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¿Original o copia decimonónica? He ahí la cuestión

El pasado 27 de septiembre, la madrileña casa de subastas Durán sacaba a la venta, en el lote número 72, un óleo sobre lienzo (98×68 cm) con el tema de la Piedad. Lo catalogaba como copia decimonónica de un original flamenco y proponía un precio de salida de 1.500 euros. Hasta aquí todo normal, sobre todo teniendo en cuenta que un original de finales del siglo XV o principios del XVI debería estar, en principio, pintado sobre tabla.

Pero como a veces las cosas no son como parecen, ese mismo día un portal web se hacía eco de esta pintura con un sugerente titular que aquí traducimos al español: “Perdido y encontrado: ¿Podría ser este el original perdido de Quentin Massys conocido a través de copias?” (ver aquí). Su autor, después de compararlo con varias copias de un supuesto original perdido y que ilustra abundantemente, llamaba la atención sobre la calidad de la pieza y planteaba la posibilidad de que se tratase de una pieza autógrafa de Massys.

Obviamente, el mayor problema es el del soporte, pues efectivamente el cuadro subastado por Durán está, hoy, sobre lienzo y no sobre tabla como el resto de obras del artista flamenco Quentin Massys (Lovaina, hacia 1460-1530). Y decimos “hoy”, porque una vez más, el autor achaca a este detalle el hecho de que haya pasado por copia un posible original de principios del XVI. La razón que esgrime es sencilla, pues aprecia que la Piedad estuvo casi con toda seguridad pintada en origen sobre tabla, y que fue transferida a lienzo en el siglo XIX. Da explicación así a algunas particularidades técnicas de la pintura que aprecia en las fotografías. Estas también explican, a su juicio, que se rematase en 110.000 euros, una cifra elevada para una simple copia.

Más allá de si está o no en lo cierto, asunto que sólo podrá resolverse realizando a la obra los correspondientes análisis técnicos, lo cierto es que la noticia pone de relieve un asunto que, aún hoy, es relativamente poco conocido. Y no es otro que el hecho de que durante el siglo XIX, muchas pinturas sobre tabla fueron transferidas a otros soportes para su mejor conservación. Es lo que ocurrió con una conocidísima obra, el Pasmo de Sicilia de Rafael del Museo del Prado, cuyo soporte fue modificado en Francia tras ser sustraída de las colecciones reales por José Bonaparte. Pero no hay que irse tan lejos en el tiempo, pues tenemos otro ejemplo que publicamos en Ars Magazine recientemente, el Calvario de Juan de Juanes del Monasterio de Poblet (ver aquí). Ahora sólo queda esperar y que el tiempo, y sobre todo, los estudios técnicos, revelen la verdadera edad de la pintura. Sólo así se comprobará también si su anónimo comprador se hizo, o no, con una joya del primer renacimiento nórdico.

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