Marcel Duchamp en 360º: del antiartista al creador total

Marcel Duchamp en 360º: del antiartista al creador total

Una nueva colaboración entre el MoMA y el Museo de Arte de Filadelfia busca redescubrir la esencia del creador francés, abarcando seis décadas de su trayectoria. Hasta el 22 de agosto se podrá disfrutar en el museo neoyorquino de una colección que incluye pinturas, esculturas, dibujos, fotografías e impresiones.

Nueva York se dispone, una vez más, a redescubrir a Marcel Duchamp. Se trata de la primera gran revisión de su trabajo en Estados Unidos desde 1973, cuando el Museo de Arte Moderno (MoMA) y Museo de Arte de Filadelfia coorganizaron una exhibición cinco años después de la muerte del artista francés.

La ambiciosa retrospectiva que vuelve a acoger el museo neoyorquino reúne alrededor de 300 obras, un dato que, por sí solo, evidencia la magnitud del acontecimiento. La muestra aspira a ordenar un legado complejo, ofreciendo una visión panorámica de 360º de su producción creativa en todos los medios, desde 1900 hasta 1968.

Inicio de la exposición 'Marcel Duchamp' en el MoMA. ©Museum of Modern Art, Nueva York.

Esta idea de totalidad está presente desde el principio del recorrido, pues se introduce la muestra con Five-Way Portrait of Marcel Duchamp (1917), un retrato múltiple en blanco y negro de gran formato que permite observar al creador francés desde distintos puntos de vista. Al mismo tiempo, la figura repetida parece analizarse, debatirse y contradecirse, evocando una de sus reflexiones: “Me he obligado a contradecirme para evitar conformarme con mi propio gusto”.

Conocemos al Duchamp de Desnudo bajando una escalera n.º2 (1912) y el revuelo que causó su presentación en el Armory Show de Nueva York en 1913; también el escándalo de Fuente (1917), un urinario de producción en masa colocado de lado que todavía hoy causa dolor de cabeza a más de uno; o la complejidad de La novia desnuda por sus solteros, mismamente, conocida como El gran vidrio (1923), como para poner a una mayoría de acuerdo. No obstante, esto apenas es un pobre prólogo para introducirse en su figura.

Vista de sala de la exposición 'Marcel Duchamp' en el MoMA. ©Museum of Modern Art, Nueva York.

Al cruzar el umbral del retrato múltiple, la exposición da la bienvenida al espectador con un fondo verde que simula la frondosa vegetación de un jardín en Puteaux, a las afueras de París. El follaje envuelve a cuatro figuras: dos hombres que juegan al ajedrez, una mujer pensativa que juguetea con una tetera y otra recostada sobre la hierba.

Podríamos atribuir la escena a un postimpresionista como Paul Cézanne, pero Partida de ajedrez (1910) es obra de un Duchamp de 23 años que retrata a sus dos hermanos mayores, los artistas Jacques Villon y Raymond Duchamp-Villon, junto a sus esposas, Gaby e Yvonne.

El cuadro sirve de eje central a las galerías iniciales, que se centran en las primeras pinturas y dibujos e incluyen las ilustraciones realizadas para publicaciones satíricas parisinas.

Organizada cronológicamente para explorar su evolución artística, vemos cómo en pocos años –de 1907 a 1912– pasa con rapidez por todos los movimientos artísticos del momento: impresionismo, fauvismo, simbolismo y cubismo, aunque incorporando en todos los casos variantes personales.

El desnudo femenino se convierte muy pronto en uno de sus principales focos de interés. En la exhibición se presenta un pequeño grabado para ilustrar el menú de la cena de Nochebuena de 1907, que muestra a una mujer desnuda encima de una copa mientras bebe de una botella.

Entre 1907 y 1908 se datan otros dos dibujos de desnudos femeninos situados sobre escaleras, obras que anticipan una de sus pinturas más representativas y que ya hemos mencionado aquí. A estos le seguirían otros como Retrato de Dulcinea, donde la imagen de una mujer cinco veces repetida experimenta un progresivo proceso de desnudamiento.

Vista de sala de la exposición 'Marcel Duchamp' en el MoMA. ©Museum of Modern Art, Nueva York.
Vista de sala de la exposición 'Marcel Duchamp' en el MoMA. ©Museum of Modern Art, Nueva York.

En una entrevista para Vogue publicada en 1963, Duchamp dice: “El pintar era solo un instrumento. Un puente para llevarme a otro sitio. Adónde, no sé. No lo podría saber porque sería tan revolucionario en esencia que no se podría formular”.

En 1913, el creador ensambló en su estudio una rueda de bicicleta, con el eje invertido, sobre el asiento de un taburete de cocina. En esa unión los dos objetos pierden su función original: la rueda deja de deslizarse sobre una superficie y el taburete ya no sirve para sentarse.

Nacía así un tipo de actuación plástica que recibiría dos años más tarde, en Nueva York, el nombre de ready-made, con el que Duchamp cuestionaba los límites del arte.

Consiste en escoger un objeto, pero uno que no signifique nada para el artista, que carezca de interés o significado en el momento de su elección y no pueda llegar a tenerlo en el futuro.

El poeta y ensayista mexicano Octavio Paz, uno de los estudiosos y admiradores del pintor francés, explica que “esta elección se basaba en una reacción de indiferencia visual”. Además, argumenta que su postura de indiferencia e ironía no tenía por objeto la mera destrucción del arte. Más bien empujó el arte hasta sus límites, sin destruirlo.

En el corazón de la muestra se sitúa Caja en una maleta (1935-1941), una colección portátil que reproduce en miniatura su obra completa hasta la fecha. Su existencia evidencia la preocupación por reunir y concentrar todas sus creaciones, que acompañó al artista toda su vida.

En 1955 le dijo al conservador estadounidense James Johnson Sweeney: “Lo peligroso es estar siempre gustando al público más inmediato que te rodea, te acoge, te acaba consagrando y te confiere un éxito y… lo demás. Al contrario, quizás haya que esperar cincuenta o cien años para alcanzar a tu verdadero público, pero ese es el único que me interesa”.

Esta gran retrospectiva que le dedica el MoMA, cincuenta años después de su última exposición en Estados Unidos, parece confirmar la intuición que expresó en la mencionada cita. Medio siglo después, una nueva generación de espectadores se enfrenta a su obra y puede que sea el público que Duchamp ha estado esperando desde entonces. Nerea Méndez Pérez

Vista de sala de la exposición 'Marcel Duchamp' en el MoMA. ©Museum of Modern Art, Nueva York.