Carmen Espinosa, conservadora jefe del museo, y el propio autor. Ambos destacaron la importancia de esta clase de proyectos, que ejemplifican la relación y cercanía –no siempre evidentes para el gran público– entre el arte clásico y nuestra cultura contemporánea. A continuación, los asistentes se dispersaron en búsqueda de las piezas pertenecientes a la exposición, cuyo descubrimiento era recibido con expresiones de sorpresa.

El artista, definido en ocasiones como escultor imaginero, dedica también sus esfuerzos a la fotografía y la edición de libros de artista, fundamentalmente en la variedad de fotolibros. En esta muestra combina varios proyectos desarrollados en el pasado junto con obras de nueva producción.

El hilo conductor son las pasiones humanas, para cuya narración se sirve tanto de obras de la colección como de fotografías documentales salidas de sus libros Révélations –Premio Nacional al Mejor libro de Arte de 2015, donde recoge los registros fotográficos del psiquiátrico parisino de la Salpêtrière–, Aurelia Inmortal  –que gira en torno a dicha especie de medusa, considerada biológicamente inmortal– y Cristos y Anticristos (un evangelio de 1930 ilustrado con imágenes de la Guerra Civil relacionadas con la profanación religiosa, de próxima publicación). Este relato se completa con instalaciones escultóricas centradas en la figura humana, fundamentalmente en el personaje bíblico de Edit, mujer de Lot.

Renderizado del proyecto "La mujer de Lot" en la sala 12 del Museo Lázaro Galdiano.
Renderización del proyecto "Un corazón que late" en la Capilla de los Arquitectos de la Iglesia de San Sebastián.
Javier Viver, La mujer de Lot, Sal de roca y madera.

La pieza principal, de seis metros de altura, observa a los visitantes desde el vestíbulo de la que fue la residencia de Galdiano. Se inspira en un grabado del Liber Chronicarum, del que el museo conserva un ejemplar, donde se ilustra la historia de Edit que, tras haber abandonado Sodoma, fue convertida en estatua de sal por desobedecer el mandato divino de no mirar atrás.

Su materialidad –la escultura está realizada con sal consolidada– es una referencia directa al nombre del psiquiátrico de la Salpêtrière, que significa en francés sal de roca. Según expresa Viver, la alusión se extiende más allá, ya que todos los recuerdos del hospital francés se vieron fijados con sales de plata (un componente fundamental de la fotografía primitiva).

En otras salas encontramos reproducciones de la misma escultura de menor tamaño, ya sea en relación con el ya mencionado ejemplar del Liber Chronicarum o con Vírgenes talladas en marfil. Otra de ellas, esta de tamaño natural, podrá encontrarse en la segunda sede de la exposición, que se inaugurará el próximo 13 de febrero, en la Capilla de los Arquitectos de la Iglesia de San Sebastián. La instalación en este segundo espacio se titula Un corazón que late y se completa con unos grandes murales, que ocupan los huecos  frontales y laterales de la capilla.

Las otras dos figuras que establecen una relación más llamativa con su entorno son una orante desnuda, que alza su mirada hacia una pintura de la Inmaculada Concepción del siglo XVII, y otra figura femenina cubierta parcialmente por armaduras pertenecientes a la colección del museo.

En cuanto a la parte fotográfica, el autor se sirve de la curiosa metodología que se siguió en la Saltpêtrière para retratar a los internos y reproducir sus aflicciones. Los responsables del proyecto a finales del siglo XIX se valieron de la iconografía que se había utilizado durante siglos, en la pintura y escultura, para ejemplificar el arrebato místico y la exacerbada devoción de los santos. A este chocante paralelismo se suma el juego escenográfico de Viver que, en ocasiones, nos señala claramente hacia donde se debe dirigir el foco de nuestra atención, mientras que en otras, camufla su intervención para que el visitante se vea sorprendido.

Este recorrido por las luces y las sombras de la naturaleza humana podrá visitarse en ambas sedes hasta el 4 de mayo. Además, se han organizado actividades paralelas para los dos espacios, donde destaca el ciclo de conciertos de música sacra contemporánea en la Capilla de los Arquitectos.