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La transformación de Madrid ‘capturada’ por Clifford


Hasta el 13 de febrero de 2022 puede verse en la Fundación Canal de Isabel II la exposición Clifford. Vistas del Madrid de Isabel II, comisariada por Javier Ortiz-Echagüe, que reúne cerca de un centenar de fotografías de Charles Clifford sobre la evolución de Madrid a mediados del siglo XIX, un período de modernización de la ciudad caracterizado por la construcción de grandes obras civiles.

Charles Clifford (Gales, 1820- Madrid, 1863) fue uno de los grandes fotógrafos extranjeros junto a Jean Laurent en el siglo XIX. Vivió en Madrid entre 1850 y 1863, ciudad en la que mantuvo un estudio de retrato pero donde también emprendió un proyecto ambicioso para documentar y fijar para la posteridad  una serie de monumentos históricos en diferentes lugares de la geografía española, apoyado por las reinas Isabel II de España o Victoria de Inglaterra, o de mecenas como los Montpensier, los Osuna, e incluso por la Escuela Especial de Arquitectura recién creada en esos años.

La muestra no pretende ser una antológica de Charles Clifford sino mostrar cómo a través de su lente fijó, entre otros temas, el gran proyecto de ingeniería que supuso la construcción del Canal de Isabel II, que simboliza el proceso de transformación que tuvieron varias ciudades españolas, entre ellas Madrid porque las imágenes revelan una capital que estaba atrasada en numerosos aspectos pero que iba a iniciar una evolución que la conduciría al siglo XX.

A través de esa selección de casi un centenar de imágenes realizada por el comisario, procedentes de Patrimonio Nacional, la Biblioteca Nacional, la Real Academia de Bellas Artes de san Fernando  y de otras colecciones, la muestra se estructura en cuatro apartados: Los placeres de la fotografía, El viejo y el nuevo Madrid, Al servicio de la monarquía y La construcción del Canal de Isabel II: una obra digna de romanos.

A lo largo de su trayectoria fue un fotógrafo muy atento a las últimas innovaciones fotográficas de su tiempo que se estaban desarrollando en otros  países europeos: Alemania, Francia y Reino Unido. Empezó con el daguerrotipo, más tarde con el calotipo en 1852, ya en España, y cuatro años más tarde empezó a fotografiar usando el coludión húmedo, una especie de barniz que se vertía de forma líquida en las placas de vidrio y eso le permitía imágenes de gran nitidez como las que se pueden ver en la muestra.

La primera parte, los placeres de la fotografía, reúne algunos objetos y grabados que ilustran su procedimiento de trabajo para entender mejor las fotografías resultantes. Dos cámaras fotográficas de la época, materiales y soportes utilizados para el revelado, así como el libro Photographic Pleasures que narra la labor de los fotógrafos de mediados del siglo XIX  ilustran esta sección.

A Charles Clifford le sorprendió Madrid por su viveza y por ello su intención fue captar con sus cámaras  el progreso, el desarrollo y el futuro. Puso en su foco el interés por reflejar el espíritu de una ciudad que aspiraba a formar parte de las capitales europeas con esa mirada al Madrid de Carlos III, desde la Puerta de Alcalá al Salón del Prado. Y la evolución de edificios como el Museo del Prado o el Observatorio Astronómico de Juan de Villanueva, entre otros.

El tercer ámbito, titulado Al servicio de la Monarquía, incluye el acercamiento de Clifford a la reina Isabel II en 1952, a través de un pequeño álbum que le regaló a la reina con motivo de la presentación de su primogénita, la infanta Isabel, ante la Virgen de Atocha, que recogía  siete fotografías que documentan los monumentos erigidos a lo largo del recorrido de la comitiva: el Palacio Real, Arco de la Villa, Monumento de la Puerta del Sol, Castillo de Ingenieros, Monumento del Prado, Congreso de los Diputados y Arco del Congreso.

Por ultimo, La construcción del Canal de Isabel II: una obra digna de romanos,  que revela su pericia para fotografiar este gran proyecto de ingeniería civil, el más importante a nivel internacional de la época, que abastecería de agua a la ciudad de Madrid. El fotógrafo galés dejó para la posteridad una larga secuencia, desde el comienzo en el Pontón de la Oliva hasta llegar a los depósitos de agua, situados en la calle de Bravo Murillo. El recorrido acaba en la gran fuente que se inauguró en 1858 entre la glorieta de San Bernardo y la Iglesia de Montserrat y que dos años después se trasladó a la Puerta del Sol. Fue un proyecto de envergadura para canalizar agua durante más de 68 km agua y llevarla al centro de Madrid.

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