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Manuel Arias, nuevo conservador de Escultura del Prado

Doctor en Historia del Arte y Académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de Valladolid, ha desempeñado el cargo de subdirector del Museo Nacional de Escultura durante los últimos 28 años. A partir del 1 de junio se incorporará a la pinacoteca madrileña, tras haber superado el proceso de selección abierto por el museo a principios de año.


El mes de enero el Museo Nacional del Prado abrió un proceso de selección para cubrir su puesto vacante en el departamento de Escultura, cuya resolución final se ha publicado la semana pasada. La persona que ha obtenido mayor puntuación ha sido Manuel Arias, por eso el 6 de mayo Marina Chinchilla firmaba el documento por el que se procedía a adjudicar la plaza al hasta ahora subdirector del Museo de Escultura de Valladolid.

Lo cierto es que desde abril se escuchaba su nombre por los pasillos de la pinacoteca, después de que Andrés Úbeda, Presidente del Órgano de Selección, elevase la propuesta de Arias. El historiador de Astorga se muestra satisfecho con su nuevo nombramiento y confiesa a ARS que le gustaría “arrimar el hombro para que la escultura, que tan bien representada está en las colecciones del Prado y que vive un momento tan interesante, tenga la repercusión que merece”.

Doctor en Historia del Arte y miembro del Cuerpo Facultativo de Conservadores desde 1992, es además Académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de Valladolid desde 2008. Ha centrado sus estudios en la escultura del Renacimiento y el Barroco, con especial atención a Juan de Juni y Alonso Berruguete, entre otros autores. Precisamente de este último publicó la monográfica subtitulada Prometeo de la escultura (2011).

En 1993 fue nombrado subdirector del Museo Nacional de Escultura y allí ha permanecido hasta ahora. Durante este tiempo ha tenido oportunidad de estudiar bien las colecciones vallisoletanas y comisariar diversos proyectos, como por ejemplo Hijo del Laocoonte. Alonso Berruguete y la Antigüedad pagana (2017). “Me voy de un museo muy diferente al que llegué en lo que se refiere al conocimiento de los fondos y a su presentación. Eso es una satisfacción”, explica.

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«Lo único que pretendo es emplear mi bagaje y mi formación al servicio de la institución y de sus directrices de trabajo, seguir haciendo los fondos más accesibles y buscar todos los mecanismos para ello» 

Por eso, casi tres décadas después se marcha algo apenado, a la vez que ilusionado ante su nueva etapa. “Creo que los cambios siempre son estimulantes, aunque lógicamente sienta dejar el lugar en el que ha transcurrido mi vida profesional. La escultura tiene muchos matices y ofrece muchas posibilidades, de manera que trabajar sobre otra colección diferente puede ayudar a generar ideas nuevas”.

Lo cierto es que la del Prado no es una ‘colección diferente’ sino mayúscula. “Es un escenario maravilloso y un altavoz del mundo del arte donde resuena todo lo que se aborda. Un espacio que está siempre activo, donde las iniciativas tienen una repercusión global. Los conservadores debemos estudiar y difundir las colecciones, acercarlas al público utilizando todos los medios posibles. Lo único que pretendo es emplear mi bagaje y mi formación al servicio de la institución y de sus directrices de trabajo, seguir haciendo los fondos más accesibles y buscar todos los mecanismos para ello. Al final este proceso es una secuencia donde todos debemos ir sumando esfuerzos, una cadena que tiene que prolongarse”. Sol G. Moreno

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