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 MURILLO Y SU ESTELA EN EL ESPACIO SANTA CLARA DE SEVILLA

Poco a poco vamos conociendo las grandes exposiciones en torno al año Murillo. Si la semana pasada se inauguraba en el Museo de Bellas Artes de la capital hispalense la dedicada a las pinturas de los Capuchinos de Sevilla (ver link aquí), ahora le toca el turno al espacio Santa Clara. Bajo el título Murillo y su estela, el profesor Benito Navarrete, comisario de la misma, reúne un total de 62 piezas entre cuadros, estampas, esculturas y fotografías. Su objetivo, adentrarse en la maestría del genial pintor sevillano y ahondar en la influencia ejercida por él en los artistas de las siguientes generaciones.

La lista de prestadores no deja indiferente y refleja la ambición con la que la exposición se presenta frente al público. Instituciones nacionales de primer nivel como el Museo Nacional del Prado, Patrimonio Nacional, la Biblioteca Nacional de España o el Museo Thyssen, comparten escenario con los privados ­–algunos tan destacados como los herederos de los duques de Montpensier– y otros tantos extranjeros, siendo tal vez una de los más celebrados el de la Pinacoteca Palatina de Florencia. Así hasta un total de 33 prestadores, gracias a los cuales han vuelto a Sevilla lienzos tan excepcionales como La Virgen de la Faja (Zúrich, colección particular) o La Virgen con el Niño de la ya mencionada Pinacoteca Palatina. La primera perteneció al canónigo de la catedral Juan Federighi y, ya en el siglo XIX, al conde del Águila (1837), de quien pasaría al rey francés Luis Felipe, que la exhibió en su célebre galería en el Louvre hasta su venta en 1853. Entonces la compraría su hijo, el duque de Montpensier, gracias al cual volvió a Sevilla para adornar su palacio de San Telmo. Tras su muerte comenzó un periplo por colecciones particulares fuera de nuestro país que dura hasta la actualidad. En cuanto a la Virgen de Florencia, parece proceder del convento del Carmen Calzado de Sevilla, aunque la primera vez que se documenta es en Roma en 1822, cuando el pintor Fedele Acciaj lo vende al gran duque de Toscana Fernando III de Lorena para su galería del Palazzo Pitti donde aún hoy se conserva.

El éxito de las composiciones de Murillo se manifiesta más allá de los artista sevillanos que lo circundaron. El coleccionismo de sus pinturas en España tuvo un gran impulso a partir de la llegada de Isabel de Farnesio –segunda esposa de Felipe V– al trono, especialmente tras el lustro que pasó la real pareja en Sevilla entre 1729 y 1733. Así lo testimonian los préstamos del Museo del Prado y de Patrimonio Nacional, con obras tan señeras como Los Niños de la Concha o la Inmaculada Concepción llamada de Aranjuez. Esta última es fruto de la pasión coleccionista de Carlos IV, que la compró en las últimas décadas de XVIII para sus habitaciones del Palacio Real de Madrid, aunque pronto la trasladaría a su real sitio preferido, Aranjuez, de ahí su nombre. A Este periodo también corresponden algunas de las estampas prestadas por la Biblioteca Nacional y que ilustran los cuadros que en ese momento formaban parte de la colección real española.

Muy representativos del enorme influjo de Murillo en la pintura andaluza lo encontramos no sólo en sus Inmaculadas, tan repetidas a partir de entonces, sino también en sus retratos y en la forma de presentarlos ante su clientela, con los efigiados insertos en orlas. Buen ejemplo de ello es el del Caballero de la familia Mendoza y de la Vega de Alonso Miguel Tovar, fechado en 1711 y que ha sido prestado por el Museum of Art de Rhode Island (Providence, USA). Pero también se ahonda en la formación del Murillo retratista a través de la copia anónima, hoy propiedad del Ayuntamiento de Sevilla, de la réplica que este hizo del original del Venerable Fernando de Contreras de Luis de Vargas que posee la catedral hispalense.

Y como toda estela de fama, la de Murillo en la pintura costumbrista en la Sevilla romántica no podía dejar de estar presente en la exposición. Así lo demuestran los pinceles de Manuel Cabral Bejarano del Museo de Cádiz, donde podemos contemplar La caída de Murillo que le causó la muerte; o el lienzo La temprana carrera de Murillo de John Philip (1865) propiedad del coleccionista Juan Antonio Pérez Simón. No pueden olvidarse de este momento las primeras fotografías que se hicieron a sus pinturas, como las que hoy poseen los herederos de los duques de Montpensier –entre ellas, la albúmina en la que se ve La Virgen de la Faja cuando estaba en el palacio de San Telmo– en los albores de un género que estaba naciendo en esos mismos momentos.

Una muestra, en suma, que no pueden perderse y que permanecerá abierta desde hoy hasta el próximo 8 de abril de 2018.

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