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Orsola Maddalena Caccia, una pintora barroca para el Metropolitan de Nueva York

El museo neoyorquino recibió el pasado 2020 una importe donación de obras de arte del empresario americano Errol M. Rudman, fallecido en 2019. De ellas, ponemos el foco en tres lienzos de la pintora y monja italiana Orsola Maddalena Caccia por lo que supone de novedad dentro del panorama de artistas “redescubiertas” en los últimos tiempos.


La historia de Orsola Maddalena Caccia (Moncalvo, 1596-1676) es afín a la de otras tantas pintoras sobre las que se ha puesto el foco en las últimas décadas. Si hay que hablar de su “redescubrimiento” como tal, hay que remontarse al Dictionary of Painters and Engravers de Michael Bryan de 1886, aunque en puridad su gran presentación al público se produjo en la exposición monográfica que le dedicó Alberto Cotino en 2012 en el Castello di Miradolo (San Secondo di Pinerolo, Italia).

Ahora vuelve a estar de actualidad al conocerse la donación que el año pasado realizó el empresario Errol M. Rudman al Metropolitan de Nueva York, que poseía, entre otras muchas pinturas y dibujos, dos bodegones y una escena religiosa. Los dos primeros, Bodegón con frutas y flores y Flores en una jarra de grutescos, habían sido adquiridos a un anticuario milanés entre 1995 y 1996, mientras que la Virgen con el Niño y san Juanito la compró en Sotheby’s Nueva York en 1998 procedente de una colección particular. Su sobresaliente calidad los ha puesto, como no podía ser de otra manera, en el foco mediático de la Historia del Arte.

La vida de nuestra protagonista arranca en la localidad italiana de Moncalvo en 1596. Hija del también pintor Guglielmo Caccia (1568-1625), en 1620 ingresó en el convento de ursulinas de Bianzè (Piamonte), aunque pronto pasó, junto a sus hermanas, a otro cenobio de la misma orden fundado por su padre en su ciudad natal. Orsola, que se había formado como pintora en el taller de su padre –algo habitual en la época– creó un taller de pintura en el convento de Moncalvo. Sus pinturas, escenas religiosas y bodegones, sirvieron para atraer fondos al convento a fin de sostenerlo, de ahí que recibiera numerosos encargos dentro y fuera de su región.

Son precisamente sus bodegones lo más valorado de su producción y por lo que la monja pintora adquirió fama, primero en vida, y, en los últimos tiempos, en el mercado del arte. Como ha puesto de manifiesto muy recientemente Sarah Cascone en Artnet, en las últimas décadas han sido varias las pinturas, especialmente los susodichos bodegones, las que han aparecido en el mercado internacional. De todos ellos, fue su Naturaleza muerta con pájaros subastada en Sotheby’s Nueva York en mayo del año pasado la que supuso un punto de inflexión en su valoración al alcanzar los 264,350 dólares de remate, una cifra 14 veces superior a su precio de salida.

Con estas pinturas se amplía por tanto el rango de conocimiento de muchas artistas del Barroco europeo como Margaretha Haverman (hacia 1693-hacia 1739), Rosalba Carriera (1673-1757) o la escultora española Luisa Roldán (1652-1706), sobre las que el Metropolitan Museum ha decidido poner el foco para adquirir piezas suyas para dar luz a sus creadoras y a su magníficas obras de arte.

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