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La poética del objeto en las esculturas de Miró


La Fundación Botín presenta en su nuevo centro de Santander una mirada exhaustiva de los 50 años de evolución en la escultura de Joan Miró. Se podrá visitar desde hoy hasta el 2 de septiembre.


Con 94 piezas, 26 dibujos y 32 fotografías la muestra explica ampliamente el proceso creativo del artista catalán inspirado en “ocultar los objetos para dejar ver la poesía” en palabras de la experta y co-comisaria Mª José Salazar.

Joan Miró recopilaba elementos que se encontraba en sus paseos por el campo, luego iba a su estudio, los ensamblaba y los transformaba en piezas artísticas. Esta es la identidad de su trabajo escultórico, la libertad y la poesía fueron la esencia de todas sus creaciones.

“Todos los días paseaba al aire libre y recopilaba todo aquello que le atraía, lo llevaba al estudio, hacía un boceto y lo metía todo en una caja entre paja para enviarlo al taller de fundición”, explicaba Joan Punyet Miró nieto del artista y comisario de la muestra. “Su creatividad se nutría de la naturaleza. Una vez en una comida familiar se guardó un hueso de pollo de la paella que estábamos comiendo”, recordaba entre risas.

La exhibición incluye numerosas vitrinas donde se guardan estos mismos objetos por los que el artista sentía un flechazo estético, que después ensamblaba y convertía al bronce. Los tenía todos en su estudio, como si de una biblioteca se tratara. Su mujer le prohibió meterlos en casa. Cuando le preguntaban, ella decía con ironía “¡Mi marido no es artista, es chatarrero!”.

La mayoría de las piezas provienen de la colección privada de la familia Miró, de la Fundació Miró de Barcelona y de la Fundació Pilar i Joan Miró de Mallorca, además de otras cedidas por instituciones internacionales, entre las que destacan el MoMA de Nueva York, The Pierre and Tana Matisse Foundation de Nueva York, la Fondation Maeght de Saint-Paul-de -Vence y la Galerie Lelong de París; así como el Museo Reina Sofía, la Fundación “La Caixa” o el Gobierno de las Islas Baleares.

En la muestra se reconocen los momentos clave en la evolución del artista. Se puede contemplar desde la primera obra en París hasta la última que hizo en los 90 años, a partir de una servilleta que se llevó del antiguo restaurante La Puñalada.

Durante el recorrido, el visitante descubre que Miró experimentaba constantemente a través de la escultura y siempre escondía en todas ellas un mensaje poético-alegórico. Destaca especialmente su concepción de la mujer, relacionada directamente con la vida, el amor, la naturaleza y el núcleo familiar.

El proyecto se cierra con una representación de la última etapa creativa, donde el color era un elemento del que el bronce no podía prescindir.

El objetivo de Miró era ser todo menos repetitivo y previsible. Acabó siendo la quinta esencia de la poética surrealista, configurando un lenguaje escultórico libre y universal.

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